En el marco de la canonización del médico de los pobres, la Fundación Bigott reeditó este año 2025 el libro “José Gregorio Hernández: del lado de la luz”, una investigación de 545 páginas escrita por Carmen Bethencourt y María García de Fleury.
En entrevista con el programa Háblame Bajito de Radio Fe y Alegría Noticias, Bethencourt explicó que la reedición llega 25 años después de la primera edición —iniciada en 1996 y escrita por María Matilde Suárez junto a ella—, la cual obtuvo en 2002 el Premio Nacional de Ciencia, mención Humanidades.
El texto actualiza los hechos más recientes vinculados al proceso de beatificación y canonización de José Gregorio, reivindicándolo no solo como un referente religioso, sino como un personaje cultural profundamente arraigado en la identidad venezolana.
La autora resaltó que la primera investigación requirió una rigurosidad histórica en todos los terrenos, ya que en aquel momento la búsqueda debía hacerse en bibliotecas, hemerotecas y archivos físicos; mientras que la segunda parte fue más sencilla porque contaron con la ayuda de internet.
“Para los venezolanos José Gregorio es santo desde que murió”
Bethencourt recordó que los venezolanos consideraron a José Gregorio santo desde su muerte en 1919, mucho antes de su proclamación por el papa Francisco.
“Más de 30.000 personas se hicieron presentes en el acto del sepelio de José Gregorio”. “Lo llevaron del centro de Caracas hasta el Cementerio General del Sur en hombros”, relató. Agregó que una vez enterrado, la gente empezó a visitarlo y le pedían favores.
Según la investigadora, el fervor hacia el médico trujillano se extiende más allá de nuestras fronteras gracias a la migración. “Muchos extranjeros que vivieron en Venezuela se lo llevaron consigo y con la migración que se ha producido en los últimos años se ha extendido más la devoción porque se llevan a su santo consigo (…) José Gregorio ya es un santo mundial”, sostuvo.
“José Gregorio es fe y amor”
Bethencourt subrayó que la figura de José Gregorio combina virtudes humanas, científicas y espirituales. “José Gregorio es fe, es amor, es todo lo bueno que puede tener una persona”, expresó.
Dijo que era un excelente estudiante, profesional y persona. “No puedes encontrar una sola mancha en él, si la hubieran encontrado no hubiera llegado a los altares”.
Mencionó que José Gregorio amaba la música, bailaba, tocaba piano, violín y flauta; mantenía una actitud calmada, evitaba las peleas y provenía de una familia profundamente religiosa.
Añadió que su generosidad con los pacientes era una de sus mayores virtudes, porque cuando alguien no podía pagarle, no le cobraba y además le regalaba los medicamentos.
Una fe que crece con el conocimiento
La coescritora confesó que no era devota de José Gregorio cuando comenzó la investigación, pero que el contacto con su historia y los testimonios de sus milagros transformaron su percepción.
“Hoy no dudo de su existencia, hoy no dudo de sus favores. Hoy no dudo que verdaderamente José Gregorio es un santo y sí merece estar en los altares”, afianzó.
Finalmente, instó a los ciudadanos a buscar a José Gregorio, creer en él, tener paciencia y fe para que él interceda por ellos ante Dios. “José Gregorio era un hombre de fe y nosotros tenemos que tener fe en él. Teniendo fe en él, él nos va a ayudar”.
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