Aristide Márquez, investigador del Instituto Oceanográfico de Venezuela, afirmó que la nueva apertura en la industria petrolera venezolana podría generar una “diferencia real” si implica la llegada de capital fresco y tecnología de punta.
En sus declaraciones ofrecidas al programa Háblame Bajito de Radio Fe y Alegría Noticias, Márquez sostuvo que la incorporación de tecnologías aplicadas en países desarrollados permitiría reducir fugas en tuberías, controlar emisiones y capturar gases, así como establecer protocolos de inspección en tiempo real durante los procesos de producción.
“No podemos seguir haciendo una explotación petrolera con tecnología de 30 o 40 años atrás”, señaló, aunque se mostró cauteloso y a la vez esperanzado de que esta nueva etapa implique mejoras sustanciales.
Enfatizó que deben existir mecanismos que permitan monitorear de forma inmediata posibles derrames y su impacto en los ecosistemas. Insistió en la necesidad de acceso transparente a la información, estudios de línea base ambiental y auditorías independientes y periódicas.
“La única forma de poder tener un control de que las cosas se están haciendo bien es que hayan datos”, afirmó.
Derrames petroleros golpean el ambiente, la salud y la economía
El investigador alertó que actualmente gran parte de la infraestructura petrolera, especialmente las tuberías, presenta deterioro y fugas, lo que genera una contaminación recurrente.
Indicó que en muchos casos la respuesta ante los derrames no es rápida y que las redes sociales se convirtieron en un mecanismo de alerta ciudadana, ya que son los propios vecinos quienes difunden los incidentes.
Explicó que los hidrocarburos no solo afectan la columna de agua, sino también los sedimentos, impactando toda la cadena trófica, desde el fitoplancton y el zooplancton hasta los organismos que habitan en el fondo marino. También resultan perjudicadas especies como las aves marinas y actividades humanas como la pesca y el turismo.
Advirtió además que la contaminación por hidrocarburos trasciende lo ambiental y se convierte en un problema sociocultural y de salud pública. Según indicó, el contacto o consumo de agua contaminada puede provocar enfermedades, erupciones en la piel e incluso, como se ha documentado a nivel mundial, casos de cáncer asociados a este tipo de exposición.
En este sentido, consideró que debería implementarse un plan de recuperación previo al inicio de una nueva fase de producción.
Recuperación de los ecosistemas podría tardar hasta 30 años
Recordó que Venezuela posee una de las costas más extensas del mar Caribe, con alrededor de 2.000 kilómetros, además de su fachada atlántica, lo que suma aproximadamente 4.000 kilómetros de litoral. Entre los ecosistemas más vulnerables mencionó los manglares y los arrecifes coralinos.
Como ejemplo de la magnitud del problema, citó el caso del Lago de Maracaibo, que —según especialistas— presenta una condición crónica de contaminación. Estimó que la recuperación del ecosistema podría requerir unos 2.500 millones de dólares, mientras que la reconstrucción de la infraestructura asociada rondaría los 100.000 millones de dólares.
Márquez también atribuyó parte de la problemática a la no aplicación de marcos legales existentes, como la Ley de Zonas Costeras (2001), la Ley Orgánica del Ambiente, la Ley Penal del Ambiente (2012), la Ley de Aguas (2007) y la Ley de Gestión de la Diversidad Biológica (2008).
Finalmente, explicó que aunque las corrientes marinas pueden dispersar el crudo, los efectos comienzan casi de inmediato una vez el petróleo interactúa con el agua.
Asimismo, al formar emulsiones que precipitan hacia el fondo, puede prolongar la contaminación durante décadas, ya que la recuperación de algunos ecosistemas puede tardar entre 20 y 30 años.
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