Su infinita Fe en Dios la mantuvo luchando

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Foto: Archivo.

Según ACNUR, más de 4 millones de personas salieron de Venezuela desde 2017. Buena parte se localiza en la subregión, algunas varadas en varios países luego del intento fallido de seguir a los Estados Unidos de Norte América, incluso atravesando la selva del Darién con sus penurias.

Los migrantes criollos enfrentan las principales dificultades: Legalizarse, ubicar un buen empleo, por una sencilla razón las economías de nuestros países no están preparadas para absorber cientos de miles nuevos trabajadores en poco tiempo, atención de salud, etc. Además, se incluyen las victimas de la xenofobia que hasta ha causado muertes en Sudamérica.

Desde 2017-2019 hubo una descomunal campaña publicitaria que promovió la migración. Se dijo que los connacionales serían recibidos incluso sin papeles; eso es falso. Una venezolana que vivió 4 años esa experiencia en Perú, a quién llamaremos María para proteger su integridad, explica:

“En 2018 llegué a Lima-Perú, con unos sobrinos y mi pequeño niño, con el sueño de obtener mejor vida, sin imaginar que viviría penurias. Fueron pasando los días y al igual que a muchos migrantes venezolanos nos tocó vender en la calle para poder comer mientras conseguíamos algo seguro donde trabajar. Sufrí la xenofobia. Un día vendiendo en la calle un señor peruano nos quiso molestar tapando la mercancía que ofrecíamos y comenzó a buscar a los lugareños para que nos incomodaran, llegaron unos a ofendernos, otros a defendernos hasta que apareció la policía y nos pidió que nos retiráramos porque habían muchos peruanos resentidos con los venezolanos y nos podían hacer daño. Nos fuimos con la idea de hacer otras labores para mantenernos averiguamos un apartamento donde podernos mudar y estar mas cómodos, éramos seis personas en una habitación conseguimos en un condominio”.

Y prosigue: “Gracias a Dios, logré el empleo como una de las 5 personas que les tocaba hacer el mantenimiento a todo el condominio (son 5 torres de 5 pisos para cada una), un trabajo pesado, pero solo era de 8 horas, en Perú la jornada laboral es de 10 y 12; como no me exigían papeles acepté. Con el pasar del tiempo algunos peruanos se quejaban de mi presencia (venezolana), pero con suerte que las personas de la junta directiva me defendían porque conocían que hacía un buen trabajo y tenia un hijo pequeño. Sin embargo, por ser un condominio y no estar legalmente registrada solo me pagaban 850 Soles, unos 250 Dólares, cuando en ese año (2020), el ingreso mínimo era 930 Soles unos 273,50 Dólares aproximadamente. Finalmente, alcancé un acuerdo para cobrar el salario mínimo pero llegó la pandemia y me mandaron a casa sin pagarme nada”.

Sellar el pasaporte no es suficiente en Perú

En Perú no es suficiente entrar por los canales regulares sellando el pasaporte. Igual toca legalizarse, pero es muy caro, por no tener papeles a muchos venezolanos les pagan menos.

También, es un país pobre que arrastra una crisis institucional, claro está por algún motivo menos publicitada que la venezolana. En nombre de  los migrantes los organismos internacionales como la ONU, la Unión Europea, han movido montones de recursos económicos que no cambian la situación precaria de muchos connacionales, siguen siendo maltratados y explotados. La pandemia agravó las penurias.

“En mi desesperación, busqué ONG que nos pudieran ayudar para salir de esta situación, no podía arriesgarme salir a vender o indagar de un empleo porque podía contagiarme e infectar a mi hijo. La dueña del cuarto donde vivía en ese momento accedió a que viviéramos allí sin pagar y al pasar la pandemia y comenzar a trabajar cancelarle. Mi hija ya se había ido a otro país, allá le iba mejor, tenia un empleo, así pude contar también con su ayuda para poder comer durante la pandemia luego de 4 meses sin trabajar y recibir dos veces ayuda de la ONG Save The Children, ya tenia que salir a buscar un sustento”.

“Contacté a una pareja venezolana que tenía un restaurante, trabajé 3 días, fue de terror, era de 6 AM a 6PM. Tuve una caída, me lastimé una pierna por estar haciendo una faena que no me correspondía. Luego, me contrataron unas hermanas venezolanas que tenían un puesto de empanadas para hacer los guisos, bregaba todo el día, al tiempo me quedé sola en la mañana. Allí estuve gracias a Dios, hasta que me llamaron de nuevo al condominio que a pesar que era una faena muy pesada era un sueldo fijo y de 8 horas”, María.

En 2019 sus familiares marcharon a otras naciones. Ella no pudo viajar por no estar regularizada según la legislación local. La norma establece que por cada día de estadía sin la documentación le sale una multa de 3.30 Soles.

En el caso de María debía cancelar 1700 Soles, unos 500 dólares el equivalente a dos meses de sueldo. Así quedó atrapada en Perú, sola con su niño que tampoco podía sacar del país por no estar el padre o no tener un permiso vigente firmado por él.

Expresa: que su objetivo al quedar atrapada era retornar a su tierra. Lo intentó, pidió ayuda a la Embajada de Venezuela en Lima pero no recibió el apoyo por estar ilegal. Le argumentaron que para salir debía tener sus papeles en regla. Algunas personas intentaron la ayuda desde Venezuela pero sin éxito. Entre lágrimas dice que no hay palabras para describir las carencias que sufrió en territorio inca. Solo su infinita Fe en Dios la mantuvo luchando.

“En enero del 2022, un periodista amigo me pidió mis datos personales para intentar ayudarme a volver. En mi desesperación confié en sus acciones siempre con mi Infinita Fe en Dios que esta vez si regresaría. Pero los días pasaban y mi sufrimiento estaba al límite se lo hice saber al comunicador, me pidió paciencia porque ya había enviado mi caso y que de un momento a otro me llamarían pero que igual él iba a replantearlo; entregó una carta a un reconocido Diputado, reiterando la solicitud”.

“Una tarde recibí una llamada desde Perú, era un emisario que venía a ayudarme, a quien agradezco me dijo que venía de parte de mi amigo y me remitió con la Defensoría del Pueblo peruana que activó el proceso. Fui inscrita en un vuelo de Vuelta a la Patria, por mi vulnerabilidad. Desde Venezuela me ayudaron embajadas venezolanas en Perú y Colombia, me apoyaron con el permiso del niño” María.

Finalmente, regresó a casa, agradeciendo a Dios el milagro y a todas las autoridades y particulares que le ayudaron.

Moisés Quintero es periodista y locutor invidente. @moisesfquintero

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