¿Hay “fogatas” en el Sol?: el más reciente hallazgo del Orbitador Solar de la ESA

Impresión artística del Solar Orbiter

El viernes 17 de julio, la Agencia Espacial Europea (ESA) organizó una conferencia virtual de prensa para mostrar los primeros resultados de su Solar Orbiter (Orbitador Solar), una misión colaborativa de la ESA y la NASA para la observación del Sol, lanzada en febrero de este año.

Fogatas solares

Los primeros datos del Solar Orbiter, específicamente del Extreme Ultraviolet Imager (EUI), revelaron erupciones solares en miniatura cerca de la superficie de nuestra estrella local que los científicos llamaron “fogatas”. Un fenómeno que no era observable antes de esta misión.

“Estas son solo las primeras imágenes y ya podemos ver nuevos fenómenos interesantes. Realmente no esperábamos resultados tan buenos desde el principio”, dice Daniel Müller, científico del Proyecto del Orbitador Solar de la ESA.

“También podemos ver cómo nuestros diez instrumentos científicos se complementan entre sí, proporcionando una imagen holística del Sol y el entorno circundante”, añade.

El Solar Orbiter, lanzado el 10 de febrero de 2020, lleva seis instrumentos de teledetección, o telescopios, que capturan imágenes del Sol y sus alrededores, y cuatro instrumentos in situ que monitorean el entorno alrededor de la nave espacial.

Al comparar los datos de ambos conjuntos de instrumentos, los científicos obtendrán información sobre la generación del viento solar, la corriente de partículas cargadas del Sol que influye en todo el Sistema Solar.

Las fogatas que se muestran en el primer conjunto de imágenes fueron capturadas por el Extreme Ultraviolet Imager (EUI) del primer perihelio del Solar Orbiter, el punto en su órbita elíptica más cercana al Sol. En ese momento, la nave espacial estaba a solo 77 millones de kilómetros del Sol, aproximadamente la mitad de la distancia entre la Tierra y la estrella. | ESA

“Las fogatas son pequeños parientes de las erupciones solares que podemos observar desde la Tierra, millones o mil millones de veces más pequeñas”, explica David Berghmans, del Observatorio Real de Bélgica (ROB), investigador principal del instrumento EUI, que toma imágenes de alta resolución de las capas inferiores de la atmósfera del Sol, conocida como la corona solar.

“El Sol puede parecer tranquilo a primera vista, pero cuando miramos en detalle, podemos ver esas bengalas en miniatura en todos lados”, destaca Berghmans.

Según la ESA, los científicos aún no saben si las fogatas son solo pequeñas versiones de grandes bengalas o si están impulsadas por diferentes mecanismos. Sin embargo, ya existen teorías de que estas bengalas en miniatura podrían estar contribuyendo a uno de los fenómenos más misteriosos del Sol: el calentamiento coronal.

Son “insignificantes”

“Estas fogatas son totalmente insignificantes por sí mismas, pero resumiendo su efecto en todo el Sol, podrían ser la contribución dominante al calentamiento de la corona solar”, explica Frédéric Auchère, del Instituto de Astrofísica Espacial (IAS) de Francia y coinvestigador principal del instrumento EUI.

La corona solar es la capa más externa de la atmósfera del Sol que se extiende millones de kilómetros hacia el espacio exterior. Su temperatura es de más de un millón de grados centígrados, que es un orden de magnitud más caliente que la superficie del Sol, una temperatura “fría” de 5500 °C.

Después de muchas décadas de estudios, los mecanismos físicos que calientan la corona todavía no se comprenden completamente, pero identificarlos se considera el “santo grial” de la física solar.

“Obviamente es demasiado pronto para saberlo, pero esperamos que al conectar estas observaciones con mediciones de nuestros otros instrumentos que ‘sienten’ el viento solar cuando pasa la nave espacial, eventualmente podamos responder algunos de estos misterios”, expone Yannis Zouganelis, científico adjunto del proyecto Solar Orbiter en la ESA.

“Eln Sol está tranquilo”

El Polarimetric and Helioseismic Imager (PHI) es otro instrumento de vanguardia a bordo del Solar Orbiter; realiza mediciones de alta resolución de las líneas de campo magnético en la superficie del Sol.

Está diseñado para monitorear regiones activas en el Sol, áreas con campos magnéticos especialmente fuertes, que pueden dar lugar a erupciones solares.

Durante las erupciones solares, el Sol libera ráfagas de partículas energéticas que mejoran el viento solar que constantemente emana de la estrella al espacio circundante.

Cuando estas partículas interactúan con la magnetosfera de la Tierra, pueden causar tormentas magnéticas que pueden interrumpir las redes de telecomunicaciones y las redes eléctricas en el suelo.

Imágenes del primer perihelio del Solar Orbiter: mediciones del campo magnético de la estrella que permiten un mejor estudio de las erupciones solares. | ESA

“En este momento, estamos en la parte del ciclo solar de 11 años cuando el Sol está muy tranquilo”, dice Sami Solanki, director del Instituto Max Planck para la Investigación del Sistema Solar en Gotinga, Alemania, e investigador principal del instrumento PHI.

“Pero debido a que el Orbitador Solar está en un ángulo diferente al Sol que la Tierra, en realidad podríamos ver una región activa que no era observable desde la Tierra. Esa es la primera. Nunca hemos podido medir el campo magnético en la parte posterior del Sol”, aclara Solanki.

Los magnetogramas, que muestran cómo varía la intensidad del campo magnético solar a través de la superficie del Sol, podrían compararse con las mediciones de los instrumentos in situ.

“Usando esta información, podemos estimar en qué parte del Sol se emitió esa parte particular del viento solar, y luego usar el conjunto completo de instrumentos de la misión para revelar y comprender los procesos físicos que operan en las diferentes regiones del Sol que conducen a la formación del viento solar”, explica Christopher Owen, del laboratorio de Ciencias Espaciales del University College de Londres e investigador principal del instrumento PHI.

“Es apenas el comienzo”

“Todos estamos muy entusiasmados con estas primeras imágenes, pero esto es solo el comienzo”, aseguran los científicos.

El Orbitador Solar, explican, comenzó un gran recorrido por el Sistema Solar interior y se acercará mucho más al Sol en menos de dos años.

En última instancia se acercará a 42 millones de kilómetros, casi una cuarta parte de la distancia del Sol a la Tierra.

“Los primeros datos ya demuestran el poder detrás de una colaboración exitosa entre agencias espaciales y la utilidad de un conjunto diverso de imágenes para desentrañar algunos de los misterios del Sol”, comenta Holly Gilbert, directora de la División de Ciencia de Heliofísica en el Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA y científica del proyecto Solar Orbiter desde la agencia espacial estadounidense.

Con información de ESA y Reporte Espacial