La fiebre de los bodegones como respuesta a las sanciones

Foto: referencial.

Para Manuel Sutherland, economista y director del Centro de Investigación y Formación Obrera (CIFO), el auge de los bodegones en Venezuela fue una respuesta a las sanciones económicas establecidas por Estados Unidos hacia el país.

Expresó que aunque el origen de dichos bodegones es previo a las sanciones «más fuertes» de 2019, ya había una buena cantidad de venezolanos que tenían relaciones con el Gobierno nacional «quienes fueron perjudicados y vieron la oportunidad de invertir el dinero en Venezuela y no en los Estados Unidos debido a las dificultades para movilizar cuentas bancarias allá».

De acuerdo con estudios realizados por Sutherland, cerca del 80% de los bodegones se hicieron a partir del 2015 y 2016, «que fueron los años con mayor crisis y desabastecimiento en el país».

Sostuvo que al inicio los bodegones se llenaron de pañales, harinas y productos que normalmente generaba la industria nacional, esto con la finalidad de responder a la incapacidad de la producción industrial, «proveer esos bienes que son muy fáciles de producir a lo interno de cada país y que Venezuela producía desde hace décadas sin dificultad».

Según Sutherland el bodegón tiene tres funciones:

  • Proveer los bienes que antes estaban fácilmente disponibles en los supermercados y abastos que no se están produciendo en la industria nacional.
  • Ofrecer un espacio en el cual se invierten capitales que antes se iban a otros países o se movían en otras direcciones y que ahora tienen un espacio donde invertir para satisfacer a un público de estrato generalmente alto, que maneja remesas o ingresos en divisas de alguna manera.
  • Dar continuidad a la forma rentística de la inversión a nivel nacional con la creación de empresas importadoras para apropiarse de dólares preferenciales a un tipo de cambio muy subvaluado, «eso a través de Cadivi, Sicad, Simadi y todos los mecanismos que creó el Gobierno para transferir renta petrolera a precios muy bajos con el fin de hacer negocios extremadamente lucrativos».

Agregó que importar mercancía para luego venderla en el mercado nacional, es lo más sencillo.

«Es mucho más difícil constituir una fábrica, una industria o impulsar un desarrollo agrario a gran escala. Importar es algo mucho más fácil de hacer y tiene menos riesgos, requiere de menos conocimiento, de menos capacidad de capacitar a personal técnico; tampoco necesita de maquinaria, ni de grandes inversiones ni de grandes equipos», dijo el director de CIFO.

Aseveró que esta forma rentística es impulsada por la necesidad del Gobierno nacional de llenar los anaqueles a como de lugar, «porque la escasez y el desabastecimiento es lo peor que le puede suceder a una economía para la percepción del público del devenir económico».