«El diputado 14» que pocos conocen en La Guaira

Leonardo Vásquez, sube una de las tantas pendientes cargado de agua.

Leonardo Dionicio Vásquez Rodríguez de 61 años, un zuliano nacido en la Laguna de Sinamaica en la Guajira venezolana, llegó a La Guaira, a la comunidad de Pariata cuando tenía 7 años junto a su familia en busca de oportunidades.

Desde hace 20 años y después de vivir en varios sectores logró establecer su hogar en el sector Los Claveles, de la parroquia Maiquetía.

La familia -en casa- está conformada por: su esposa, sus dos hijas -una de ellas le dio su primera nieta- un hijo con su esposa y otra nieta. Ocho (8) personas en total.

Este hombre trabaja en la sede administrativa de la Gobernación de La Guaira como mensajero, pero más allá de llevar encomiendas, aprovecha sus conocimientos para brindar apoyo y orienta a las personas que llegan a la sede gubernamental buscando información.

«El diputado 14»

Leonardo cuenta que en unas anteriores elecciones legislativas donde elegían a 13 diputados, luego de los resultados oficiales, los mismos vecinos y algunos políticos que reconocen su trabajo voluntario, decidieron bautizarlo como «El Diputado 14».

Sus ganas de ayudar, su bondad y solidaridad lo han hecho merecedor del reconocimiento, que para él es un curul en la sociedad. Siempre hay alguien en la comunidad que lo necesita y siempre está él para ayudar y por eso es merecedor del reconocimiento colectivo.

Parte de esa ayuda que le presta a los vecinos, es buscar agua a balde, porque el servicio es deficiente y no llega a las casas.

Calmar la sed

Cuando no le toca trabajar como mensajero o no tiene que salir temprano del trabajo, de lunes a jueves le dedica un tiempo valioso a la búsqueda de agua potable.

La mayoría de las veces sabe a cuál sitio acudir para poder abastecerse de agua, una faena que comparte con decenas de personas de la Parroquia Maiquetía. Desde hace más de un año y medio no les llega el servicio por tubería al sector Los Claveles, denuncia el señor Leonardo.

“Yo fui quien logré conseguir un tubo para colocarlo en la esquina de la panadería, para que la gente pudiera agarrar agua cuando la mandan”, manifestó Leonardo a Radio Fe y Alegría Noticias asegurando que le ha hecho el llamado al encargado de Hidrocapital y no reciben respuesta.

En busca de la felicidad

Nos unimos a la faena con el señor Leonardo para visibilizar y ser testigos de la difícil situación que tienen que enfrentar decenas de familias para encontrar agua.

Algunos de los barrios que hay que pasar para llegar a encontrar el agua son: Jabillo, Vilachá, El Rincón, Piedra Azul   

En una carretilla con cauchos desgastados monta cuatro bidones plásticos que acomoda en dos cestas amarillas bien amarrados, para aprovechar mejor el espacio y equilibro.

La primera parada la hicimos en el “Tanque de la INOS” en el sector Vilachá, un pequeño lugar que pertenece a Hidrocapital y en donde se aprecia una larga cola de personas con la esperanza de poder llenar sus tobos de agua.

Ante la incertidumbre que representa el no saber si hay agua y para evitar perder tiempo, nos movemos montaña arriba hasta la comunidad “Piedra Azul”, uno de los lugares donde los mismos habitantes aprovechan las bondades de la naturaleza para hacer unos pozos que se llenan de agua de manantial.

Las mismas personas se organizaron para colocar tuberías dirigidas a algunos barrios cercanos y la administran según la abundancia del agua del río. Este punto de distribución estaba cerrado.

La otra opción era llegar a un pequeño caserío llamado “Gavión” y que para llegar hizo falta caminar unos 15 minutos más.

Al llegar al lugar finalmente pudo llenar sus cuatro bidones de agua, cada uno con capacidad para 23 litros, y con la suerte de solo tener a una persona por delante, que compartía la misma necesidad.

Una manguera amarrada a un bloque rojo en el suelo, permite el llegue más agua.

Ahora el regreso

El regreso es más complejo, más pesado y más lento, a pesar de que la mayoría del camino es en bajada, sus zapatos tipo botas -un poco desgastados-, sirven de freno para la pesada carga.

Parte del camino es angosto
En gran parte del recorrido hay innumerables escalones

Como parte del retorno y para evitar que se bote el agua, debe bajar 2 bidones para poder pasar la carretilla de forma más segura y rendir la energía del cuerpo. En el trayecto muchos lo saludan con su apodo «El Diputado».

En un par de oportunidades se tomaba descansos de unos 3 minutos para tomar agua en su pote de refresco, secarse el sudor, acomodarse el tapabocas; que como sabemos no ayuda mucho con la respiración.

Como una hora y treinta minutos después, llegamos a su casa donde lo espera su hija menor “Chiqui” quien muchas veces lo acompaña, lo ayuda a descargar los bidones, que tanta falta les hace.

En muchos casos, lo agarra la noche pues repite la faena dos y hasta tres veces al día.

El mercado que ayuda con la papa

Leonardo Dionicio es un fiel creyente de Dios, cada 11 de febrero participa en largas caminatas para rendirle honor a la virgen Nuestra Señora de Lourdes, una devoción considerada, en el estado La Guaira como la más importante fuera del suelo europeo.

La peregrinación en La Pastora, en Caracas, hasta Maiquetía en el estado La Guaira, atravesando el cerro El Ávila, a través del llamado Camino de Los Españoles.

Leonardo acomoda en su mesa parte de las frutas y verduras que le regalaron los campesinos

Los días viernes y sábado aprovecha la llegada de varios comerciantes campesinos, que venden frutas, verduras y hortalizas en el sector Montesano, para ayudar a limpiar, montar mesas, guacales y organizar la faena de venta.

Ayudar de esta manera a estos campesinos, le garantiza parte de los alimentos que quedan sin vender –algunos un poco aboyados–, pero que terminan siendo la dieta de su familia y la de algunos vecinos. También los comparte con los más cercanos.

Con su fiel amiga –la carretilla– que le sirve para poder montar hasta tres cestas de frutas y verduras, finalizada la noche. Y emprende camino a su hogar, en un trayecto entre una hora y dos horas caminando; el peso de la carga marca el tiempo.

Hay que luchar para conseguir la comida

Dentro de la administración pública, Leonardo recibe sueldo mínimo, unos 7 millones de bolívares y una pensión otorgada por el programa de gobierno “Amor Mayor”, cuenta mensualmente en su bolsillo con 14 millones de bolívares, unos 4.46 dólares a tasa del Banco Central de Venezuela.

“Cuando no tenemos para comernos las tres comidas, nos comemos una o dos. Yo prefiero que coman los niños, uno puede aguantar”, dice con resignación.

A su criterio, los responsables de la distribución de alimentos a través de los Comité Locales de Abastecimiento y producción (Clap), no están cumpliendo con el llamado del presidente Nicolás Maduro de garantizar de forma más seguida la bolsa de comida.

Exhortó a las autoridades para que le metan el ojo, a los responsables de vender y entregar las bolsa del Clap, en su mayoría compuesta de carbohidratos, pero que para él representa de mucha ayuda.

Pies reventados en pandemia

Semanas atrás, a consecuencia de las largas caminatas y de un calzado no adecuado, le salieron ampollas y heridas en los pies. Ante ello, el remedio más efectivo, según cuenta, es la sábila, después de lavarse bien los pies aplicó cristales de la penca y luego a descansar.

Para él, el día del padre es todos los días, los sacrificios se hacen a diario.

Sus pies pálidos y con marcas, señal del cansancio.

Al ser parte del privilegiado grupo de la tercera edad, para Leonardo es muy importante cuidarse del contagio del coronavirus, usa tapabocas y un pequeño pote de alcohol que volvió parte de su rutina.

El pasado miércoles 17 de junio, le llegó el tan esperando mensaje a través del sistema patria para colocarse la vacuna contra la COVID-19, al día siguiente contó que luego de horas dentro de las instalaciones del polideportivo de La Guaira, les informaron que las vacunas se habían agotado.

Dijo que espera ir los próximos días para ver si corre con la suerte de colocarse la primera dosis de la vacuna.

«Todavía me queda energía»

Con 61 años se considera un muchacho de 15 años, porque tiene energía para seguir caminando y luchando, confiesa que caminar tanto le ha ayudado a mantenerse en buena condición física. Aunque para nada justifica precariedad de vivir sin agua.

Leonardo finalmente descansa sentado en una silla de la cocina de su casa.

“Caminar es bueno porque te mantiene el corazón en movimiento”, agregó. Si te achantas, te acuestas y no haces nada, te oxidas. insiste.

A pesar de lo rudo que puede ser su día a día y las condiciones en las que vive, manifiesta que se siente feliz y pleno, y como buen zuliano Anhela comer un patacón. Un regalo ideal este día del padre.

Feliz día, Leonardo Dionicio. Feliz día para los que como tú dejan el pellejo -literalmente-, para hacerle la vida más llevadera a sus familias.