En Fe y Alegría llevamos 66 años siendo todos maestros

Fe y Alegría 2021
Somos todos maestros

Es 5 de marzo de 1955. Venezuela está sumida bajo una férrea dictadura militar. La pobreza campea por todo el país. Y Caracas, Catia, el barrio Gato Negro, no son la excepción. El sacerdote jesuita José María Vélaz, un grupo de seminaristas, estudiantes de la Universidad Católica Andrés Bello y la «generosidad del pobre», personificada por Abraham y su esposa Patricia, le ponían vida a un corazón que aún late por la educación popular en el país.

Así Fe y Alegría arrancaba con su primera escuela en la casa de los Reyes. «Y empezaron a llegar ríos de niños. Las clases comenzaron sin pupitres, sin pizarrones, sin mesas, con cien niños y adolescentes sentados en el piso. Como eran muchos para una sola maestra, dividieron la sala con unas tablas en dos aulas. Diana y Carmen, dos muchachas del barrio de apenas quince años y con sólo el sexto grado de primaria, fueron las primeras maestras. No sabían cuándo ni cuánto les iban a pagar. Así nació Fe y Alegría».

Y hoy esa semilla se ha diseminado por 22 países en todo el mundo. El grano de mostaza que estos precursores sembraron se ha multiplicado con creces. Y seguirá ramificándose, de eso estamos seguros.

Al Dios de la Fe que mana esperanza siempre renovada y vigente, al Dios de la Alegría que levanta nuestras defensas, de la Alegría que nos evita el contagio que traen los «virus» del odio y el desamor, al Dios de la Vida, sencillamente le ofrecemos nuestra profunda gratitud por tanto bien concedido en este caminar con los demás.

Lo mejor de Fe y Alegría es su gente

Para el que luego se transformaría en el Movimiento de Educación Popular y Promoción Social, lo mejor que tiene es su gente. Así lo repetía constantemente el Padre Vélaz. Y vaya que durante este devenir histórico de Fe y Alegría, su identidad, su originalidad, su propuesta educativa y comunicacional, no se hubiese fraguado si su gente de carne y hueso no existiera, la que sufre, que también llora de alegría y se conduele de los demás.

Personas maravillosas que se han hecho maestros con sus estudiantes. Seres humanos prodigiosos que se van formando en el día a día, en el afán constante del aprendizaje, con otros y desde los otros.

Y esos son nuestros maestros, joyas y vasijas preciadas de nuestro Movimiento que no descansan. Que también en este tiempo difícil, duro, de confinamiento y extremas limitaciones y dificultades, retador, han sabido estar al nivel del compromiso que supone ofrecer una educación de calidad.

Ellas y ellos se han venido entregando en medio del temor que también ha generado la pandemia. Han impregnado a nuestros programas de Escuela, Instituto Radiofónico, Centros de Capacitación Laboral y Educación Universitaria, de un tesón inigualable.

Con ellos y ellas hemos venido construyendo nuevas maneras de organizarnos, de planificar las estrategias pedagógicas, de acompañamiento a estudiantes, participantes, oyentes, familias y comunidades.

En fin, estos «héroes» han ratificado una vez más su apuesta para preservar el derecho universal a una educación de calidad.

Pero reconocemos que aún siguen ganando muy mal. Continuamos con nuestras campañas de reclamo y exigencia a las autoridades venezolanas para que definitivamente, y sin más dilaciones, concedan un salario digno para estos profesionales, los más importante de un país.

Este 2021, luego de tres años suspendida, hemos retomado la rifa de Fe y Alegría. Pero en esta ocasión nos vimos inspirados a implementarla desde la virtualidad.

Muchísimos han sido los click que ustedes le han dado a sus computadoras o teléfonos para la compra de los boletos. A todos y todas, mil gracias. Pudimos haber vendido muchos más pero también entendemos las circunstancias económicas que todos padecemos.

Los fondos recolectados de la rifa se destinarán principalmente a nuestros educadores con la finalidad de atender algunas de sus necesidades más apremiantes.

No lograremos alcanzar a cubrir todos esos requerimientos pero seguiremos haciendo esfuerzos, junto con otros aliados institucionales y sociales, para seguir acompañando a nuestros maestros.

Por eso, cuando arribamos a 66 años, solo por la obra y gracia de Dios, decimos que Somos Todos Maestros.

Son el Espíritu del Movimiento, son parte esencial y principal combustión de ese «incendio» que aún se mantiene en Fe y Alegría a partir de aquel chispazo inicial de 1955 y que «nos permite abrir nuevas oportunidades, garantizar derechos y transformar nuestra casa común en un mundo mejor para todas y todos».