Aquel 11 de abril de 2002

Cortesía

Se cumplen 19 años de los sucesos que en su momento convulsionaron a todo el país. Una marcha civil, que luego cambió su rumbo a Miraflores, que terminó con 19 muertos y centenares de heridos, una fuerte represión policial y militar y la deposición momentánea por sus propios militares del presidente de la república Hugo Chávez, fueron los hechos más resaltantes de ese 11 de abril de 2002.

Varios han sido los relatos que se han contado para intentar explicar estos acontecimientos. Cada cual responde responde a una perspectiva sobre el credo político que se confiesa. Lo cierto es que los sucesos dejaron en vilo a todos los venezolanos. A medida que pasaban las horas de ese «fatídico» día, y en los subsiguientes, la incertidumbre se apoderaba de todos. Nadie sabía, ni siquiera los principales actores en «la revuelta, a ciencia cierta que vendría después.

Factores casados con la izquierda venezolana y con el oficialismo detentor del gobierno califican los hechos como un «golpe mediático» no solo contra el mandatario nacional de ese entonces sino también contra la institucionalidad democrática.

También se le ha llamado un atentado contra la Constitución Nacional, la que apenas tenía 3 años de haberse promulgado. Y algunas evidencias así parecen confirmarlo. Un empresario, presidente de la cúpula de Fedecámaras, Pedro Carmona Estanga, se auto juramentaba como presidente de Venezuela. Y también le cambió el nombre quitándole el apellido de Bolivariana. El propio Golpe de Estado, pues.

Pero en fin de cuentas, lo que ha quedado en la maltrecha sociedad venezolana es una profunda cicatriz de la cual aún se está lejos de sanarla. Y como diría Faitha Nahmens (*) lo que ocurrió «tirita como una culpa mal resuelta que se contabilizó como error táctico y se asumió, sospechosamente, como una crónica de muertes anunciadas».

Cada óptica privilegia el ángulo que más le favorece a su planteamiento para hurgar en lo profundo de las dolencias que esos sucesos dejaron en la ya sufrida alma nacional.

En los alrededores del Palacio de Miraflores el 11 de abril de 2002/Cortesía

Lo cierto es que, según lo relata el abogado Gonzalo Himiob, de la ONG Foro Penal, «de las 79 las investigaciones abiertas sobre las 19 muertes y los centenares de lesionados de esos días solo cuatro llegaron a juicio. Solo en dos de esos cuatro juicios se produjo condena. Esto no significa que se haya hecho justicia”.

En cuanto a la participación de supuestos francotiradores que habrían ejecutado con tenaz puntería a los marchistas también será asunto que permanezca, hasta ahora, en el terreno de las ambivalencias. “Nunca se abrió una causa sobre el asunto, nunca se inspeccionó o probó nada sobre el hotel Edén, nada”, agrega Himiob.

Es decir, como ha sido característico en estos últimos 20 años en Venezuela, a 19 años la impunidad sigue campante sobre estos hechos. Y los muertos aún no ha sido resucitados en la memoria colectiva de una nación en la que a veces se pierde hasta el nombre.

Lo malo es que esta historia continuará porque dicen los seguidores de la «revolución» todo 11 tiene su 13.

*https://elestimulo.com/climax/11-de-abril-la-historia-sin-fin/