¿Por qué llegó el 23 de enero de 1958?

Marcos Pérez Jiménez
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Un país desencajado y golpeado por todos lados recuerda este 23 de enero los 64 años del derrocamiento del dictador Marco Pérez Jiménez. La reseña de los historiadores coincide en atribuirle a la gesta de un movimiento cívico-militar la causa del cambio político y social en la Venezuela de ese entonces.

Pero para que un hecho histórico se convierta en emblema para la vida política de un país, los líderes de la «revuelta» han tenido que inspirarse en ideas de transformación para alcanzar la meta.

En una especie de cronología para que se suscitara el 23 de enero de 1958 hay que contar que en junio de 1957 se conformó la Junta Patriótica, integrada por miembros de los partidos políticos AD, COPEI, URD y el PCV.

También se sumaron organizaciones sociales y gremiales, con el fin de «luchar por el respeto a los derechos y libertades establecidos en la Constitución de 1953,  incluyendo el respeto al sufragio y la libertad de postular candidatos en las elecciones presidenciales» previstas para ese año de 1957.

Lógicamente, dado su accionar opositor, la dictadura militar de Pérez Jiménez presentía que en la medida en que se iba agudizando la crisis política e institucional en el país, este tipo de organizaciones clandestinas se convertirían en un serio peligro para su permanencia en el poder.

Y es que la llamada Junta Patriótica cada vez se hacía más visible. Ya con bastante recurrencia «publicaba manifiestos clandestinos y realizaba mítines relámpago en puertas de fábricas, escuelas y universidades».

Dicho de otro modo, ya las cartas estaban echadas. Los integrantes de la Junta y de otros movimientos «libertarios» estaban decididos a enfrentar al gobierno de la bota militar.

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La «bomba» de Pérez Jiménez

Cinco meses después, y ante el avance de los ruidos estridentes contra Pérez Jiménez, el dictador decide, el 14 de noviembre, sustituir las elecciones presidenciales por un plebiscito en el que preguntará a los electores si desean que su mandato sea extendido por cinco años más.

Una «bomba», anunciada en el Congreso, que no solo generó fuertes malestares en los ámbitos políticos, gremiales, sindicales y sociales venezolanos, sino que definitivamente confirmaba el carácter arbitrario y autocrático del militar en el poder.

Marcos Pérez Jiménez pretendía cortar de esta manera toda idea y práctica que le supusiese soltar las riendas del mando político a costas, incluso, de la lealtad de sus propios compañeros de armas.

Una semana después, el 21 de noviembre de 1957, los estudiantes de las principales universidades públicas y privadas del país, UCV y UCAB, respectivamente, se lanzan a las calles en protestas, precedidos por una huelga que promovieron los estudiantes de los liceos Fermín Toro, Juan Vicente González, Andrés Bello, Luis Razetti, Caracas y la escuela Miguel Antonio Caro, denunciando la represión ejercida por el gobierno castrense.

Sin embargo, pese al ya caliente clima en las calles de la capital venezolana, el 15 de diciembre se efectúa el plebiscito. Pérez Jiménez alcanza el triunfo con un total de 2.374.790 votos a favor y 364.182 decisiones en contra.

A pesar de que estos esperados números, varios sectores del país declararon el proceso como fraudulento y anunciaron que seguirían volcados en las calles hasta ver derrocado al dictador. Por ende, la represión también aumentó.

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Año nuevo pero no bueno para el gobierno militar

El inicio del nuevo año no es bueno para el dictador. El 1 de enero recibe la primera rebelión militar. «Aviones de la Fuerza Aérea Venezolana surcan el cielo de Caracas como parte de una asonada para derrocar al gobierno. La revuelta es sofocada y el régimen aumentó las acciones represivas de la Seguridad Nacional (policía política) contra militares y civiles».

Dos días después, el 3 de enero, en lo que los historiadores llaman «un proceso irreversible», la Junta Patriótica da a conocer un manifiesto público en el cual invita a la población a sumarse a estas acciones de calle, incluyendo a los militares descontentos también con su gobernante.

La primera gran huelga del país estalló el 20 de enero. Se trató de una de las grandes bofetadas que recibía el militar gobernante. Todos los trabajadores de la prensa se paralizaban. Ese día no hubo noticias. No hubo quien informara. Pero la primicia era la misma: su gobierno se desmoronaba.

Además, junto a este paro de las comunicaciones, en varias regiones del país el alzamiento de comandantes de unidades militares era indetenible. La dictadura estaba a punto de caer.

Rómulo Betancourt gana las elecciones de diciembre de 1958/Cortesía

Y llegó el 23 de enero

Llegó el 23 de enero de 1958. En horas de la madrugada un grupo de oficiales de la Fuerza Armada obliga al dictador a abandonar el Palacio de Miraflores, sede del gobierno.

En el aeropuerto de La Carlota, en Caracas, lo esperaba un avión que lo llevaría a República Dominicana, donde viviría varios años hasta llegar a España, donde moriría.

Tras el derrocamiento de Pérez Jiménez se instaló una Junta Provisional de Gobierno liderada por el contralmirante Wolfgang Larrazábal (presidente) y los coroneles Carlos Luis Araque, Pedro josé Quevedo, Roberto Casanova y Abel Romero Villate, todos ellos oficiales que habían dirigido el alzamiento contra Pérez Jiménez.

Luego Casanova y Romero Villate renu nciaron y fueron sustituidos por el industrial Eugenio Mendoza y el ingeniero Blas Lamberti, en representación de los civiles.

La junta establece un gabinete provisional compuesto  por juristas, empresarios  y representantes de distintos sectores. Durante un año, trabaja en medidas de emergencia económica, promueve la legalización de los partidos políticos, el retorno de los exiliados y conduce  la transición política hasta la celebración de elecciones libres y la instauración de un gobierno constitucional.

El país, todavía «ebrio» de la victoria «popular», avanza en medio de la aún incertidumbre política. El 31 de octubre la élite política del momento firma el conocidísimo «Pacto de Punto Fijo». Dirigentes como Jóvito Villalba, Rafael Caldera y Rómulo Betancourt encabezan el «acuerdo de gobernabilidad».

Mes y medio después, el 7 de diciembre, se realizan las primeras elecciones democráticas para la presidencia. El principal líder de Acción Democrática, Rómulo Betancourt, obtiene el cargo a través del voto en las urnas.

Notas tomadas de El Ucabista/edición de enero de 2018