Un pacto global para salvar la educación mundial

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Padre General Arturo Sosa, sj. Archivo

«La propuesta del Papa Francisco estoy convencido que nace de su profundo deseo de contribuir eficazmente a poner los medios para propiciar un mejor futuro para toda la humanidad».

Así enmarca el Padre General de la Compañía de Jesús, Arturo Sosa, la iniciativa del Pontífice para salvar la educación ante la gran catástrofe mundial que padece, mucho más acentuada durante este tortuoso tiempo de la pandemia del Coronavirus.

Para Sosa la propuesta «tiene raíces muy profundas en las preocupaciones pastorales del Papa que ha expresado ampliamente en sus tres grandes encíclicas: Evangeli Gaudium, Laudato Sí y la más reciente Fratelli Tutti».

Reconoce que durante estos meses de confinamiento mundial «se han hecho esfuerzos inauditos para no retroceder en nuestros esfuerzos para mantener nuestros servicios educativos».

En ese sentido, agradeció desde el fondo de su corazón la entrega de todos para hacer posible ese esfuerzo «aunque sea a pie llegar a casa de los estudiantes porque no hay los medios electrónicos para seguir participando de esta relación educativa que no es solamente una instrucción sino que es todo un acompañamiento en todas las dimensiones de la vida que incluye el apoyar la comida de las familias».

Es hora de no decaer

Para el Superior General de los jesuitas en el mundo no es hora de decaer en esta tarea sino de profundizar aún más «nuestro compromiso en ese llegar a los sectores más vulnerables que han quedado por esta pandemia».

La Orden presentó en el año 2019, luego de un largo y profundo proceso de discernimiento, las llamadas 4 Preferencias Apostólicas Universales.

En esa onda, Sosa advierte que el pacto global que propone el Papa Francisco «están en perfecta sintonía con las Preferencias Apostólicas Universales que a él mismo le presentamos».

Estas inspiraciones animan mirar la propuesta desde las raíces que tiene en la experiencia de Dios «que llama y permite mostrar caminos hacia él».

Por otro lado, el pacto propone acercarnos a los descartados, excluidos y marginados, otra de las PAU, para junto a ellos luchar por la transformación de las estructuras económicas, sociales y políticas «que causan y sostienen la injusticia».

En este punto resalta la labor de la educación de la Compañía y de «Fe y Alegría que siempre está vinculada precisamente a hacer posible que las personas vivan como personas y que cualquier cambio de estructura tiene un fundamento necesario en una buena educación y de calidad».

También supone la capacidad de los jesuitas y sus colaboradores para acompañar a los jóvenes abriendo nuestro corazón a la escucha «para contribuir a promover ese futuro lleno de esperanza y que también incluye el cuidado de la Casa Común».

Una invitación exigente

El Padre General concluye indicando que la invitación de Francisco no solo se circunscribe a las congregaciones religiosas, instituciones educativas vinculadas a la Iglesia ni a La Compañía de Jesús.

«Es una invitación que dirige a toda la humanidad, a todas las naciones, a todos los pueblos, a todas las culturas para dirigirse a todos los seres humanos e invitarlos a construir esa gran aldea global educativa», precisa el jesuita.

En el caso específico de la Compañía remarca que es un invitación exigente del Papa «a todo nuestro cuerpo apostólico, no solo a los colegios y a las universidades de la Compañía, para ofrecer las mejores condiciones para una educación integral y para hacer una historia intergeneracional que valga la pena».

Llama a ser «valientes, a vivir la parresía del evangelio y a asumir la responsabilidad ciudadana de acompañar a las nuevas generaciones».

Por eso, en la festividad de la Virgen de Guadalupe, anima a que la firma del Pacto Global Educativo por parte de los jesuitas y laicos vinculados a la Compañía Universal no sea un mero acto formal sino un real compromiso por la educación.