Hospitalidad en la frontera

Frente a la movilidad humana, los jóvenes de la frontera por el Alto Apure promueven la hospitalidad. Ellos están convencidos de que todos tenemos algo bueno que ofrecer a los desplazados y migrantes que pasan por Guasdualito y Arauca.

Kerlis Aragoza le ofrece un vaso de agua y sombra en el porche de sus casa a los migrantes pendulares, hombres y mujeres que venden en las calles de Guasdualito, en Venezuela, y Arauca, en Colombia.

Para ella, “regalar un vaso de agua, que se sienten un rato y descansen en el porche es algo que hacemos para ser más hospitalarios”.

Cada día que pasa más familias llegan a Guasdualito y Arauca, que se convirtieron en zonas receptoras de desplazados y migrantes venezolanos. Para ellos, los jóvenes de la frontera aplican estrategias para ofrecer su hospitalidad y ayudarlos a pasarla mejor.

Mientras que para Verónica Venegas, “cada vez que vemos a una persona vendiendo bajo el sol, le podemos colaborar comprando algo. Su comida y gastos diarios dependen de lo que venden”.

“A veces con unas palabras podemos ayudar. Es bueno en los trabajos y zonas turísticas donde llegan hablar con ellos para que se sientan bien”, cuenta Jesús Bercan.

Por su parte, Jesus Zapata, un joven voluntario de la iglesia, asegura que “los guasdualiteños somos personas hospitalarias, honestas y trabajadoras, como dice monseñor. Por eso tenemos que tratar a todos los que vienen con respeto, solidaridad y no discriminarlos, con el fin de brindar un apoyo a los más vulnerables.”

Zapata tambien explica que la iglesia católica les ofrece un plato de comida y la oportunidad de bañarse.

“Ellos están necesitados y tienen que estar en la frontera trabajando en las calles para ayudar a sus familias en otros lugares de Venezuela”.

Aceptar al que es diferente, escucharlos, hablarles, brindarles un plato de comida, una sonrisa o un vaso de agua es como los jóvenes de la frontera hacen la diferencia para la construcción de una mejor sociedad.