EDITORIAL | “Nos tenemos los unos a los otros”

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Foto: Radio Fe y Alegría Noticias.

Hoy es lunes 29 de junio de 2026. Se cumplen más de 100 horas del doble terremoto que nos cambió el mapa y el alma. Arrancamos una nueva semana con el corazón roto. Cada lágrima es expresión del desconsuelo que vive nuestro pueblo. Pensamos, especialmente, en quienes han perdido a sus hijos, a sus padres, hermanos, abuelos, tíos o primos… a sus vecinos, amigos, compañeros de trabajo, a sus mascotas. Gente que perdió sus hogares, sus pertenencias, todo.

Nos tiene el corazón roto cada grito de desespero de quienes aún guardan la esperanza de reencontrarse con los suyos, a los que no ven desde hace casi cinco días. Nos golpea cada respiración que se agita por el miedo que reaparece con cada réplica que nos remueve las entrañas, y cada silencio que delata la tristeza de nuestra gente.

Por eso, abrazamos con todas nuestras fuerzas a quienes sufren más directamente esta tragedia. Se los reiteramos: ¡no están solos! Seguimos elevando nuestras oraciones como gente de fe, con la certeza de que Dios acompaña y fortalece a cada hombre y a cada mujer que, después de estas más de 100 horas, sigue luchando por la vida de quienes aún respiran debajo de los escombros.

A quienes siguen en la zona de desastre les decimos: estamos con ustedes. En cada piedra removida, en cada soplo de vida que nos convence de que aún no es tiempo de darnos por vencidos. Sabemos que la incertidumbre les corroe; por eso queremos ponernos a su servicio, para acompañarlos y socorrerlos en todo lo que sea posible.

Y a quienes nos ven o nos escuchan desde las zonas del país que no sufrieron daño, pero que tienen el corazón roto como nosotros, les decimos: su tranquilidad y su serenidad hoy son la retaguardia del país. Venezuela nos necesita ordenados, cohesionados, coordinados y activos, creando redes de apoyo y administrando fuerzas para asistir a los que nos necesitan.

A los que están fuera y sufren la angustia aumentada por la distancia, les decimos que sabemos que, aunque estén lejos físicamente, sabemos que sus ojos y sus oraciones están puestos aquí, con nosotros.

Queremos reconocer y agradecer la valentía y la generosidad de tantos rescatistas, bomberos, médicos, paramédicos, funcionarios de Protección Civil y voluntarios. Llevan todas estas largas jornadas sin descanso. Hoy ustedes son el rostro de nuestra esperanza, almas persistentes que no nos han dejado rendirnos.

Llegamos al quinto día. Ya son más de 100 horas de emergencia y tenemos que reconocer algo: la rabia, la frustración, la desesperación y las quejas… son válidas. Es el dolor hablando y no hay que juzgar nuestra humanidad por tener la necesidad de expresarlo. Ya lo recordaba el libro de Job en las Sagradas Escrituras: ¿Acaso piensan censurar mis palabras y tratar como viento los dichos de un desesperado? No hay juicio para el tono del sufrimiento.

Pero a quienes ejercen responsabilidades en nombre del Estado venezolano, les recordamos que no bastan las buenas intenciones. En estas horas cruciales hace falta más que buena voluntad. Esperamos que asuman su obligación constitucional e institucional para liderar, proveer la logística mayor y garantizar la seguridad en medio de esta emergencia nacional. La Constitución es clarísima en sus principios fundamentales: el Estado tiene la obligación de garantizar y proteger la vida, la seguridad y los derechos de sus habitantes.

Por eso, a las y los funcionarios del Gobierno venezolano les pedimos que no pierdan de vista que los días por venir serán complejos. El socorro inmediato dará paso a la remoción de escombros, la reconstrucción y la atención a la salud pública. Para todo esto, es indispensable que el Gobierno sea transparente. Para tomar decisiones adecuadas en función del bien común, se necesita absoluta transparencia con las cifras, los recursos y los planes. La transparencia es la única fuente de confianza en estos momentos. Sin confianza, lo que reina es el caos.

Desde esta tribuna queremos invitar a la prudencia a todas las personas que nos escuchan, que nos ven y nos acompañan diariamente en nuestros espacios. Entendemos la desesperación y la frustración, pero necesitamos orden y coordinación. No es por la fuerza ni desde el caos como vamos a acelerar la ayuda; al contrario, hacerlo más difícil solo retrasa el auxilio.

Como advertía San Ignacio de Loyola en sus reglas de discernimiento, el mal espíritu altera, hace ruido y causa una turbación que nos impide ver con claridad. Hoy necesitamos la calma del buen espíritu para poder coordinar y salvar vidas. Así que vamos a hacer lo que sabemos hacer: fortalezcamos nuestras redes de cooperación comunitarias, vecinales, estudiantiles y ciudadanas, para ponernos al servicio de la nación de forma efectiva.

Queremos insistir en esto: entendemos la rabia, el dolor y la frustración que nos cruza el alma. Pero amplificar y replicar los insultos, los gritos y la confrontación no nos va a resolver nada. Enfoquemos toda nuestra fuerza en construir y aportar soluciones.

Mis queridos amigos y amigas de Radio Fe y Alegría: asumamos nuestra responsabilidad ciudadana, tanto con lo que consumimos en redes como con lo que compartimos. Nuestros estados de WhatsApp, nuestras publicaciones en Instagram, TikTok o X… ¡pongámoslos a disposición de la comunicación de servicio! Démosle sentido de utilidad. No demos espacio a la réplica de contenidos escabrosos, ni de audios o videos alarmistas; no alimentemos la violencia verbal.

La carta a los Efesios nos exhorta explícitamente: Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación. Llevado a lo práctico: la información útil salva vidas; en cambio, el rumor, el morbo y la violencia destruyen la salud mental colectiva.

Gente querida, vienen días largos. Debemos tener claro que la solidaridad no es un sentimiento, sino un acto, una acción concreta. Con nuestros pocos panes y pocos peces, reeditemos el milagro de la multiplicación para que alcance para todos. Hay muchas necesidades, y habrá muchas más en los próximos días. El apoyo es y será necesario. Estemos listos y prestos para sumarnos.

Arrancamos esta semana con el corazón roto, pero con la seguridad de que nos vamos a reponer. Nos tenemos los unos a los otros, y además, Papadios o Mamadiosa —como usted prefiera— está con nosotros.

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