El evento sísmico registrado en regiones de Venezuela es objeto de análisis por parte de especialistas. El geofísico Cristian Farías explicó en el programa De Primera Mano, de Radio Fe y Alegría Noticias, los factores técnicos que inciden en el movimiento telúrico, la distribución de las afectaciones en el litoral central y las medidas de prevención requeridas a mediano plazo.
El evento consistió en la ocurrencia de dos sismos de magnitud que se registraron de forma consecutiva con un margen mínimo de tiempo entre ambos. Farías expuso que la comunidad científica evalúa dos hipótesis sobre su origen.
«Bueno, lo que hemos visto hasta ahora, o lo que se ha catalogado hasta ahora en cuanto a la evidencia, habla de dos sismos uno que ocurre detrás de otro con muy poco tiempo de separación. Cuando se ve más o menos dónde pudieron haber ocurrido y se proyecta más o menos cuáles pudieron haber sido sus zonas de ruptura, pareciera ser que son como dos partes de la misma falla que toman una pequeña curva en un momento», comentó.
A partir de estos datos, el especialista planteó la posibilidad de una ruptura por bloques en la misma estructura. «Entonces, quizás, aquí estamos especulando un poco… Ocurre el primer sismo y el segundo es como la segunda parte del mismo fenómeno, como que viene el primero y luego en vez de que toda la falla que se movió se desplace solamente en un evento, pasa como en dos, como en una parte primero y otra parte después».
Por otra parte, el experto señaló una alternativa mecánica, según la cual «ocurre el primero y eso después gatilla un evento en la segunda parte del segmento». No obstante, aclaró que «para eso necesitamos datos y no tenemos actualmente como para poder realmente hacer un análisis más acabado. Así que por ahora son como las dos ideas».
Farías indicó que la percepción de la población se debió a la cercanía de la fuente sísmica con los centros urbanos y a su poca profundidad. Al respecto, el geofísico detalló: «son sismos muy superficiales que ocurren al lado de las ciudades y eso implica que son las elevaciones de suelo muy fuertes las que se traspasan y eso naturalmente le pone harto estrés a las construcciones, especialmente las que no están pensadas para este tipo de fenómenos».
Distribución geográfica de los daños: La Guaira y Yaracuy
A pesar de que el estado Yaracuy se encontraba a menor distancia de los epicentros, el estado de La Guaira registró niveles superiores de afectación en sus estructuras.
Al ser consultado sobre si la vaguada ocurrida en el año 1999 tuvo incidencia en las condiciones del terreno actuales, Farías sostuvo que «está difícil hacer la conexión directa». Argumentó que el factor determinante corresponde a las condiciones físicas del suelo al momento del sismo.
«Uno naturalmente levanta esta curiosidad también porque uno quiere conectar los puntos, pero no es tan fácil porque lo crucial no es tanto lo que pasó hace 30 años atrás, sino en realidad entender cuál era el comportamiento del suelo el día de hoy. Tú puedes tener un sismo que genere ondas, que sea muy intenso, que el suelo se mueva muy acelerada, pero depende mucho de cuál es la reacción del suelo ante esas ondas para entender también qué le pasa al edificio que está por arriba», expresó.
Asimismo, el experto identificó que el colapso de las estructuras no fue uniforme en las manzanas de la zona costera.
«Hay edificios que están arriba, otros que están caídos al lado. Entonces hay que preguntarse, bueno, esos edificios que se caen ¿hace cuánto se construyeron? ¿Son edificios que de pronto no estaban diseñados pensando en terremotos de este tipo? ¿De pronto el suelo cambia levemente entre donde están ellos y el del vecino? Porque eso también tiene una importancia en cuanto a cómo se reacciona frente a las ondas cívicas de terremotos, porque claro, las recibieron encima».
La diferencia de daños entre ambas regiones se explica porque las afectaciones se extienden por toda la zona de desplazamiento de la falla, la cual abarca un área de entre 40 y 50 kilómetros de longitud que atraviesa el estado La Guaira. Farías puntualizó que «uno sufre más en la parte donde las playas se desplazan más».
Difusión de información y análisis de redes sociales
El geofísico abordó la circulación de mensajes en plataformas digitales que alertan sobre la ocurrencia de tsunamis o sismos de mayor magnitud. Farías comentó respecto a la difusión de estas proyecciones sin base científica.
«Lamentablemente esto pasa después de terremotos grandes. Nos falta quien empiece a especular y generar alarma acerca de cuáles son los eventos que van a pasar, y no es que solamente plantee algo como que vamos a tener una especie de réplicas, que es lo que sabemos siempre, sino que plantean derechamente que viene un terremoto más grande, que viene un tsunami, sin ninguna base. Me encantaría preguntar a la persona que inicia esos rumores, bueno, ¿por qué se te ocurre decir eso? Pero la verdad es que es falso».
El especialista recordó el estado actual de la ciencia en esta materia: «Es muy importante que la gente entienda que, bien, no podemos predecir terremotos. Lo más lógico sería que solamente tuviéramos una secuencia de réplicas…».
Instó a la población a seguir la información emitida por los organismos oficiales locales.
De igual manera, descartó la existencia de vinculación entre el sismo de Venezuela y eventos registrados el mismo día en Japón o en la falla de San Andrés en California. Explicó que la tendencia a asociarlos responde a una necesidad de explicación ante la crisis, pero cada región opera de forma independiente:
«Están en lugares muy distintos del mundo, donde cada uno de los límites de placas en los cuales están tiene dinámica propia. Japón genera sismos a su ritmo, California genera sismos a su ritmo, Chile lo hace también, Indonesia también, y Venezuela en este caso está simplemente muy lejos como para poder gatillar, activar alguno de esos lugares que mencioné. Por lo tanto, no hay una conexión, pero la gente lo busca, y ahí incluso el mismo concepto de anillo de fuego del Pacífico o cinturón de fuego del Pacífico no ayuda mucho, porque da entender que todo es un gran sistema interconectado, cuando no lo es».
Proyección técnica y medidas a futuro
Respecto a la evolución de la actividad sismológica a corto y largo plazo, el geofísico enumeró las siguientes fases de la secuencia:
- Secuencia de réplicas: En las semanas posteriores continuarán registrándose movimientos de menor magnitud. Advirtió que «quizás alguna podría llegar a tener una magnitud del orden de 6», pero la tendencia es que sean «cada vez más chicas normalmente y deberían ocurrir más espaciadas en el tiempo».
- Acumulación de energía: Durante las décadas siguientes se mantendrá la sismicidad habitual de la zona, con magnitudes de 4 o 5. No obstante, señaló que «un par de siglos más adelante, quizás 100 años, 150 años más o quizás más tiempo, pueden tener todavía un terremoto de magnitud parecido en la misma zona».
Para concluir, el especialista indicó que, al finalizar las operaciones de rescate, el país requiere iniciar una planificación en materia de infraestructura y medición sismológica:
«Si ya este escenario pasó, hay que pensar en que pueda volver a pasar uno en el futuro, y eso implica tomar medidas, sobre todo en términos de construcción de edificios, de casas, para que todo el lugar sobreviva bien ante uno de estos eventos… Se tiene que reforzar la red sismológica local, tiene que haber un flujo más importante de información en general, hay hartas cosas que se tienen que ir haciendo para el futuro, y creo que una vez que pase esta fase de la emergencia, hay que ya comenzar a pensar en todo eso y la planificación que viene hacia adelante», sentenció.
