Siboney Pérez, miembro de Psicólogos Sin Fronteras de Venezuela, advirtió que la salud mental de los venezolanos está deteriorada de forma generalizada, pero que los jóvenes entre 15 y 29 años, así como los adultos mayores, son los grupos con mayor riesgo al suicidio.
Durante una entrevista en el programa Háblame Bajito de Radio Fe y Alegría Noticias, señaló que, según el Observatorio Venezolano de Violencia, la tasa de suicidios en el país se incrementó desde la pandemia y se agudizó con la crisis económica.
Pérez explicó que, aunque las personas desarrollan conductas adaptativas para enfrentar los retos del entorno, la exposición constante al estrés debilita esa capacidad y genera sentimientos de impotencia, frustración e indefensión, lo que aumenta la vulnerabilidad tanto al suicidio como a otros trastornos de salud mental.
Un fenómeno multidimensional
La especialista recalcó que el suicidio es un “llamado dramático y desesperado de ayuda que quizás no tuvo eco en el entorno familiar o social”.
Detalló que un individuo llega a ese punto cuando han fallado todos sus mecanismos de adaptación y defensa psicológica, siente que las adversidades de su entorno lo sobrepasan y entra “en una especie de visión de túnel donde no hay salida”, dominada por la desesperanza, la soledad y la pérdida de sentido de la vida.
Aclaró que no siempre hay señales previas ni toda conducta suicida está planificada, y no todas las crisis emocionales llevan al suicidio.
“Va a depender de muchos variables, porque estamos hablando de un fenómeno que es multidimensional, donde va a haber aspectos biológicos, emocionales, psicológicos, contextuales, sociales, familiares e incluso espirituales”, profundizó.
Señales de alerta y formas de prevención
Sin embargo, en muchos casos sí existen alertas detectables, por ejemplo, cambios de hábitos o de ánimo, regalar pertenencias, decir expresiones como “no voy a hacerle falta a nadie”, “no tengo razones para vivir”, aislamiento , pérdida de apetito, descuido de la apariencia personal, etc.
Subrayó que la prevención es posible cuando se detectan estos patrones o señales de alarma tanto en el hogar como en la escuela o el trabajo.
Pérez insistió en la importancia de abrir espacios de comunicación, gestionar las emociones y acompañar a niños y adolescentes, interesándose por sus actividades, sentimientos y preocupaciones.
También llamó a retomar programas de prevención y atención en salud mental mediante políticas articuladas entre el sector público y privado.
Finalmente, recordó que quienes requieran apoyo pueden acudir a la Federación de Psicólogos de Venezuela, a los colegios de psicólogos en cada estado, a Psicólogos Sin Fronteras o a las escuelas de psicología de las distintas universidades, que cuentan con voluntarios y líneas de atención de primeros auxilios psicológicos para luego derivar a especialistas en caso necesario.
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