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Grietas y hundimientos: las fachadas que dejó el doble terremoto en los hogares de Boca de Aroa

El doble terremoto que sacudió a Venezuela el pasado 24 de junio dejó secuelas devastadoras en el estado Falcón. La parroquia Boca de Aroa fue una de las zonas más golpeadas, registrando un saldo preliminar de 87 viviendas afectadas y un total de 252 personas damnificadas, quienes hoy no solo enfrentan la pérdida de sus hogares, sino también el trauma psicológico de la catástrofe.

Detrás de las cifras oficiales del reciente sismo en Falcón, se esconden historias devastadoras como la de Leonidas Bonilla, habitante del sector Cayumar —una localidad del municipio Silva ubicada entre Morón y Tucacas.

“Se abrió este hueco… En todas esas grietas y esas calles partidas, fue arena con agua que salió desde debajo”, relató Bonilla a Radio Fe y Alegría Noticias, describiendo el proceso de licuación del suelo que hundió tanto la fachada como la parte trasera de su hogar, provocando además el desplome de la pared del frente.

Al momento del sismo, Bonilla se encontraba fuera de la vivienda y tuvo que correr a rescatar a su esposa e hija, quienes habían quedado atrapadas en una habitación, para luego auxiliar a su madre y hermanos, uno de ellos con discapacidad. Hoy en día, su familia se ve obligada a refugiarse en un solo cuarto, el único espacio que consideran estructuralmente seguro.

Servicios afectados y respuesta comunitaria

El impacto de los temblores también golpeó severamente los servicios públicos de la costa oriental falconiana. En la comunidad de Cayumar se reportó la caída de numerosos postes y transformadores eléctricos.

Ante la emergencia, la comunidad organizada y cuadrillas de la Corporación Eléctrica Nacional (Corpoelec) ejecutaron labores conjuntas para restablecer el flujo eléctrico y acelerar las labores de apoyo en la zona.

Entre el trauma y la incertidumbre del reasentamiento

A días del desastre, el impacto psicológico mantiene en vilo a los pobladores. El temor a las réplicas y el constante movimiento percibido no deja dormir a las familias de la zona.

“Estamos como traumados. Uno se queda un ratito y siente que así sea un carro que pasa, nos asustamos. Pasan noches sin dormir porque se siente que la tierra se vapulea constantemente”, bonilla.

A pesar de que los damnificados confirman haber recibido atención inmediata por parte de las autoridades a través de la entrega de alimentos y medicamentos, la incertidumbre sobre el futuro de sus hogares sigue latente.

Los habitantes exigen con urgencia que se lleven a cabo las inspecciones técnicas finales para determinar si las 87 viviendas dañadas pueden ser recuperadas o si la comunidad entera deberá ser reubicada a una zona segura de forma permanente.

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