Verónica Barboza, parte del equipo de la organización de la sociedad civil Proyecto Mujeres, conversó De Primera Mano en el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer.
La activista feminista recordó que la violencia de género tiene múltiples expresiones y no se limita a la violencia física ejercida a través de golpes.
Aseguró que, la violencia física ha causado estragos enormes en nuestra sociedad, pero hay otras violencias invisibilizadas que también provocan mucho daño.
Por ejemplo, en el tema de derechos sexuales y reproductivos, el tema de la trata es algo que está presente y muchas veces no se reconoce, o en el caso del tema del embarazo adolescente, que a veces es algo que está normalizado por nuestra sociedad.
Considera que, esta normalización puede ser una respuesta a barreras ideológicas que nos impiden hablar de esto, porque de alguna manera expone que tenemos falla.
Destacó que, la migración pendular que se vive en estados fronterizos como el estado Zulia, aumenta el riesgo de niñas, adolescentes y mujeres de ser víctimas de trata.
Lamentó que, las ideologías y las simpatías partidistas, en múltiples ocasiones limiten el trabajo para el reconocimiento de la existencia de estas violencias.
Erradicar la violencia de género es responsabilidad de todos y todas
La abogada resaltó que, Venezuela cuenta con una de las legislaciones de protección a la mujer más avanzadas del mundo.
Agregó, “eso es una victoria que no solamente le corresponde al organismo legislativo sino a la sociedad civil que estuvo detrás de impulsar esa ley que salió por primera vez en 2007 y que en 2021 tuvo una reforma”.
Barboza dijo a Radio Fe y Alegría Noticias que, considera importante asumir que la defensa de ese entramado legislativo es tarea de todos y de todas.
Expresó, “si a las instituciones les toca, pero nosotros como sociedad civil y como particulares también tenemos un trabajo en hacer que esa ley cale”.
Para Verónica Barboza, es un error pensar que basta con trasladar la responsabilidad de que una ley sea más que letra muerta a la institucionalidad o a terceros.
Insiste, “en cuanto al cumplimiento de leyes tiene que haber una convicción por parte de la población de que eso que está tipificado es en efecto el deber ser”.
Esto implica, en primer lugar, asumir que el trabajo es de todos y todas y en segundo lugar reconocer que la violencia es un problema estructural.
Dice, “no es solamente el tema de la impunidad de los delitos sino también de aquellos pequeños manerismos, tradiciones que tenemos y no cuestionamos”.
Agrega, “entonces también hay que sumar un trabajo más colectivo para identificar cuáles son aquellas cosas que como sociedad pueden impulsar conductas violentas”.
Especialmente, dice, sobre elementos culturales que promueven y a veces encubren la violencia hacia la mujer.
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