La construcción de la paz requiere una transformación individual antes de lograr modificar el entorno, justicia y una mirada compasiva hacia todos los actores involucrados, afirmó Alba Purroy, directora de la ONG REDiálogo, durante una entrevista en el programa Háblame Bajito de Radio Fe y Alegría Noticias.
A su juicio, la paz no debe entenderse como un objetivo, sino como un proceso que solo es posible cuando existe justicia y respeto por los derechos humanos.
Subrayó que la paz, la democracia y los derechos humanos están estrechamente vinculados y atraviesan momentos convulsos no solo en Venezuela, sino en el mundo, pero a diferentes escalas.
“La paz como concepto muchas veces es malinterpretada, incluso estereotipada y hasta estigmatizada”, declaró Purroy, al resaltar que cada persona puede asumirlo de manera distinta y que todas esas visiones son válidas.
Justicia acompañada de humanidad
Aclaró que, aunque defender los derechos humanos es fundamental, no basta por sí solo para hablar de construcción de paz, ya que este proceso también implica reconocer la humanidad de todos, incluso de quienes la han perturbado .
En ese sentido, insistió en que la justicia debe ir siempre por delante, pero acompañada de humanidad.
“Debemos tratar dignamente, con debido proceso, a quien perturbó la paz”, dijo, al tiempo que resaltó la relevancia de la reparación a las víctimas y la posibilidad de reconciliación cuando las condiciones lo permitan.
La directora de REDiálogo enfatizó que para estudiar la paz es necesario reconocer primero las violencias. Señaló que las violencias visibles, como un golpe o un grito, son las más evidentes, pero las más pequeñas frente a las violencias estructurales, que son profundas, invisibles y se normalizan en la vida cotidiana de las sociedades.
Por eso, aseguró que el primer paso es conocer, aprender y formarse para identificar qué nos violenta y cómo reproducimos la violencia.
La paz comienza con la compasión propia
Sostuvo que la compasión es un elemento central en la construcción de paz y que debe comenzar por uno mismo. “No podemos ser compasivos con otros si no lo somos primero con nosotros”, expresó.
Mencionó como ejemplo que la autocompasión se practica al poner límites, cuidar la salud mental, el cuerpo, la alimentación, realizar actividad física y hacer aquello que genera bienestar personal.
Asimismo, acotó que trabajar por la paz implica observación constante, comprensión de la diversidad humana y gestión de las emociones. Para ella, entender que en las diferencias está la riqueza de la humanidad es parte esencial de este proceso.
El papel de la mujer en la construcción de la paz
Sobre el trabajo de REDiálogo, indicó que la organización centra buena parte de su labor en las mujeres, al reconocer su rol protagónico como agentes naturales de diálogo y concertación en las familias, comunidades y espacios sociales.
Detalló que, en contextos de crisis y conflictividad, las mujeres suelen verse afectadas de manera diferenciada, pero a su vez se convierten en mediadoras, constructoras de confianza y promotoras de soluciones negociadas.
Purroy advirtió que, históricamente, los procesos formales de resolución de conflictos han relegado a las mujeres. Aunque suelen asumir tareas de cuidado en contextos de guerra, rara vez las incluyen en la firma de acuerdos de paz, lo que deja fuera su visión sobre las afectaciones vividas.
Finalmente, recalcó la importancia de documentar, sistematizar y comprender las dinámicas de violencia que ocurren en la sociedad como parte esencial del trabajo por la paz.
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