“Aquí no hubo pérdidas de vidas, pero las afecciones psicológicas son enormes”

El temor a un nuevo crujido de la tierra ha transformado cualquier vibración en una señal de alarma.

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El estruendo de la tierra todavía resuena en la mente de los aragüeños. El doble terremoto registrado la tarde del pasado miércoles 24 de junio transformó la cotidianidad de la región en un escenario de alerta e incertidumbre. Aunque el saldo estructural se concentra en zonas específicas, el impacto psicológico ha calado de forma colectiva, dejando una estela de zozobra que se mide en noches en vela y miradas atentas al techo.

El balance material en la capital de Aragua es contundente: 90 edificaciones reportan daños en su estructura. En el casco urbano de Maracay, la infraestructura residencial sufrió un duro golpe con cerca de 60 viviendas afectadas de forma parcial o total. Sectores tradicionales como San Jacinto, La Soledad, Base Aragua, las residencias Luis XV y el Bloque 45 de Las Acacias forman parte de la cartografía del desastre.

A pocos kilómetros del epicentro de los daños, en el municipio Mario Briceño Iragorry, las paredes resistieron, pero los nervios no. Faride Uricare, habitante de la parroquia Caña de Azúcar, relató con voz pausada pero firme cómo la geografía del miedo unió a su comunidad.

“Aquí no hubo daños estructurales ni pérdidas de vidas, pero las afecciones psicológicas son enormes. Todos estamos asustados”, confesó Uricare a Radio Fe y Alegría Noticias. Recuerda con nitidez el momento exacto del evento telúrico. “Se sintió extremadamente fuerte. Los tanques de agua se derramaban y todos los vecinos salimos a la calle. Es la primera vez que vivimos algo así”.

La tensión se agudizó el jueves con una fuerte réplica que obligó a la comunidad a volcarse nuevamente a las vías públicas. El temor a un nuevo crujido de la tierra ha transformado cualquier vibración en una señal de alarma.

Desalojos y el pulso de la ciudad

El panorama a la redonda evidencia la gravedad del sismo. Uricare relató que en el vecino municipio Girardot las autoridades ordenaron el desalojo preventivo de un imponente edificio de 15 pisos ubicado detrás del diario El Siglo, cuya estructura cedió visiblemente.

El bloque 45 de Las Acacias y las residencias Los Mangos en la avenida Constitución también muestran las secuelas del sismo, mientras que en Turmero se reportó el derrumbe de una edificación.

A pesar de la magnitud de la emergencia, los servicios públicos esenciales en Caña de Azúcar han mostrado resiliencia. El servicio de internet se ha mantenido estable y el suministro eléctrico —fuera de los cortes programados habituales— opera con regularidad.

El servicio de agua potable por tuberías comenzó a restablecerse de manera progresiva el día de ayer, trayendo un alivio parcial a la comunidad. Asimismo, el suministro de alimentos para los sectores damnificados y desalojados ha fluido de forma constante.

Manos tendidas ante la emergencia

Más allá del miedo, la crónica de esta emergencia está marcada por el apoyo mutuo. Mientras la incertidumbre por nuevas réplicas mantiene en vilo a las familias que no sufrieron daños materiales, el espíritu solidario se ha activado con fuerza.

Muchos civiles se han sumado a las labores de los cuerpos de rescate. Es el caso de los familiares de la propia Faride Uricare, quienes se trasladaron hacia la localidad de Morón para llevar insumos y asistencia a las comunidades que sufrieron con mayor rigor los embates de este doble sismo.

Aragua se recupera lentamente del sacudón, con la certeza de que las estructuras dañadas se pueden reconstruir, pero el recuerdo de la tarde en que la tierra se duplicó tardará mucho más en sanar.

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