
Ruth Suárez tiene dos hijos varones y es habitante del sector Cuyamar en Boca de Aroa (municipio Silva, estado Falcón). Su hogar es una de las 87 viviendas registradas con daños estructurales por las autoridades regionales, tras los sismos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron al país el pasado 24 de junio.
La señora Ruth mostró al equipo de Radio Fe y Alegría Noticias cómo los sismos dejaron huellas profundas en su casa y en toda la comunidad.
Al momento de la sacudida, ella se encontraba en casa de su madre en otro sector que no sufrió consecuencias directas. Sin embargo, en su vivienda estaba su hijo de 12 años. Tras el traumático evento, el adolescente debió ser trasladado a otro lugar debido al temor de regresar.
Pisos hundidos y «licuación de suelos» por los sismos
Paredes agrietadas, pisos hundidos y cerámicas completamente destruidas son parte del escenario que muestra Ruth Suárez. La afectada explicó que, durante el temblor, la tierra se abrió con zanjas de las cuales brotaba agua y arena simultáneamente, provocando el colapso de casas y carreteras.
Este fenómeno fue mencionado para Radio Fe y Alegría Noticias por el geólogo Frank Audemard, jubilado de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y actual investigador asesor de Funvisis, como licuación de suelos. El especialista confirmó el proceso tras realizar un recorrido técnico por la zona afectada.
Actualmente, una de las habitaciones de la casa de Ruth opera como centro de acopio y distribución de las ayudas que recibe la comunidad, al ser una de las pocas estructuras que quedó en mejores condiciones en comparación con las viviendas vecinas.
Vivir en estado de alerta ante la posibilidad de nuevos sismos
Para Ruth, la vida cambió drásticamente. Desde el día de los sismos no ha podido retomar sus labores debido a que atiende la emergencia familiar.
«Dormimos afuera varios días, ahora nos vamos a casa de familiares, pero dormimos en pasillos, porches y salas», relató. Los vecinos pasan el día cuidando lo poco que les queda en la comunidad, mientras esperan una respuesta oficial sobre su reubicación.
La afectada asegura que no ha logrado conciliar el sueño: “Sigo con la sensación del temblor en el cuerpo. Ahora, hasta los vehículos que pasan provocan vibraciones que nos reactivan el estado de alarma”. Además del trauma psicológico, presenta alergias en la piel y síntomas severos de ansiedad.
La paralización económica agrava la crisis. A más de una semana del doblete sísmico, la pesca (principal actividad económica de este poblado) sigue suspendida, ya que los pescadores no están en condiciones emocionales ni operativas para salir a la faena.
Solidaridad y denuncias de oportunismo
A pesar de la tragedia, la comunidad agradece el apoyo recibido. Leónidas Bonilla, otro vecino del sector cuya vivienda sufrió un colapso parcial, coincide en el impacto positivo de la ayuda humanitaria. Organizaciones y civiles de distintas partes de Falcón y otros estados se han movilizado para abastecerlos con alimentos y medicinas.
No obstante, Ruth Suárez advirtió que existen personas que se están aprovechando de la situación:
- Denunció abuso de la buena fe. Dijo que ajenos o no damnificados se hacen pasar por los más afectados para desviar la ayuda humanitaria en beneficio propio, sin considerar a quienes perdieron todo.
Servicios públicos en recuperación
Tras más de una semana del evento telúrico, el servicio eléctrico se ha recuperado parcialmente en algunas calles. En otros sectores, el suministro se mantiene suspendido durante el día mientras avanzan las labores de reconstrucción, restableciéndose únicamente por las noches.
Mientras las soluciones gubernamentales definitivas llegan, los habitantes de Cuyamar continúan organizándose de forma independiente para sobrevivir a la emergencia.
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