En el marco de un inicio de año 2026 marcado por la incertidumbre sociopolítica y la complejidad emocional en Venezuela, el padre José Francisco Aranguren SJ, superior de los Jesuitas en el Zulia, declaró que la fe no debe verse solo como un consuelo privado, sino como una herramienta de resiliencia colectiva para reconstruir la sociedad venezolana.
Para Aranguren, la fe no es un concepto abstracto, sino una herramienta de supervivencia emocional. “La fe es ese sitio para sentirse seguro y de donde sacar fuerza humana con la gracia de Dios”, afirmó durante una entrevista para el programa De Primera Mano de Radio Fe y Alegria Noticias.
Sin embargo, aclaró que esta fe no debe invitar al aislamiento, sino al movimiento, ya que, al unirse con otros, genera una energía que impide al creyente quedarse indiferente ante el sufrimiento ajeno.
A pocos días de la edición número 168 de la procesión de la Divina Pastora, el padre Aranguren utilizó esta manifestación de fe como una metáfora de la realidad nacional.
“Allí van a caminar todos, los que regresaron, los heridos por quienes se fueron, los que tienen mucho que agradecer y los que tienen mucho que pedir”, señaló.
Para el sacerdote, este recorrido refleja la convivencia en el país, momentos de sombra donde la gente se cobija, seguidos de pasos bajo un sol intenso que todos comparten. “Reconocer al otro es incluirlo, es expandir el corazón para caminar con quien piensa distinto, reconociendo su dolor y su fortaleza”, afirmó.
Según su visión, la procesión es un catalizador para expandir el corazón e incluir a quienes piensan distinto, superando las heridas que han cerrado muchos corazones en los últimos meses.
Ante la sensación de que muchas decisiones escapan del control ciudadano, como las negociaciones internacionales, el jesuita instó a las personas a distinguir entre lo que se puede cambiar y lo que no, enfocando las energías en la reconstrucción del entorno inmediato.
“Si nos quedamos solo con los micro relatos de cada quien, eso nos puede ahogar”, advirtió. El reto es apostar por proyectos a largo plazo y generar espacios seguros donde la gente pueda poner en palabras su experiencia sin miedo a ser juzgada.
El padre también destacó iniciativas como las redes de apoyo psicológico de la Universidad Catolica Andres Bello (UCAB) y los grupos de escucha comunitaria como signos de esperanza.
Pidió a los fieles que este miércoles, durante la festividad mariana, las plegarias cambien de tono pasando de una petición individual a una colectiva. Para Aranguren, la reconstrucción de Venezuela comienza cuando el “yo” cede espacio al “nosotros”, permitiendo que la fe guíe a un pueblo que, aunque herido, sigue decidido a caminar unido.
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