Gestión emocional y su importancia en Venezuela tras el doble terremoto

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Foto: Referencial.

El doble terremoto no solo fue un sacudón visible de la realidad del país, sino una réplica constante en la salud mental de los ciudadanos: la incertidumbre, la angustia y el malestar se han mudado a los hogares venezolanos de forma colectiva. Ante este panorama, es vital encender las alarmas de la salud emocional.

La doctora Gabriela Mesa, especialista en psicología, afirmó a Radio Fe y Alegría Noticias que el primer paso para no quebrarnos es, precisamente, aprender a sentir.

Según ella, lo principal en estos momentos es validar y reconocer la emoción. No hay nada de malo en sentir tristeza, rabia, miedo o impotencia; es la respuesta natural de nuestro diseño humano ante eventos que nos confrontan profundamente.

Mesa destacó que las emociones van a ir cambiando y lo peor que podemos hacer es pelear contra ellas. Solemos exigirnos vivir en un supuesto bienestar continuo, pero el verdadero bienestar empieza por darnos permiso para desregularnos temporalmente, para luego buscar las herramientas que nos devuelvan el equilibrio.

Prácticas efectivas

La doctora Gabriela Mesa habló sobre algunas prácticas efectivas en este momento de luto nacional.

Hay que discernir entre lo alcanzable y lo incontrolable: hay cosas que simplemente no están en nuestras manos modificar. Una frase clave para este momento es: “Encárgate de lo posible y déjale a Dios lo imposible”.

Volver al cuerpo: Cuando los pensamientos agobien o la emoción se desborde, hay que dejarla salir. Si hay necesidad de llorar o gritar, hay que hacerlo. Posteriormente, se debe activar el cuerpo mediante el ejercicio, la actividad física o la respiración consciente (inhalar en 4 tiempos, sostener y exhalar en 6 tiempos).

Anclarse en el presente: Sentar firmemente los pies en el piso ayuda a estar en el “aquí y el ahora”. En estos días, la mente tenderá a viajar al pasado o a proyectar el futuro, escenarios que dificultan la regulación emocional.

Buscar el refugio comunitario: Esto no es un proceso individual, es un impacto colectivo. Por ello, se hace indispensable abrir espacios con personas cercanas para conversar, no necesariamente para debatir de política o buscar soluciones complejas, sino para drenar, expresar lo que se siente y escuchar al otro. Sincronizar con la comunidad alivia el peso.

En conclusión, en tiempos de crisis no se trata de fingir una fuerza que no se tiene, sino de tener la valentía de abrazar nuestra vulnerabilidad. Darse el espacio para orar, llorar, gritar y sentir es el camino para luego regresar al presente. En días como estos, la recomendación final nos invita también a aferrarnos a la fe y a la comunidad; recordar que, tomados de la mano de Dios, es posible hallar la fortaleza y la serenidad necesarias para transitar la tormenta y recuperar la calma.

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