Elizabeth Pacheco y su misión transformar vidas a través de la danza

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Elizabeth Pacheco y su misión transformar vidas a través de la danza

En el mundo de la danza, existen bailarines que ejecutan movimientos y maestros que transforman realidades y Elizabeth Pacheco, conocida en el gremio como “Ayla”, pertenece a ambos grupos. Con 14 años al frente de su propia academia de danza árabe y casi dos décadas como profesora en la academia Raíces y Cultura, de géneros latinos, su nombre se ha convertido en sinónimo de disciplina, resiliencia y liderazgo femenino en el estado Carabobo.

Desde niña, Pacheco mostró su vocación en los actos culturales escolares. Su formación académica inició con el jazz y estilos modernos, hasta que hace 21 años incursionó en los ritmos latinos en la Academia Raíces y Cultura. En paralelo, se especializaba en danza árabe, una dualidad técnica que definiría su futuro. Tras años de preparación y docencia, fundó su propia escuela de belly dance, danza árabe y danza tribal que lleva por nombre: Ayla, Danza Oriental y Tribal.

“Mi pensum se amplió porque seguí formándome con maestros nacionales e internacionales. Allí decidí formar mi propia escuela porque tenía una visión más diversa y más fusionada de lo que era la danza árabe”, comentó.

Resiliencia en tiempos de crisis

La academia Ayla Danza Oriental y Tribal nació hace 14 años en el municipio San Joaquín, al oriente de Carabobo. Durante los primeros años, la receptividad fue alta, pero el primer gran desafío llegó entre 2018 y 2019 en medio de la crisis económica del país y la migración.

“Cuando llegué en enero (de las vacaciones de diciembre), la mitad de la Academia se había ido del país. Me aumentaron el arrendamiento casi el 1.000 % y tuve que cerrar la sede física, fue un golpe duro. Pensé que no íbamos a poder retomar, que no íbamos a poder continuar allá”, relató Elizabeth.

Tras retomar temporalmente sus clases en la Casa de la Cultura del municipio, llegó el segundo reto: la pandemia por COVID-19. Sin embargo, cuando comenzaron las medidas de flexibilización del confinamiento, Ayla tuvo otro resurgir.

“Empezó la gente a contactarme porque querían que abriera aquí en Naguanagua. En realidad, gente desesperada por hacer algo con su vida, por salir del encierro y bueno, muy encerraditas, empecé con un grupito de tres chicas y ahí empezó otra vez como que el resurgimiento de la Academia, pero fueron etapas bastante fuertes”, recordó.

Elizabeth Pacheco “Ayla” en una clase en su academia ubicada en Naguanagua

Más que danza: Una red de apoyo

Para “Ayla”, el mayor logro de su carrera no se mide en trofeos, sino en la transformación de sus alumnas. Su academia se ha convertido en un espacio de danza y terapia donde mujeres con historias de abuso, adicciones o inseguridades encuentran un lugar para reconectar con su feminidad y autoestima.

“Poder ver que esas chicas realmente se transforman, vuelven a confiar en ellas mismas y se convierten en no solamente bailarinas, sino mujeres de éxito, es lo que más me llena”, expresó.

Y de esto dan fe sus alumnas. Las clases de Elizabeth transcurren en medio del sonido de los caderines, el conteo de los pasos, la concentración por hacer la secuencia y las risas por las equivocaciones acompañadas de algún llamado de atención.

Elizabeth Pacheco dando una clase en su academia

Maryalejandra Bonilla, quien es alumna de Elizabeth desde hace cuatro años, la describe como una profesora disciplina y entregada que le ha enseñado el valor de creer en sí misma.

“Mucho de lo que ella me ha inculcado es básicamente creer en mí. La cuestión es que no es solamente a nivel de baile, sino a nivel personal porque cuando yo llegué acá era como de estas típicas alumnas que se quedaban atrás y si se podían esconder detrás la corneta, mejor. Pero ahora, el nivel de seguridad que me ha inculcado me ha llevado a siempre estar adelante, a preguntar si no entiendo algo. A nivel personal, la profesora se ha convertido algo así como en mi mamá porque, básicamente, creyó en mí antes de que yo empezar a creer en mí misma”, expresó Bonilla, quien ha recibido clases de Elizabeth tanto de danza árabe como de bachata.

Maryalejandra Bonilla, alumna

Pasión y formación 

Ana Herrera, una de las integrantes de la academia desde hace 13 años, destaca que la pasión por el arte es una de las características más grandes de su maestra.

“La profesora es perseverante, tiene un amor infinito por lo que hace y una chispa apasionada que contagia. Pero lo más valioso es lo que te llevas para tu propia vida”, comenta Herrera.

Para Ana, la influencia de Elizabeth Pacheco trasciende la técnica de la danza del Belly Dance o el tribal; se trata de una escuela de vida. La disciplina, la creatividad y, sobre todo, la autoconfianza son los pilares que las alumnas integran en su día a día. “Ella nos enseña a creer en nuestras capacidades, a saber desenvolvernos y a crecer como seres humanos”, añade.

Ana Herrera, alumna y profesora

En el ámbito estrictamente artístico, Herrera destaca la humildad de su profesora por seguir aprendiendo. “Yo siempre digo que comencé en pañales y ahora siento que doy mis primeros pasos. Este mundo es inmenso y nunca dejas de aprender. La profe Eli es una persona que siempre busca formarse y es muy entregada; esa entrega nos motiva a nosotras a no conformarnos”, sostuvo Herrera, quien también es profesora.

Rompiendo esquemas en los géneros latinos

Pacheco también es profesora de salsa casino y bachata en la Academia Raíces y Cultura. Fue la primera mujer en dar clases hace aproximadamente 19 años, debido a que anteriormente solo los hombres tenían ese rol en los géneros latinos.

“Era lo que se estilaba en ese momento, no solo en esta academia, en todas. El hombre era el profesor guía y la chica era una monitora que ayudaba por la ejecución de los movimientos. Luego empezó el tema de que las mujeres también podíamos tener esa capacidad de dirigir una clase desde cero, de inicio a fin, porque en algún momento iba a hacer falta. Así que empezó yo y después se fueron sumando más chicas”, explicó.

Juan Coronel, alumno de Elizabeth en la academia Raíces y Cultura en el módulo de bachata desde 2022, coincide en el espíritu de superación que transmite la profesora.

“Ella me ha enseñado a superarme y seguir adelante a pesar de las adversidades que nos ponga la vida y, en este caso, el baile. Como profesora es bastante agradable, pero también tiene un carácter bastante marcado desde que la empiezas a conocer. Es guerrera, es perfeccionista y le gustan las cosas bien hechas”, afirmó Coronel.

Juan Coronel, alumno en Raíces y Cultura

Un compromiso inquebrantable

Para Elizabeth Pacheco, la danza no es una profesión que se pueda pausar; es el lenguaje con el que conecta con el mundo. Al consultarle qué es para ella bailar y enseñar, su respuesta fue tajante: “lo es todo”.

“A lo largo de todo este tiempo he hecho muchas cosas, he pausado muchas otras, pero nunca he podido dejar de bailar. Siento que es algo que no voy a poder dejar de hacer nunca porque es con lo que yo conecto. Así como las chicas vienen, sanan y crecen, a través de ellas, del trabajo que hago con ellas, también yo estoy haciendo esa terapia constantemente y siento que es algo que no puedo dejar”, dijo con una sonrisa.

Su objetivo es claro: continuar reforzando el amor propio en sus estudiantes, el espíritu de superación y convirtiendo el salón de clases en un lugar seguro.

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