Escuelas de Lara: desmanteladas y abandonadas

La crisis de la educación en Venezuela es cada vez más compleja. Las escuelas del país se encuentran en condiciones deplorables, sin calidad en los servicios públicos, desmanteladas y en el abandono. Una cruda realidad que golpea al sector educativo venezolano. 

Aunque el ministro de educación, Eduardo Piñate anunció que está preparando el año escolar 2021-2022 y aspiran, si se cumple el plan de vacunación, retornar a clases presenciales en el mes de octubre, el deterioro de las escuelas frena esta posibilidad. 

En el estado Lara, más del 90% de los planteles educativos no cuentan con las condiciones mínimas de infraestructura para un reinicio de actividades escolares, según informó Luis Arroyo, presidente del colegio de profesores en la entidad. 

Foto: Narayana Torres | Centro de educación al oeste de Barquisimeto.

Arroyo explicó que es imposible que se retorne a la presencialidad en las instituciones educativas de la región debido a que no hay garantía de vacunación a la población estudiantil y personal docente. Las escuelas y  los colegios no están en condiciones óptimas, y los maestros siguen percibiendo salarios muy bajos que no les alcanza para cubrir sus gastos básicos. 

“La educación en Lara en materia de infraestructura, dotación, carencia de materiales didácticos, laboratorios y servicios está en el piso. Más del 90% de las instituciones no están en condiciones en estos momentos para la continuidad y reinicio de actividades escolares”, dijo. 

Manifestó que en Lara hay una deserción estudiantil de más del 50% en los niveles de educación inicial, primaria y básica, Los estudiantes abandonaron las aulas de clases para dedicarse a actividades laborales o porque han emigrado del país junto a sus familiares. 

“Realmente es triste porque no hay futuro. La mayoría ha abandonado o migrado para ayudar a sus familias en el quehacer y mantenimiento del hogar”, agregó. 

servicios públicos: no hay 

En un recorrido realizado por algunas instituciones educativas en la ciudad de Barquisimeto, se pudo constatar la realidad que enfrentan y el estado de abandono en que se encuentran las escuelas y colegios de la capital larense. 

El centro de educación inicial Javier, ubicado en la zona oeste de la ciudad, presenta muchos problemas de infraestructura, que se agudizaron con la pandemia por la COVID-19. 

La institución tiene los techos, las  paredes y el piso dañado. Además que los baños no están en condiciones mínimas para que los puedan utilizar los niños.  

La directora de esta institución, Carelis Pichardo, informó a Radio Fe y Alegría Noticias que han realizado las diligencias ante el organismo regional y la zona educativa de la entidad para solicitar ayuda en los arreglos de infraestructura para el centro, pero no han tenido respuesta. 

“No hay mantenimiento de la infraestructura y el deterioro  ha sido mayor que en oportunidades anteriores porque teníamos ayuda del jardinero, el obrero, vigilante y docentes que estábamos pendientes de hacer reparaciones pequeñas y la limpieza de las instituciones”, alegó Pichardo.

En este sentido reportó las fallas en materia de servicios públicos que limitan el trabajo educativo, ya que tienen problemas para la conexión a internet, no hay señal de telefonía y tampoco energía eléctrica porque se robaron el cableado.  

La profesora aseguró que “es imposible trabajar, por más que tú quieras venir y estar dentro de las instalaciones tomando las medidas necesarias. También es un limitante porque no podemos trabajar, ¿sin internet qué hacemos aquí?”.

Puntualizó que las maestras que trabajan en el centro educativo han buscado todas las formas y maneras de seguir prestando una educación de calidad a los más pequeños. Aunque no cuentan con el apoyo del Estado. Hay que sumar la precariedad con la que viven producto de los bajos salarios. 

Delincuencia también hace de las suyas

La ausencia de personas en las escuelas ha sido un factor determinante para que amigos de lo ajeno se aprovechen de la soledad e ingresen a los planteles a desvalijar las instituciones y llevarse los equipos de laboratorio, material didáctico y demás bienes educativos.  

Este es el caso de la escuela bolivariana San Francisco Javier, que desde la suspensión de las actividades presenciales por la pandemia ha sufrido seis robos. 

Beatriz Bellares, subdirectora de la escuela, informó que se han llevado computadoras, materiales de oficina y demás recursos que había en el plantel. 

“Nosotros, en la parte administrativa no estamos en condiciones de trabajar, estamos trabajando prácticamente con las uñas. Los salones tampoco están en condiciones porque no hay material”, dijo. 

Foto: Narayana Torres | Centro de Educación inicial vandalizado

En Lara aún no se ha implementado un plan de seguridad para el resguardo de las escuelas. Aunque algunos directivos afirman que existen “cuadrantes de paz” para vigilar las instituciones, no se aplica en ningún plantel de la entidad. 

Es por esta razón, que algunos directores han optado por idear su propio plan de contingencia para resguardar los equipos de las escuelas, bien sea guardando los materiales y equipos en sus hogares o en las casas de algún miembro del personal administrativo.

“El material más valioso fue resguardado en casa de algunos miembros del personal de aquí, llámese administrativos o docentes. Los pizarrones, computadoras y demás están en resguardo. Prácticamente aquí queda solo la planta física”, comentó el director de la escuela Dr. Leonardo Ruiz Pineda Uno, en Barquisimeto.

Los profesionales de la docencia consideran que es necesario que los organismos del estado inviertan en la educación. Dotar a las instituciones de materiales y equipos pedagógicos para prestar una buena educación es fundamental. 

Los maestros dicen que es triste cómo se ha venido deteriorando la educación en el país y aún permanece en sus corazones la esperanza de que la situación mejore y más adelante de poquito en poquito se pueda reconstruir el sistema educativo en Venezuela. Que en las escuelas se vuelvan a escuchar los gritos y las sonrisas, el chillido de los pupitres y el correteo de la alegría en los recreos. Que las escuelas no sean sinónimo de abandono y destrucción, sino que represente una nueva oportunidad para soñar con un país diferente. Un país en el que la educación sea siempre la prioridad.