“El Nabarima está a tiempo de ser rescatado”

Foto: Tal Cual

El tanquero Nabarima ha sido noticia en las últimas semanas en el país. Y no precisamente porque viene cargado de buenas nuevas. Se encuentra varado en las aguas del Golfo de Paria, Sucre, desde un poco menos de un año. El riesgo de que se hunda y con ello el derrame de cerca de un millón y medio de barriles de petróleo atemoriza a más de uno.

Para el ambientalista Alejandro Álvarez el barco es usado como “depósito flotante…no tiene motor, no puede moverse por sí solo y por lo tanto tiene que ser arrastrado por otras embarcaciones”.

La evidencia actual es que se ha ido inclinando “tal vez por fallas de mantenimiento”. Pero cuestiona la opacidad informativa por parte del gobierno ante el riesgo latente. Revela que el tanquero es propiedad compartida entre PDVSA y la italiana ENI.

Riesgos latentes si el barco se hunde

Entre los riesgos ambientales que este escenario representa, Álvarez advierte, con el calificativo de “extremadamente grave por la gran cantidad de petróleo que allí se encuentra”, que si se llegara a derramar el crudo que el buque contiene la mancha del mineral pudiera extenderse hasta otras costas venezolanas como las de Carabobo, Falcón e incluso hacia otros países como las de México, haciendo un recordatorio de lo que ha sucedido con otros accidentes de esta naturaleza años atrás.

De los primeros sectores negativamente impactados, en caso de que esto ocurra, salta el turismo por esas zonas, con la afectación inmediata de las playas, y los ecosistemas acuáticos “porque además no tenemos idea de cuánto saldrán afectados los arrecifes y ecosistemas marinos”.

Los daños tóxicos pueden ser múltiples y complejos porque pueden perjudicar a distintos ecosistemas en diferentes tiempos. Es decir, unos perjuicios surgirán de inmediato, otros a mediano plazo y otros en un largo lapso de tiempo.

El mismo consumo de peces contaminados por el hidrocarburo por parte de los pobladores o turistas puede ser una de las peores consecuencias si el buque llegara a voltearse completamente.

Además de la escasa información por parte del gobierno el ambientalista también reprocha que no se hagan las debidas y respectivas investigaciones de los especialistas sobre la materia. Valora el esfuerzo de investigadores de la USB, UCV, UDO y otras universidades y movimientos ecológicos pero su trabajo resulta insuficiente “cuando el mismo gobierno no investiga y por eso no tenemos muy claro qué es lo que ha ocurrido con la industria petrolera y sus impactos ambientales a lo largo de estos años”.

Cortesía

Por fortuna el Nabarima está a tiempo de ser rescatado. En ese sentido, países como Brasil y Trinidad y Tobago no solamente están vigilantes de lo que suceda con la embarcación sino que han ofrecido su ayuda para el rescate de la misma con sus propios equipos humanos y técnicos también para extraer el petróleo que tiene dentro.

Para el también representante de la ong de derechos ambientales Clima 21 este tipo de hechos lo que refleja es el deterioro progresivo de la gestión de los ecosistemas en el país. “La libre destrucción de los ecosistemas va a afectar a las personas produciendo mayor número de pobreza, mayores índices de indefensión de la vida de las personas”.

Catástrofe nacional

A este panorama lo llamó una “catástrofe nacional en el momento en que estamos viviendo una emergencia humanitaria compleja en Venezuela”.

Los efectos de este cuadro dramático que expone Álvarez se traducirán en la disminución de la disponibilidad de alimentos provenientes de estas fuentes así como la reducción de las oportunidades de trabajo como es el caso de los pescadores “ya que o no encontrarán los reservorios de peces o los que encuentren están contaminados”.

Menciona el ejemplo de lo que ha ocurrido con el ecosistema del lago de Maracaibo, totalmente destruido en la actualidad “luego de 80 años de contaminación por mercurio derramado por las petroleras y la industria petroquímica…es un sitio biológicamente muerto”.

Otro de los casos que reseña, registrado en el presente, es la constante filtración de fluidos tóxicos de la refinería de El Palito que afecta a las costas y manglares de Carabobo y Falcón.

Para el biólogo es clave que los ciudadanos nos activemos “aunque ahorita es muy difícil porque todos estamos muy afectados”. Sin embargo, destaca la importancia de luchar y gestionar las garantías del también derecho humano de poder contar con un ambiente sano.

“Si no tenemos un ambiente sano nuestra vida corre peligro”, concluye.