Es una de las mejores actrices de Venezuela. Su nombre es sinónimo de calidad, pero también es historia de la cultura televisiva y teatral venezolana. Aunque sus primeros pasos los dio en el programa de comedia Radio Rochela entre los años 1983 y 1984, su consolidación como actriz empezó a florecer con el rol de Nancy en la telenovela Cristal (1985). Se trata de Gledys Ibarra, la de los ojos verdes, la mujer trabajadora, honesta y sensible que abrió su corazón para Radio Fe y Alegría Noticias.
El encuentro con la actriz no fue fortuito. Desde hace más de un año se hizo la diligencia, pero los tiempos no jugaron a favor. No obstante, esta vez sí se pudo y la emoción llegó con un mensaje que decía: “entrevista con Gledys el viernes 19 de septiembre a las 10:30 de la mañana en el Centro Cultural Chacao una vez que termine la rueda de prensa de Ana María Simón y Albi de Abreu”.
Y así ocurrió. Un poco antes de que Simón y Abreu culminaran su encuentro con los medios, llamaron a Gledys al centro de la sala. Los aplausos para los tres no se hicieron esperar. Ella también aprovechó la ocasión de decirle a la prensa, en medio de risas, que en sus reseñas le echaran una “tiraíta” a que ella se presentaría al día siguiente con su stand up comedy Yo no quiero reencarnar.
La conversación con ella ocurrió con un par de cafés en mano, en la misma sala experimental, acompañadas con un poco del ruido del ambiente como tal y dos idas del servicio eléctrico que no impidieron en seguir adelante.
Se sonríe fácil. Sus ojos verdes también sonríen y se aguarapan de tanto en tanto cuando se expresa. Es de hablar pausado -inclusive con cierta timidez y sosiego-, piensa bien lo que va a decir y, aunque sobre sus hombros tiene uno de los personajes más emblemáticos de la telenovela venezolana, es también una mujer que la fama no la arropa. Sí, esa es Gledys Ibarra, pero también es Eloína Rangel (Por estas calles), Luna Camacho (Amores de fin de siglo), Patria Mía (Cosita rica) y La Diabla (Ciudad bendita), solo por nombrar algunos de sus personajes.
Gledys agradece con los brazos abiertos
¿Cómo está Gledys Coromoto actualmente?
(Sonríe). “Procurando lo mejor que se puede estar, porque con el paso de los años las expectativas van cambiando y también pierden ferocidad y si pierden ferocidad hay también una baja de la ansiedad que genera la expectativa. Estoy bien. Agradezco con los brazos abiertos lo que viene y también con los brazos abiertos para lo que se tenga que ir y me encanta que la vida me siga permitiendo la oportunidad de estar con el público, el de acá y el nuevo que voy conociendo en distintos lugares. Eso es una bendición para cualquier actor y yo cuento con esa bendición”.
¿Qué queda de la Gledys que nació y se crió en Catia?
“Queda mucho, pero no soy la misma persona de hace tres o cinco años. Sin embargo, hay licencias que se van quedando dentro de la crianza. Hay memorias que se quedan en tu vida, así como olores y sabores. Hay pedazos del pavimento que quedan. De esa Gledys de Catia quedan muchas cosas, pero que también se construyó con el paso de los años. Hay una esencia linda que está ahí, familiar, la memoria de mis tías, la escuela”, expresó con orgullo, agradecimiento y mucho brillo en sus ojos.
¿Has vuelto a Catia?
(Sonríe). “Sí, siempre vuelvo. Ahí siguen mis tías”, dijo.
Su abuela Felicidad le aseguró que ella sería una gran artista
Gledys Ibarra empezó a demostrar su talento por las artes desde que estaba pequeña. Cuenta que en su familia lo veían normal, pero su abuela, de nombre Felicidad, vio en ella algo extraordinario. Un día le dijo al oído: “Tú eres artista, mi amor. No lo olvides”.
Felicidad falleció antes de ver el triunfo de su nieta en el mundo artístico.
“Creo que desde algún otro nivel hay una cierta licencia y debe estar feliz, pero si no lo sabe entonces se lo diré cuando me reencuentre con ella”, expresó entre carcajadas y nuevamente con el brillo en su mirada.
Tu rostro, tu trabajo, tu entrega, demuestran tu calidad profesional. ¿De verdad sientes que naciste para el arte?
“Pienso que sí porque hay un momento en la vida del ser humano en que se manifiesta lo que a lo mejor vinimos a hacer aquí. Quizás lo reconoces en un momento posterior. Yo me siento tan feliz cuando estoy en el escenario, cuando estoy construyendo un personaje, cuando le entrego mi piel, mi rostro y espíritu a un personaje, a una historia, y también cuando estoy pintando. Creo que la manifestación del arte es parte de mi historia, de lo que yo vine a hacer”.
La telenovela Cristal le dio la oportunidad de su vida como actriz
Más de 20 telenovelas en tu haber, pero ¿Qué significó Cristal para ti?
Antes de responder esta pregunta, Gledys recordó con gratitud sus primeros pasos, de esas apariciones que hizo como extra, los cuales sin duda, le abrieron las puertas y oportunidades para los roles que posteriormente interpretó.
“Ese personaje resultó ser un salto cuántico en mi carrera porque a partir de ese momento y, desde las primeras escenas de “Nancy”, mis compañeros me empezaron a ver diferente. Algo vieron (sonríe con satisfacción) y desde entonces mi carrera se convirtió en ascenso y que agradezco en quien tuvo la gentileza de confiar en mí sus personajes”.
En ese instante el personal del recinto recoge sillas, cables, hay bulla de ambiente. También varias personas estaban a la espera para saludar a Gledys.
Continuamos…
Tres personajes, tres mujeres que son pedazos de Gledys…
Tienes tres personajes que están en la historia de la cultura televisiva venezolana: Eloína Rangel, Patria Mía y La Diabla. ¿Qué queda de estas tres mujeres en la vida de Gledys Ibarra?
“Esos personajes están hechos con pedazos míos. Esas mujeres, primero que nada, fueron madres. Además, trabajadoras, con un rigor con respecto a la integridad, con lo ético, pero también son pedazos de la mujer venezolana y es por eso que son entrañables. Al igual que “Luna Camacho”. La belleza de esos personajes están hechas de fragmentos de cada mujer venezolana y yo no me quedo afuera de la ecuación”, dijo.
Además, son personajes que en la actualidad no se pueden llevar a la televisión venezolana por la censura…
“Pero es que ya no hay telenovelas. Eso es muy rudo no solo para mí como actriz porque una igual continúa, pero es que desaparecimos ante los ojos del público. Desaparecieron sus novelas, su compañera de las 9:00 de la noche, desapareció la historia que acompañó a la familia a servir la cena. No estamos hablando solo de actores, sino de una tradición familiar que va mucho más allá”, expresó con cierta nostalgia, pero también con la fe de que los dramáticos sí regresarán.
Aunque Gledys está clara en algo: si bien los tiempos cambiaron y la tecnología es la actual líder, piensa que el formato televisivo volverá porque la gente sigue añorando su telenovela, que “es como un miembro más de la familia”.
¿Qué significó para ti Radio Caracas Televisión?
“¡Mucho! Y Radio Rochela también. Por muchas cosas, aunque los primeros pasos en televisión los di en Venevisión, específicamente en Sábado Sensacional, pero en Radio Caracas comencé a tener las oportunidades como actriz y voy un poquito más allá: inicié en Radio Rochela y lo menciono en el show (Yo no quiero reencarnar).
Año 1984, ¿cierto?
“Creo que en el 83. ¡Hace un bojote de años!” (carcajadas).
¿Qué le diría la Gledys actual a la Gledys de sus inicios?
(Respira profundo, hace una pausa y sigue)…
“Es complicado. Tengo que pensar bien bajo qué circunstancia le voy a hablar a esa Gledys porque cada niño y adolescente pasa por diferentes momentos de su vida. Si me consiguiera con la Gledys temerosa, la que duda si efectivamente tendría la oportunidad de hacer algo en TV, yo le diría: ‘no tengas miedo, dame la mano y vente que lo vamos a hacer juntas y seguramente que cualquier intento saldrá bien”, expresó.
Adicionalmente, comentó que a esa Gledys de años anteriores le enseñaría que un paso va luego del otro, pero que si se consigue con la Gledys que pensó en lo difícil que sería criar a dos niñas mientras hacía una carrera, le hubiese dicho: “quédate tranquila, ¡sí se puede!, deja los nervios. Será hermoso, ellas van a crecer viendo el esfuerzo de su mamá por sacar adelante una carrera tan difícil”, expresó con un par de lágrimas que intentaron asomarse.
Con personajes exitosos y con lo que implica la fama…
“Si tengo que decirle algo con respecto a la fama, le diría que tuviese cuidado porque es efímera y se puede terminar. El trabajo se queda, es cierto, y se entrega hasta el fondo lo que necesita un personaje para que le llegue al alma de la gente. A eso es lo único que apostamos para que recuerde con gusto, con amor”, comentó.
Nuevamente regala sonrisas con todo su ser.
Si bien tienes éxito en Londres, ¿qué sientes hacer teatro en tu país y para tu gente?
“Es maravilloso, porque no es reencontrarme con mi público, sino es agradecerle que siga allí, que compre un ticket para verme. Eso lo agradezco enormemente porque pudieron olvidarme, pero que no lo hayan hecho es un privilegio. Ahora estoy tratando de moverme con la vertiginosidad que va cambiando el hecho escénico.
Con esto, Gledys Ibarra se refiere a su incursión en el stand up comedy con su pieza Yo no quiero reencarnar, que cuenta con la tutoría del humorista Laureano Márquez. Narra que nunca imaginó hacer comedia sobre las tablas, porque este tipo de puestas en escena tienen sus propias normas y rigor, con sus límites y libertades que se deben conocer.
Hace dos años montaste la obra La Monstrua, una pieza dura, y en la rueda de prensa comentaste que no era una obra para reír…
“Es una obra densa, dura, aunque tenía mucho tiempo coqueteando con el stand up comedy, no me había atrevido, pero estuve estudiando a La Monstrua durante casi tres años. Cae en mis manos a través de una alumna mía en clases de actuación en Londres. Ella me dio el libreto y leyó un paisaje porque les pido que me traigan (a sus clases) dramaturgia latinoamericana para explorarla. Ella llegó con La Monstrua, me impactó, llegó la pandemia y me quedé rebotando en esas líneas”, aseguró.
Comentó que una vez que culminó la pandemia, decidió convocar a un equipo de trabajo para montar definitivamente a La Monstrua. “Se supone que hoy en día avanzamos humanamente y es todo lo contrario: seguimos haciendo bullying y la burla al otro como punto de risa y no es para reírse. Si a alguien le está molestando algo, si le está haciendo sufrir, ya deja de ser gracioso. Nada justifica lo que pasa allí, pero es la consecuencia psicológica también”, resaltó con seriedad.
Una mujer que sale adelante aunque a veces el dolor toca a su puerta
Para cerrar, has pasado por momentos muy duros. Hace siete años falleció tu hija mayor y hace poco más de dos años denunciaste un asunto familiar en las redes sociales. ¿Cómo se sigue adelante ante una pérdida así? ¿Crees en el perdón?
Sus ojos asoman otra vez un par de lágrimas, pero éstas no la sabotean y sigue.
“Sí, definitivamente, porque de lo contrario no se podría seguir adelante (con el perdón). No sé cómo se vive con algo así. Hay algo sobrenatural y comienzas a entender la pérdida desde un lugar distinto y, desde ese lugar distinto, entonces comienzas a avanzar”.
Hace una pausa.
Prosigue y comenta que los dolores “están detrás de la puerta, acechando, pendientes de algún sonido, algún aroma. Te ataca y te deshaga, yo me dejo deshacer, no importa, me vuelvo pedazos y después respiro profundo y digo: ‘ok, dolor, ya te di tu espacio. Déjame recoger mis pedazos porque tengo que salir adelante”.
Gracias, Gledys.
“A ti, amor. A ti”.
Y la conversación terminó con una fila de periodistas esperando para tomar algunas declaraciones y/o saludos a la eterna Eloína Rangel, Patria Mía y La Diabla.
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