El sistema político colombiano atraviesa un proceso de fragmentación y reconfiguración tras las recientes elecciones legislativas y las consultas interpartidistas, donde la participación ciudadana se mantuvo en porcentajes del 40 al 60% en un contexto donde el voto no es obligatorio, mientras existían amenazas de grupos armados que buscaban desestabilizar la jornada en algunas regiones del país.
Bibiana Ortega, profesora Asistente del Departamento de Ciencia Política de la Pontificia Universidad Javeriana de Colombia, afirmó durante una entrevista en el programa De Primera Mano, de Radio Fe y Alegría Noticias, afirmó que el nuevo Congreso de la República carece de una fuerza dominante única.
Esta fragmentación obligará al próximo presidente, ya sea de tendencia progresista, de centro o de derecha, a gestionar coaliciones permanentes para dar viabilidad a cualquier proyecto de ley, una dinámica que se ha vuelto la regla en la política colombiana desde la Constitución de 1991.
Señaló que el panorama actual muestra una confrontación directa entre el modelo progresista, representado por el actual presidente Gustavo Petro, y el sector conservador o de centroderecha, vinculado al liderazgo del expresidente Álvaro Uribe.
Por primera vez en décadas, el foco de estas elecciones no está exclusivamente en la seguridad o el conflicto armado, sino en la economía y la gestión estatal. La implementación de reformas por parte del actual gobierno, junto con el aumento del salario mínimo y su impacto directo en costos de servicios y vida cotidiana, ha generado una polarización basada en el modelo de Estado.
Según la profesora, la clase media siente hoy la política a través de su capacidad financiera, lo que sitúa al gasto público y la deuda en el centro de la disputa electoral.
La influencia de figuras como Uribe y Petro siguen vigente en la conformación de alianzas. Ortega señaló que estas figuras mantienen liderazgos antagónicos que impactan en las candidaturas actuales, como se observa en las negociaciones de fórmulas vicepresidenciales y los apoyos estratégicos dentro del Pacto Histórico y el Centro Democrático.
Quien asuma la presidencia de Colombia enfrentará desafíos estructurales que definirán la estabilidad del país. La profesora identifica cuatro retos: el manejo de la deuda pública; la resolución de la crisis en el sistema de salud; el control de la seguridad frente a grupos ilegales; y la recomposición de las relaciones internacionales, especialmente con los países vecinos y Estados Unidos.
La eficacia del nuevo mandato dependerá de su capacidad para articular consensos dentro de un parlamento fragmentado, mientras responde a las demandas de un país que prioriza la estabilidad financiera y la equidad social.
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