Se agrava la pandemia en Brasil

Foto: AFP

El llamado gigante del Sur en América Latina al parecer se ha quedado minimizado ante los embates de la pandemia del Coronavirus. Este martes y miércoles registró récords de fallecimientos. 1641 muertos el primer día y 1910 el segundo, para un total de 3551 en solo dos días, ponen a Brasil al borde de un colapso sin precedentes.

Pero el abismo llega no solo por estos datos. La llamada vacunación en «cámara lenta» también contribuye a que los pronósticos sean pesimistas al momento de atender, por parte de los gobiernos regionales y el central, las emergencias suscitadas por la multiplicación de los casos positivos de COVID-19.

El propio Ministerio de Salud de Brasil ha confirmado, a través de un comunicado, la gravedad de la situación.

“Por primera vez desde el inicio de la pandemia, se verifica en todo el país un agravamiento simultáneo de diversos indicadores” al tiempo que describió que «se trata de un escenario alarmante, con un aumento de casos y muertes, altos niveles de síndromes respiratorios agudos graves (SRAG) y una ocupación de más de 80% de camas en las unidades de cuidados intensivos (UCI) en 19 de los 27 estados brasileños».

Tanto el número de víctimas mortales, 259 mil, como el alto índice de contagiados, 10 millones 700 mil hasta la fecha, hacen de Brasil un escenario extremadamente complicado de manejar con eficiencia.

Pero ¿por qué se ha llegado a esta situación? La vicepresidenta de la Sociedad Brasileña de Inmunología (SBIM), Isabella Ballalai, declaró que esta emergencia «no es una sorpresa: se debe a no habernos preparado, porque este escenario estaba previsto. Sabíamos que había una nueva variante y debió haber un lockdown».

Además, la falta de coordinación por parte del gobierno federal que preside el controversial Jair Bolsonaro empujó a alcaldes y gobernadores a articularse por su cuenta para comprar vacunas.

Los secretarios de Salud de los estados pidieron el lunes implementar un toque de queda nocturno a nivel nacional y un «lockdown» en las zonas más críticas.

Pero esa postura choca con la de Bolsonaro, quien promueve aglomeraciones con sus seguidores, cuestiona el uso de mascarillas y la eficacia de las vacunas y critica a las autoridades que aplican medidas de aislamiento social por su impacto económico.

Lo cierto del caso es que Brasil se ha convertido en uno de los peores países del mundo en no saber controlar la pandemia. Y el caos continúa.