Elecciones regionales en Chile: la gran derrota para la derecha

Claudio Orrego venció en Santiago, una de las gubernaturas más disputadas en el balotaje. Foto: BBC

Más de 13 millones de chilenos fueron llamados a las urnas este domingo para elegir a los primeros gobernadores de las 16 regiones de Chile en la segunda vuelta electoral.

Es la primera vez que los chilenos escogen a sus líderes regionales, pues los intendentes eran designados por el Ejecutivo, por lo que estas elecciones suponen un paso histórico hacia la descentralización.

Tres de las 16 regiones del país no celebraron una segunda vuelta, pues los ganadores fueron elegidos con más del 40 % de los votos: el independiente Rodrigo Mundaca, en Valaparaíso (centro); la socialista Andrea Macías Palma, en Aysén (sur), y el izquierdista Jorge Flies, en Magallanes (sur).

Gobernadores electos por región

La centroizquierda chilena se convirtió en la gran vencedora de las elecciones regionales que se celebraron en segunda vuelta este domingo, en las que obtuvo la mayor parte de las gobernaciones, incluida la de Santiago de Chile, con el 99,9 % de los votos escrutados.

Arica y Parinacota: Jorge Díaz Ibarra (PDC)
Tarapacá: José Miguel Carvajal (Partido Comunes)
Antofagasta: Ricardo Díaz (Independiente)
Atacama: Miguel Vargas (Independiente)
Coquimbo: Krist Naranjo (Independiente)
Metropolitana: Claudio Orrego (PDC)
O’Higgins: Pablo Silva (PS)
Maule: Cristina Bravo (PDC)
Ñuble: Óscar Crisostomo (PS)
Bío Bío: Rodrigo Díaz (Independiente)
La Araucanía: Luciano Rivas (Independiente)
Los Ríos: Luis Cuvertino Gómez (PS)
Los Lagos: Patricio Vallespín (PDC)

“Asumimos este triunfo con mucha humildad y con un tremendo sentido de responsabilidad. Levantar a la Región Metropolitana después de la pandemia va a ser una tarea muy difícil”, afirmó Orrego, que batió en la capital a Karina Oliva (47,27 %), del Frente Amplio (FA), una izquierda más radical.

Oliva, por su parte, declaró que pese a la derrota su bloque “ha crecido” y que “es importante” que mantenga “la unidad, la fuerza y la organización, pero sobre todo la convicción intacta” de que la región y el país “pueden ser mucho más justos y democráticos”.

Derrota de la derecha y baja participación

La derecha oficialista, en tanto, fue la gran perdedora: su apuesta para Santiago quedó descartada por mucho en primera vuelta y solo logró en balotaje imponerse en la región de la Araucanía.

Fueron solo 2,5 de los 13 millones de personas convocadas los que acudieron a las urnas para elegir a los gobernadores y los resultados se leyeron con el ojo en las elecciones presidenciales del próximo 21 de noviembre.

La participación en estas elecciones, que se celebraron en pleno pico de la panemia de la COVID-19 y con toda la capital confinada, fue la más baja desde el retorno a la democracia en 1990, de un 19,6 %, muy por debajo del mínimo que se registró en las municipales de 2016, cuando solo votó el 34,9 % del padrón.

Desde que el voto dejó de ser obligatorio en 2012, ninguna elección ha superado el 50 % de participación, a excepción del plebiscito del pasado octubre, cuando sufragó el 50,9 %.

Los elegidos, que tomarán posesión el 14 de julio para un periodo de cuatro años, podrán convertirse en autoridades con alta visibilidad y, en muchos casos, en contrapoderes territoriales al centralizado Santiago.

Sin embargo, sus atribuciones están muy acotadas a ámbitos como el ordenamiento territorial o el impulso al desarrollo social, siempre en función del presupuesto nacional, lo que les deja poco margen de acción.

Fuente: El Comercio, AS de Chile