El barrio no se aísla porque su subsistencia depende del encuentro

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La profesora Adle Hernández es directora de Proyección y Relaciones Comunitarias de la Extensión Social de la Universidad Católica Andrés Bello.

Acaba de publicar un artículo en el que refleja por qué en las barriadas venezolanas ha sido todo un dilema cumplir cabalmente con la cuarentena social decretada desde hace una semana por el gobierno nacional.

Afirma que “el barrio no se aísla socialmente no porque no quiera o no entienda, o no colabore; el barrio no se aísla completamente porque su subsistencia depende del encuentro”.

¿Y por qué la gente del barrio, los chamos, los ancianos, las mujeres, los padres y madres de familia se ven obligados a salir “al encuentro de”?

Hernández lo resume señalando con estas actividades. Salen “para conseguir algún ingreso en el día, para alimentarse, para conseguir el gas, para conseguir el agua necesaria para lavarse las manos de la manera correcta durante 20 segundos; y en el transcurrir de esa dinámica la gente trata de acatar como puede lo que se le pide”.

Y es más mordaz cuando pregunta “cómo pedirle a un anciano que no salga a ver si dan algo en el comedor, aunque no pueda entrar al espacio físico usual para evitar las aglomeraciones”.

También apunta que muchas mujeres siguen cocinando para la comunidad. Y aunque , tratan de seguir las medidas para la no transmisión del virus, saben que si no cocinan muchos dejarán de comer.

Un llamado a quienes toman decisiones

Ante este cuadro, la docente universitaria hace un llamado a las autoridades del gobierno, a los que deciden, a quienes ejercen el poder.

Alerta que “los organismos competentes comprendan que las soluciones que proponen para la prevención de esta enfermedad deben tomar en cuenta las condiciones de vida  de los más vulnerables”. No solo en este momento sino que debe ser una atención permanente.

Y es que antes de que llegara el COVID-19 ya en el barrio hacía tiempo que no llegaba el agua.

Ahora tampoco hay ni para lavarse bien las manos ni para desinfectar los tapabocas, tal cual como lo recomienda la OMS, ni para bañarse ni para lavar la ropa.

Antes los ingresos eran insuficientes para alimentarse adecuadamente. Hoy en día es mucho peor.

El vía crucis para conseguir una bombona de gas para poder cocinar ya es una sufriente costumbre.

Y de igual manera tienen que sortear, en el barrio, los apagones que están a la orden del día.

Pero no llama a la desobediencia. Es conciente que quedarse en la casa, seguir las recomendaciones de las autoridades de salud, prestar atención a los consejos de los sicólogos para saber sobrellevar esta situación en la familia, son las fórmulas correctas para la prevención y minimizar la propagación del Coronavirus.

En medio de todo esto, el barrio no renuncia al encuentro, a la búsqueda de la vida.