De cómo la madre Carmen Rendiles promovió la santidad de José Gregorio Hernández

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Foto: Cortesía Noticiero Venevisión.

La hermana Diana Luján, miembro de la Congregación Siervas de Jesús, reveló que la madre Carmen Rendiles dedicó buena parte de su vida a promover la santidad del doctor José Gregorio Hernández y, sorpresivamente, ambos fueron canonizados juntos este domingo 19 de octubre por el papa León XIV en el Vaticano.

Durante una entrevista en el programa Háblame Bajito de Radio Fe y Alegría Noticias, recordó que la santa venezolana le tenía mucha devoción al médico de los pobres y trabajó incansablemente para darlo a conocer.

“La hermana Rosa María Ríos, vicepostuladora de su causa, contaba que cuando ingresó a la congregación, en los recreos de la noche hacían estampitas para dar a conocer a José Gregorio Hernández y que la gente pidiera su canonización”, declaró.

Aunque no existe documentación que lo confirme, la hermana Diana mencionó que existe la posibilidad de que la madre Carmen y José Gregorio Hernández se hayan cruzado en algún momento, ya que algunos de sus familiares lo tenían como su médico de cabecera y frecuentaban los mismos sitios. 

Orígenes de madre Carmen

Carmen Elena Rendiles Martínez nació el 11 de agosto de 1903 en Caracas, en un hogar humilde. Su madre tenía raíces españolas y su padre, Ramiro Antonio Rendiles, provenía de Maracaibo, estado Zulia. 

Él trabajó desde niño en un hotel de Guarenas y luego en el Banco Central de Venezuela, donde ascendió de mensajero a secretario.

“Cuando el presidente de la época se hospedó allí, le llamó tanto la atención la diligencia de aquel muchacho, que tenía tan solo 9 o 10 años, que pidió que lo llevaran a trabajar en el Banco Central de Venezuela”, relató la hermana Luján. 

Por su parte, su madre se dedicó plenamente al cuidado de la familia, como era habitual entre las mujeres venezolanas de la época.

Una discapacidad que nunca la limitó 

Carmen Rendiles nació en un hogar humilde y fue la tercera de nueve hermanos. La religiosa relató que la sorpresa al nacer fue que vino al mundo sin el brazo izquierdo. 

Se dice que cuando su madre estaba embarazada, un mendigo sin brazo tocó a su puerta, lo que le generó el presentimiento de que su hija podría nacer igual.

Desde pequeña usó una prótesis de madera maciza con hierro, que se sujetaba con correas de cuero. A pesar de la incomodidad que le podía generar, la madre Carmen nunca se quejó ni permitió que eso limitara su vida. 

“Cuando se realizó la exhumación para su beatificación, los médicos forenses se dan cuenta de que su columna tenía una marcada desviación y de que tenía una inclinación hacia el lado derecho debido al peso de la prótesis”, expresó la hermana Diana.

Talentosa y observadora

Creció en la hacienda El Paraíso y comenzó a estudiar a los 12 años en el colegio San José de Tarbes. Aunque su discapacidad nunca la hizo objeto de rechazo, ella evitaba pasar al pizarrón, porque ello implicaba sostener la tiza con una mano y el borrador con la otra.

De acuerdo con la hermana Luján, su madre la enseñó a cocinar, limpiar, bordar y pintar. Frente a su casa había una carpintería y ella se sentaba a observar al carpintero. Más tarde, todo lo que aprendió lo aplicó en la congregación elaborando estantes, mesitas y columnas para la capilla. 

Llamado de Dios

De acuerdo con Luján, la muerte de uno de sus hermanos la afectó profundamente y complicó su salud pulmonar. Por recomendación médica se mudó por dos años a Los Teques, donde comenzó a impartir catequesis y dar a conocer a Jesús en la eucaristía.

Cuando intentó ingresar a varias congregaciones, fue rechazada por su discapacidad, pero persistió en su fe y siguió sirviendo en la parroquia Altagracia de Caracas.

En 1926, unas hermanas francesas de la Congregación Siervas de Jesús del Santísimo Sacramento llegaron al país. Una amiga la invitó a conocerlas y, al ver a la superiora general, sintió que era allí donde Dios la estaba invitando a vivir su vida religiosa.

El 25 de febrero de 1927 ingresó oficialmente a la congregación y adoptó el nombre de María Carmen, nombre con el que será proclamada santa este domingo.

El calvario de madre Carmen

Madre Carmen hizo sus votos perpetuos y en 1934 fue enviada a Francia, donde se empapó del carisma de la congregación, que era la adoración eucarística y el servicio al sacerdote.

Años más tarde, las hermanas francesas decidieron secularizarse, abandonar el hábito y la vida comunitaria.

“Empieza para madre Carmen un proceso muy largo que lo podemos describir incluso como su camino al calvario, porque siente en su corazón que el espíritu le pide resguardar lo que ella conoció en Francia (…) No quería separar las congregaciones”, explicó la hermana Diana. 

En 1966, la Santa Sede aprobó la separación oficial y la reconoció como fundadora de la Congregación de las Hermanas Siervas de Jesús en Venezuela.

En 1969 fue elegida madre general. Desde entonces, dedicó sus jornadas a la oración y al trabajo pastoral. “De ocho a 10 de la mañana eran horas sagradas para ella, siempre ante el Santísimo”, recordó la hermana Diana. Además, impulsó la catequesis familiar, los talleres litúrgicos y la elaboración de hostias.

Dificultades de salud y sentido del humor

Padeció artritis durante años y en 1974 sufrió un grave accidente de tránsito cuando se dirigía a Barquisimeto. Tuvo fracturas en ambas piernas y ella con humor le dijo a una hermana “que no le dejara las piernas dentro del carro”. 

Aunque los médicos le dijeron que no volvería a caminar por su avanzada edad, seis meses después ya estaba de pie nuevamente.

En abril de 1977, su salud se agravó por una infección pulmonar. “Este cuerpo mío ya no da para más”, dijo poco antes de morir el 9 de mayo, a los 73 años. 

Las hermanas relataron que pasó la noche repitiendo: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, y que falleció con una sonrisa y “olor a santidad”.

Santificó sus acciones cotidianas

La hermana Luján expresó que la vida de madre Carmen enseña que la santidad no consiste en cosas extraordinarias, sino en hacer con amor las cosas ordinarias, acompañadas de la oración. 

“Madre Carmen desde su día a día fue haciendo cada una de las cosas que tenía que hacer de la mejor manera, santificando esas acciones ordinarias”, subrayó. 

Sostuvo que al abrir el corazón al amor que Dios tiene por cada persona, él obra maravillas e impulsa a actuar desde el amor y no por obligación, haciendo todo más sencillo de esta manera. ,

Agregó que un alma que no se entrega ante Jesús en la Eucaristía no puede conocerlo, pues “nadie ama lo que no conoce”.

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