“Una mano a San Javier”

Más de 60 exalumnos y sus familiares se acercaron para darle un cariño a la escuela San Javier en Mérida.

El recinto está ubicado en la comunidad de El Valle, municipio Libertador. Durante una semana, egresados de diferentes promociones provenientes de La Guajira, Caracas, Valencia, Maracay, San Cristóbal, Maracaibo, Mérida y otras zonas, se juntaron para desarrollar esta actividad.

Lisbeth Zambrano, habitante de Ejido, dijo a Radio Fe y Alegría Noticias que esta jornada se inspiróen el legado del Padre José María Vélaz y la Hermana Montes, quienes motivaron a cada estudiante “la inquietud de servir”.

Zambrano comentó que ya desde los años 80 se generó un espacio de encuentro entre aquellos que formaron parte del centro educativo para “abrazarse en familia y brindar ese calor que nos caracteriza”.

De allí nació el “Encuentro Nacional de Egresados”, el cual dio pie a la conformación de organizaciones como “Movesaj” (Movimiento San Javier)  y “Montevelistas” (en honor a la hermana Montes y el Padre Vélaz).

Estos encuentros sirvieron para compartir experiencias de vida; sin embargo, comenzó a cuajar la idea de sumar voluntades en beneficio del establecimiento que los acogió durante años y que, gracias al esfuerzo de los miembros fundadores y algunos ex alumnos, hoy es una realidad.

Zambrano explicó que el Rector actual del colegio les pidió apoyo para recuperar la estufa así como revisar la hospedería. Tras el diagnóstico, vieron la necesidad de limpiar las canaletas de los dormitorios, arreglar la fachada y las caminerías así como demoler espacios para recuperar material que se va a reutilizar.   

“Tuvimos colaboraciones de egresados que viven en España o en Estados Unidos; incluso algunos dieron poco pero con todo el cariño y sacrificio”.

Mauro Marcano, habitante de Quiriquire en el estado Monagas, contó a Radio Fe y Alegría Noticias su vivencia relacionada directamente con el padre fundador del movimiento que este año cumplió 64 años.

Mauro, de 59 años de edad, fue uno de esos muchachos que, junto al padre Vélaz, ayudó en la construcción del recinto educativo que una vez soñó el sacerdote jesuita.

Mauro tenía 17 años cuando lo invitaron a crear el taller de pintura y escultura que se inició en el centro de formación. “El padre nos incluyó en su sueño. Nos decía, ‘ustedes son velitas, pero si se juntan van a hacer una fogata que va a llenar a todos de esa alegría que tiene el corazón de Fe y Alegría‘”, recordó.

Marcano precisó que “todas estas piedras que están aquí. Tienen nombre y apellido porque las sacamos del río en la Culata”.

La primera promoción de San Javier, conocida como los 12 apóstoles, relató Marcano, tuvo el privilegio de fundar el centro educativo de Masparro en el estado Barinas, última gran obra en vida del padre Vélaz.   

“El padre tenía esa capacidad de unir a gente trabajadora. La hermana Montes fue como una madre para nosotros. Ella siempre nos apoyó en todo”.  

“Aquí todo los días se hacia la multiplicación de los panes ya que sin dinero, bajamos a Mérida y esa camioneta subía full. Teníamos la bendición de Dios, de alguien que nos cuidaba”, destacó.

El oriundo de Monagas envió un mensaje a la población venezolana:

“para hacer realidad las cosas, hay que soñar. La medicina que mueve al mundo son los sueños”.

Por su parte, para Guillermo Andrade, acercarse a su Alma Mater significó recordar los valores infundados hace más de 45 años.

De hecho, los fresnos que adornan la parte posterior del colegio fueron plantados durante los primeros años de San Javier.

“Por cada fresno que cortábamos ,sembrábamos 10, 50 y hasta 100 árboles. Luego traíamos las semillas para sembrarlos”.

Leydis Izturiz e Ingrid Arteaga, habitantes de Caracas y Valencia respectivamente, relataron a Radio Fe y Alegría Noticias parte de su experiencia que data desde hace 28 años.

Izturiz indicó que, tras la selección hecha en el colegio Presidente Kennedy de Fe y Alegría en Petare y con 12 años de edad, decidió, con el apoyo de su mamá, aventurarse a Mérida.

“Estaba totalmente deslumbrada ya que nunca había salido de Caracas. El viaje fue muy bonito. Al llegar aquí, sentí mucha hermandad”.

La formación académica la calificó como excelente, donde “los profesores siempre nos acompañaban en la enseñanza de cada día así como los cuidadores. Siempre nos enseñaron buenos modales”.

Isturiz comentó que cada uno aprendió a hacer lo básico (lavar, cocinar, tender la cama)  porque “no teníamos a mami que nos hiciera las cosas. Eso nos ayudó a crecer”.

Por su parte, Ingrid manifestó que lo aprendido en el colegio le sirvió para educar a su hijo que hoy día tiene 15 años de edad. Para Arteaga, recuperar el valor de la familia es fundamental en el país. 

“Aquí estamos colaborando todos, un granito de arena para mantener el colegio bello y así cuando lleguen los chamos, se queden sorprendidos. Debemos darle cariño a nuestros espacios”.

“Mucho amor en las casas. Es fundamental hablar con nuestros hijos. Hacer el bien sin esperar nada a cambio”, cerró Isturiz.

Falta mucho por hacer en San Javier, sin embargo, la última semana de agosto de 2019 quedará como testigo de la reunión de un grupo de personas que, sin conocer a los que vienen (como diría el padre Vélaz en su testamento), le dieron “una mano a San Javier”.