Con pánico y preocupación, mientras piensan en Venezuela

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Foto: Agencias.

Venezuela sufrió un apagón nacional en marzo de 2019 que duró más de cinco días ininterrumpidos en algunas regiones y que provocó una crisis sin precedentes que dejó huellas y heridas emocionales en miles de ciudadanos, que en algunos casos necesitaron ayuda psicológica para superarlo. Pero no sólo en ellos. También en venezolanos que desde el exterior sufrieron la tragedia, angustia y desesperación de sus familiares casi con la misma intensidad, a pesar de estar a miles de kilómetros de distancia de la oscuridad.

Como si de una casualidad perversa se tratara, marzo de 2020 trajo su propia tragedia, pero esta vez con alcance mundial y mucho más significativa, afectando tanto a venezolanos dentro de la nación como fuera de ella. Se trata de la pandemia Covid-19 y muchos la sufren -aunque no como infectados- con el recuerdo amargo de que en estos momentos tan difíciles no están junto a las personas que aman.

Cuando Angeli Rodríguez se enteró que el Coronavirus había llegado a Venezuela, lo primero que hizo fue escribirle a su papá desde Chile para pedirle que por favor se cuidara y se lavara las manos antes de tocarse la cara. Su padre, quien vive en el Zulia, no tardó en contestar: “Si, dale hija, dentro de 15 días cuando llegue el agua”.

Aunque en un primer momento pensó que la respuesta que recibió fue sarcástica y de mal gusto, luego intentó ponerse en el lugar de su padre e imaginó lo mal que la están pasando tanto él como su mamá y el resto de sus familiares, por la crisis de servicios públicos que azota a la nación desde hace meses y que, en el caso particular de la región zuliana, no sólo se refleja en el irregular y a veces casi inexistente servicio de agua, sino también en los constantes apagones eléctricos.

“He podido comunicarme todos estos días con ellos, pero la verdad no sé quién está más preocupado: ellos como padres, o mi hermano y yo cuando recordamos la situación precaria que se vive en Venezuela”, expresa Rodríguez, una joven periodista de 23 años que se fue del país en junio de 2018.

Algo parecido le ocurre a Robinson Villalobos. Este venezolano de 26 años vive en Argentina y asegura que a pesar de estar en permanente contacto con su familia en Maracaibo, se la pasa discutiendo con ellos porque suelen decirle que están preparados para esta pandemia, “cuando yo sé que no es así”.

“Confío en que no se están exponiendo tanto y que están siguiendo las recomendaciones ya conocidas para no contagiarse”, dice. “Yo trato de pedir precaución sin alarmar especialmente a mis familiares de edad avanzada”.

Desde que apareció el Coronavirus, los informes y expertos apuntan que los más afectados son los adultos mayores. Esto, al igual que a Villalobos, perturba la tranquilidad de Vanessa Chacín, una venezolana residente de Navarra, España.

Chacín habla todos los días con su madre, quien le dice que su preocupación mayor es que ella no se quede en casa; mientras tanto, sus pensamientos principales están enfocados en sus abuelos y su padre.

“Mi preocupación mayor son mis abuelos, sobre todo porque uno es diabético y eso lo hace entrar en la población de riesgo por varias razones. Y mi padre que es hipertenso. Quiero que se tomen las cosas en serio y no paro de darles recomendaciones”, señala.

“Se llegó muy tarde y esa es la mayor queja”

Más que pánico por la Covid-19, Rodríguez siente incertidumbre porque cada día aumentan más los contagiados en Chile.

Según ella, el Gobierno no está tomando “las medidas necesarias”, mientras algunos ciudadanos “teniendo la oportunidad de trabajar desde casa, no se toman en serio la situación y siguen saliendo a la calle sin protección”.

“Si se quiere evitar que los contagiados sigan subiendo debemos aplicar cuarentena total”, opina.

El presidente chileno, Sebastián Piñera, está siendo criticado por miles de personas que consideran que no se ha comportado a la altura de la crisis que está enfrentando. Sin embargo, no es el único: decenas de jefes de Estado y líderes han sido criticados por actuar poco o demasiado tarde frente a esta pandemia, principalmente al no tomar medidas urgentes como prohibir eventos públicos o decretar el aislamiento social.  

Un caso particular ocurrió en España el 8 de marzo cuando se convocó a una marcha por el Día de la Mujer, pese a la amenaza por el Coronavirus que llegó a este país europeo el 31 de enero. De acuerdo a informes de la prensa, de esta manifestación salieron varias personas contagiadas, lo que generó críticas y rechazo.

Asimismo, el fin de semana del 7 y 9 de marzo, específicamente en Navarra, se hizo la javierada, una peregrinación multitudinaria hasta el pueblo de Javier, donde asistieron unas 5.400 personas. Y no fue hasta el siguiente sábado que se decidió cancelar el evento religioso por alarma nacional.

“A principios de marzo apenas había en el país alrededor de 100 casos y la vida estaba siendo completamente normal. Yo iba al trabajo como si nada y aunque ya muchos habíamos adquirido el hábito de lavarnos las manos muy seguido, no había ninguna medida de contención del virus”, indica Chacín, quien destaca que en Navarra hasta este martes había poco más de 1000 casos y 31 personas fallecidas.

Ella fue voluntaria la primera semana de marzo de un festival de cine internacional con invitados y espectadores que venían de todos los continentes, pero “de un día para otro, el país se paralizó y comenzó el estado de alarma”.

“Se llegó muy tarde y esa es la mayor queja. Creo que las sensaciones pasaron de ‘ese bicho está muy lejos’, a ‘no salgan de sus casas, por favor, que los vamos a multar’. Para muchos amigos, vecinos y familiares fue una irresponsabilidad del Gobierno”, sostiene.

Que no sólo la gente mayor esté muriendo hace que Chacín entre en pánico, especialmente cuando observa que la situación precaria en los hospitales “es real y mucho peor de lo que me pude haber imaginado cuando me mudé al ‘primer mundo’”.