Abrirse a los «hermanos enemigos»

Archivo Jesuitas Lat.

El apostolado social de la Compañía de Jesús en Venezuela está conformado por obras y servicios en los ámbitos de la educación, estudios e investigaciones socio políticas, trabajo comunitario, construcción de ciudadanía, servicio y acompañamiento a migrantes y refugiados, así como el área de las parroquias eclesiásticas a cargo de los jesuitas, a través de su trabajo pastoral y humanitario.

Este miércoles 27 de enero los integrantes de estas instancias, entre religiosos de la orden y laicos comprometidos, lograron congregarse en el primer encuentro del año 2021, todavía desde la virtualidad.

El P. Manuel Zapata, Director de la Fundación Centro Gumilla y coordinador de este apostolado por los jesuitas en el país, explicó a través de Radio Fe y Alegría Noticias que este primer evento «fue para orar, reflexionar en torno a la encíclica Fratelli Tutti y a la figura de José Gregorio Hernández pero teniendo siempre como trasfondo el contexto del país».

Afirmó el sacerdote que desde ese discernimiento personal y en colectivo que iniciaron desde el encuentro detectan que Venezuela «necesita seres humanos que se abran a la fraternidad universal que implica abrirse a todos, a la ecología, a los hermanos que no quiero, a los que no conocemos y a los hermanos enemigos, con quien no queremos estar, que no soportamos, que nos han hecho daño».

Otro de los perfiles de esos «ciudadanos necesarios» para la recuperación de Venezuela es el relacionado «a hacer el bien porque haciéndolo nos beneficiamos nosotros, hay que vencer el mal a fuerza de bien».

Por esta razón en el encuentro se realzó la personalidad del nuevo beato venezolano. «No solo fue un hombre dedicado a la medicina, a la práctica médica, sino que también fue un gran humanista, entregado al servicio de los pobres, músico, sastre con unas cualidades de temple, de cercanía, abierto permanentemente a los otros y con amplia capacidad de servir, que fueron contribuyendo a que las cosas fueran mejores, y es lo que necesitamos en este país con seres humanos cualificados».

Zapata es conciente de que este «llamado para todos no es fácil, en medio de esta situación, decirse hermano, constituirse como hermanos, y es por eso que este llamado implica una conversión».

Un proceso personal que pasa por reconocer los errores propios, por comprender las actuaciones de los otros y abrirse al diálogo, a la solidaridad, a la cercanía, al no juzgar y a las posibilidades de la convivencia fraterna.