Una Palabra Oportuna No. 1785

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Oración de la mañana. Miércoles 18 de mayo de 2022.

Por Herlinda Gamboa. Narra Julitze Mayurel.

Cafecito de la esperanza en Tiempo de Pascua

Señor Jesús, necesito que me ayudes a comprender vivencialmente esta relación que se da entre la vid y los sarmientos. Una misma sangre de vida divina corre debajo de mi piel. Mi pobre, frágil y necesitada vida está sostenida y alimentada por tu Vida eterna. Deja que caiga de rodillas y adore “desde el tiempo” tu Eternidad; “desde mi finitud”, tu Infinitud y “desde mi pequeñez” tu Inmensidad. Eres la vid, haces llegar a los sarmientos el amor de Dios, el Espíritu Santo.

Nuestro café de esta mañana nos quiere hacer comprender la importancia de estar unidos a ti. Los sarmientos no son autosuficientes, sino que dependen totalmente de la vid, en ella se encuentra el manantial de su existencia. Nosotros insertados con el bautismo, hemos recibido el don de la vida nueva y podemos quedarnos en comunión vital. Lo esencial e importante de esta unión es vivirla, experimentarla, disfrutarla. Separarse es arrancarse, secarse Algo duele por dentro cuando me separo de ti, mi vida se va apagando, secando, muriendo. ¿Para qué sirven unos sarmientos separados de la vid? Sólo para alimentar el fuego.

El sarmiento unido a la vid, echa brotes, uvas. ¡Qué vida tan llena! ¡Qué responsabilidad tan enorme! Dios ha querido salvar el mundo contando conmigo. Si me separo ¡qué decepción para Dios! Esperaba frutos sazonados y los dio verdes con sabor  amargo. ¿Es ese el sabor que voy a dejarte, de mi paso por este mundo? A veces confundo el “fruto” con el “éxito”. El ´éxito” es visible y el tener éxito puede llevarme a la vanidad y la soberbia. “El fruto auténtico” es invisible. Sólo lo ve el Padre que observa en lo escondido. Haz que yo siempre me goce de la alegría que produce el poder agradar al Padre.

Gracias por hacernos partícipes de tu misma vida, nos quedamos un rato más  disfrutando de ese divino don que Tú nos has dado. Ayúdanos a dar buenos frutos, frutos de buenas obras. Quisiera al final de mis días morir como Tú: Con serenidad, paz, tomando entre las manos el libro de la vida para cerrarlo diciendo: ¡Misión cumplida! Y después descansar para siempre en los brazos del Padre.

Danos tu amor y gracia que eso nos basta. Amén. PAZ Y BIEN.

Con tu presencia Señor, saldremos fortalecidos.