Médicos Sin Fronteras (MSF), una organización médico-humanitaria con años de presencia en Gaza, está preocupada por el recrudecimiento de la crisis humanitaria en la franja, situación que empeora cada día tiene como característica principal el aumento de la desnutrición, la escasez de suministros básicos y los ataques a la infraestructura sanitaria.
Nancy Guerrero Castillo, directora de MSF Latinoamérica, habló con el programa De Primera Mano de Radio Fe y Alegría Noticias, donde afirmó la desnutrición aguda severa ha experimentado un aumento notable desde finales de junio.
Hasta el 09 de agosto, cerca de 1,600 personas estaban registradas como pacientes ambulatorios por desnutrición, lo que representa un aumento del 10% respecto a la semana anterior y que se ha quintuplicado desde finales de mayo.
De estos pacientes, aproximadamente el 40% son menores de cinco años y el 90% de ellos tienen entre seis y 23 meses. Además, más del 50% de los pacientes restantes son mujeres embarazadas y lactantes, declaró Guerrero.
La directora de MSF Latinoamérica comentó que aparte de la desnutrición, la población enfrenta una reducción inmensa de suministros básicos como agua potable y medicinas.
La falta de acceso a agua salubre es particularmente crítica, ya que el agua en Gaza es salinizada y requiere tratamiento. Para contrarrestar esta situación, MSF proporciona alrededor de 1.4 millones de litros de agua potable al día, aunque la organización califica este esfuerzo como apenas una gota en el océano ante las enormes necesidades que se viven en la franja.
La situación sanitaria se agrava debido a los constantes ataques a las instalaciones de salud. La mayoría de las estructuras de salud en Gaza son disfuncionales y ninguna es 100 % operativa, lo que genera un temor adicional a la falta de infraestructura para tratar casos complicados de desnutrición.
Guerrero también señaló las crecientes restricciones impuestas a las organizaciones no gubernamentales, incluyendo un sistema de registro que, según MSF, es una “limitación más para evitar que la población en Gaza tenga atención digna”.
El plan de una ocupación total por parte del ejército israelí es visto como un “paso más del plan de Israel para limpiar étnicamente la franja a través de su campaña genocida contra el pueblo palestino, lo que agravará el desplazamiento forzado de las cerca de dos millones de personas ya atrapadas en una pequeña porción de tierra”, declaró la entrevistada.
La directora también criticó la Fundación Humanitaria de Gaza calificándola de “trampa mortal” debido a que “siguen los asesinatos en estos puntos de distribución de comida”. La organización también cuestionó el método de lanzar alimentos desde el aire, que considera ineficaz y peligroso.
Expresó que un solo camión puede transportar más de 20 toneladas, mientras que los lanzamientos aéreos llevan mucho menos: antes de octubre de 2023, entraban a Gaza más de 500 camiones diarios, una cifra que contrasta fuertemente con la cantidad actual.
Además de su ineficiencia, estos lanzamientos aéreos pueden causar heridos por el hacinamiento y obligan a las personas a arriesgar sus vidas al correr hacia zonas militarizadas para conseguir comida.
MSF ha hecho un llamado urgente a la comunidad internacional para que desmantele el programa de la Fundación Humanitaria de Gaza y restablezca el mecanismo de entrega de ayuda humanitaria coordinado por Naciones Unidas. La organización exhorta a gobiernos y donantes a “suspender todo tipo de apoyo financiero y político a las ayudas humanitarias militarizadas” y presionar para que haya un acceso irrestricto de alimentos, agua potable y suministros médicos.
Según la organización, lo que está ocurriendo en Gaza es una crisis sin precedentes debido no solo a la situación de la población civil, sino también a la restricción que está teniendo la ayuda humanitaria basada en principios para llegar a estas poblaciones.
Los ataques deliberados a la infraestructura de salud y la falta de respeto a las coordenadas de las organizaciones humanitarias, a pesar de ser proporcionadas, marcan un nivel de asedio y restricción que no se ha visto en otras crisis humanitarias como la de Ucrania o Sudán.
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