Deltanos dejan su salud en manos de Dios

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Foto: Archivo.

Johan Romero, un joven de 21 años de edad, vive en la Av. Guasima de Tucupita. La noche del pasado jueves 27 de junio tuvo que salir rápidamente de su casa para trasladarse al hospital “Dr. Luis Razetti” de la localidad: un fuerte dolor en el abdomen lo obligó.

Eran las 11:00 de la noche. Ya todos dormían en el hogar, menos Johan y su mamá. El dolor del joven no veía lo tarde que era. Tan pronto agarró un sweater, unas sábanas y una  almohada,  salieron a la calle para tomar un taxi.

“No pasaba ni un alma”, cuenta Johan.

Luego de dos horas, “con suerte”, lograron parar un auto. Se trataba de un señor de 50 años de edad, aproximadamente. Este los llevó hasta el centro de salud.

“Era un señor muy amable, nos cobró barato y eso que era tarde. Además se ofreció a buscarnos, y así fue, lo llamamos como a las 3:00 y pasó por nosotros, cobrándonos el mismo coste. Fue cosa de Dios”, relató Romero.

Ya estando en el hospital, la mamá de Johan buscó asistencia inmediata, pero no la consiguió. Tras  media hora, el muchacho fue atendido, cuando apenas una doctora  “apareció”.

“Hijo aquí no tenemos nada, no hay calmantes. Pero vamos a revisarte a ver qué tienes”, dijo la doctora, quien procedió a examinarlo.

“Me apretaba el estómago, el pecho, las costillas”, detalla el joven.

Los intentos por parte de la doctora no tendrían éxito, a lo que ella solo le recomendó  hacerse unos exámenes en los laboratorios privados, porque el hospital carece del mismo.

A Johan y su mamá no les quedó alternativa que regresarse a su casa. Eran las 3:00 de la madrugada, lo único que pudo valorar Johan esa noche fue la presencia del taxista, que fue como “cosa de Dios”.

“Regresé peor que cuando me fui al hospital, gracias a Dios tuvimos suerte con el taxista que nos llevó y nos trajo. Hasta me ayudó a caminar hasta la casa”, finalizó Johan Romero.

Cristian Medina / Radio Fe y Alegría