El tachirense Andry Hernández, de 32 años, fue uno de los 252 venezolanos que estuvieron recluidos durante cuatro meses en el Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot), en El Salvador.
Tras vivir lo que describe como una de las experiencias más traumáticas de su vida, aseguró que ya no piensa en migrar y que su único deseo ahora es trabajar para demostrar, a través del maquillaje, el diseño y la actuación, que nunca fue un pandillero.
En entrevista con el programa Háblame Bajito de Radio Fe y Alegría Noticias, Hernández confesó que sueña con montar su propio estudio de belleza, dictar cursos, retomar su carrera como diseñador de modas y crear la fundación “Ángel de Dios” para apoyar a niños con VIH y cáncer.
Nunca estuvo libre en EE. UU.
El joven salió del pueblo de Capacho, en el estado Táchira, el 23 de mayo de 2024 rumbo a Estados Unidos, como lo hicieron miles de venezolanos en los últimos años, atravesando la peligrosa Selva del Darién hasta llegar a México.
Nunca logró estar libre en territorio estadounidense. Fue arrestado en agosto de 2024 al cruzar la frontera sur para asistir a una cita de asilo previamente agendada.
Estuvo detenido cinco meses y medio en el Centro de Detención Otay Mesa, en San Diego, y luego medio mes en Laredo, Texas. Allí creyó que sería deportado a Venezuela, pero en marzo de 2025 las autoridades lo trasladaron sin previo aviso a El Salvador, junto a otros connacionales acusados de pertenecer a la banda criminal trasnacional Tren de Aragua.
Aseguró que desde que pisaron el aeropuerto comenzaron los maltratos. “Fue una experiencia horrible, llena de golpes, amenazas e injusticia”, denunció.
Los tatuajes fueron su “pase directo a la cárcel”
Andry cree que los “secuestraron” y que fueron acusados injustamente de pertenecer al “Tren de Aragua” por su nacionalidad y que se usó como excusa que tenían tatuajes alusivos a los que usan los miembros de dicha organización criminal.
“Debemos entender que en todos los países hay gente buena y gente mala, y ahí queda claro que ‘pagamos justos por pecadores’”, lamentó.
En su caso, relató que nunca imaginó que los tatuajes en sus muñecas —con las palabras “mamá” y “papá” en inglés, acompañadas por unas coronas inspiradas en la celebración de los Reyes Magos de Capacho, en la que participaba desde los 7 años— terminarían siendo su “pase directo a una cárcel”.
El día a día en el Cecot
Durante los cuatro meses en la megaprisión de alta seguridad, compartió celda con otros 19 venezolanos, entre ellos otros tachirenses.
Describió que la rutina comenzaba entre las 4:30 y 5:00 de la mañana con conteos, seguido del baño, el desayuno, el almuerzo a las 11:30 y la cena a las 4:30, cuyo menú era arroz, tortillas, caraotas y pasta. El resto del tiempo hablaban, leían la Biblia y hacían ejercicios.
Ni familiares ni abogados pudieron verlos o confirmar su estado, aunque hicieron grandes esfuerzos para viajar al país centroamericano. “Fueron los cuatro meses más largos”, dijo.
Regreso a Venezuela
El 18 de julio de este año, tras un acuerdo entre Estados Unidos y Venezuela, él y los otros 251 compatriotas fueron trasladados a Caracas, lo cual no supieron hasta que vieron el avión de la aerolínea estatal Conviasa.
Al llegar al país, pasaron por chequeos médicos, se les aplicaron vacunas, realizaron exámenes sanguíneos y fueron llevados a un hotel donde se les hizo el proceso de cedulación antes de regresar a sus hogares.
“Volví a nacer”
Después de su paso por el llamado “cementerio de los muertos vivientes”, Andry aseguró que volvió a nacer.
“Ahora soy más maduro, consciente de la vida”, dijo. “Valoro hasta las cosas más comunes como un plato de comida, un abrazo, sentir el aire o escuchar a los pájaros, ver el cielo”, agregó,.
Manifestó que hoy más que nunca quiere luchar por los valores y los derechos de las personas. “Entendí que en las cárceles hay personas que de verdad son inocentes y que merecen una nueva oportunidad y alguien que luche por ellos”.
Reconoció que su salud mental, como la de muchos de sus compañeros, quedó afectada y que ya está recibiendo ayuda profesional para superar lo vivido.
A quienes piensan migrar, les recomendó pensarlo muy bien y organizarse, porque “por tomar decisiones apresuradas no vemos el peligro que podemos correr”.
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