El Instituto Venezolano Suizo Henri Pittier, ubicado en la Hacienda Santa Teresa, en el estado Aragua, busca incrementar la participación femenina en formaciones técnicas industriales, donde actualmente representan una minoría pese a su buen desempeño académico y disciplinario, explicó Leonardo Cordones, director académico del centro.
Durante una entrevista en el programa Háblame Bajito de Radio Fe y Alegría Noticias, Cordones señaló que desde 2012 esta iniciativa —bajo la tutela del Instituto Nacional de Cooperación Educativa Socialista (Inces)— forma a jóvenes entre 14 y 18 años en áreas técnicas como electromecánica industrial, electricidad de mantenimiento industrial y mecánica de mantenimiento industrial. Hace dos años también incorporaron la formación en secretariado administrativo.
Indicó que solo 7 % de los casi 600 jóvenes formados desde 2012 han sido mujeres, aunque en los procesos de aspirantes recientes la presencia femenina ha aumentado. “El año pasado, de casi 300 aspirantes, el 23 % fueron del género femenino”, precisó.
Los estereotipos frenan la contratación
Cordones lamentó que las empresas aún muestran resistencia a contratarlas, ya que de ese 23 % de aspirantes mujeres, solo 5 % fue contratado, lo que atribuyó a temores y estereotipos que persisten en el sector industrial.
Además, comentó que durante las pasantías las estudiantes suelen ser asignadas a áreas administrativas, de planificación o almacén en lugar de a los talleres, lo que les genera frustración.
Destacó que las aprendices suelen mostrar mayor dedicación, responsabilidad y atención al detalle, cualidades que considera valiosas para el trabajo en áreas metalmecánicas. También resaltó que desde 2012 no se ha registrado ningún retiro ni comité disciplinario de participantes femeninas.
No obstante, las mujeres pueden ganar entre 20 % y 30 % menos que los hombres haciendo la misma ocupación, debido a prejuicios relacionados con la fuerza física o la disponibilidad para trabajar en determinados horarios.
“Las mujeres y los hombres no somos iguales, eso es una realidad, pero sí tenemos que tener las mismas oportunidades”, expresó.
Formación con impacto comunitario
El proceso de ingreso al instituto dura tres meses e incluye pruebas académicas, vocacionales, de habilidades manuales y de orientación espacial, además de talleres y conversatorios para que los aspirantes conozcan las exigencias de la formación.
Cordones enfatizó que el programa también busca impactar positivamente en las comunidades. Desde su creación, el instituto mantiene un acuerdo con la alcaldía para que al menos 30 % de los estudiantes provenga del municipio, lo que contribuye a dinamizar la economía local.
Asimismo, los jóvenes deben desarrollar un proyecto comunitario para graduarse, generalmente orientado a reparaciones eléctricas o metalmecánicas en las escuelas donde estudiaron.
Un estudio realizado entre 2017 y 2018 evidenció que muchos egresados logran aportar recursos económicos a sus familias tras culminar la formación.
El instituto mantiene alianzas con diversas empresas que colaboran con donaciones y contratación de los egresados, lo que facilita la inserción laboral de los jóvenes formados en estas áreas técnicas.
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