Todo comenzó con un sueño, literalmente. Aunque Valentina Peña no se considera una persona mística, hace poco más de dos años, mientras cursaba la mitad de la carrera de Psicología en Valencia tuvo un sueño en el que se vio a ella misma tejiendo y fue cuando decidió crear Kovve Crochet.
Desde hacía algún tiempo, Peña estaba evaluando opciones para emprender y cubrir sus gastos, por lo que ese sueño le dio el impulso que le faltaba para iniciar su camino en el tejido que hasta el momento veía lejano.
Con 25 dólares en el bolsillo y luego de ver tutoriales en Youtube para aprender a tejer, fue a una mercería a comprar los materiales. Las primeras piezas que tejió fueron un top y un tulipán para practicar. Pero, su emprendimiento inició realmente con la venta de 12 abejitas.
“Hice en total 12 abejitas de tamaños medios, una más grande con el material que me alcanzó y tenía todo eso, yo dije: ‘bueno, algo tenemos que vender’. En ese momento yo me fui a Maracay y le dejé mis cosas tejidas a mi mamá, entonces mi mamá con su grupo de amigos vendió todas las abejitas. Hubo una persona, una amiga de mi mamá que le compró seis abejitas, entonces para mí fue ver cómo gustó”, relató.
Con el dinero de sus primeras ventas, Peña invirtió en más materiales y le presentó la idea a su papá, quien comentó entre su grupo de amigos el emprendimiento de su hija. Luego de esto, Peña recibió el encargo de dos ramos de tulipanes.
“Era un pedido grande y mi primer pedido personalizado. Yo me dediqué a hacer esos tulipanes, tardé como dos semanas. Lo armé como podía porque no sabía de arreglos de flores, pero me instruí todo lo que pude y así fue que vendí. Eso fue en septiembre, un mes después, en octubre, ya estaba posteando las ofertas de más abejitas tejidas porque era lo que mejor se me daba”, contó.

Poco a poco fue perfeccionando su técnica de manera autodidacta y, paralelamente, su emprendimiento también comenzó a crecer, recibiendo pedidos que van desde ramos de flores hasta amigurumis, un término japonés que describe el tejido de pequeños muñecos mediante técnicas de crochet.
Principales retos en Kovve Crochet
Sin embargo, esto trajo como consecuencia los primeros retos para Valentina en su negocio: aprender a cuidar su salud y hacer una mejor distribución de su tiempo.
“Tejer implica hacer tensión con las manos, me puede dar tendinitis, aunque yo hago ejercicio para las muñecas. Hace una semana me dieron temblores en las manos por la cantidad de trabajo y de horas que yo tejo. La espalda duele un montón, la cabeza, los ojos (…) Ahorita estoy haciendo un amigurumi de 18 centímetros, llevo tres días y todavía no lo termino, pero por cada día tejo aproximadamente seis o cinco horas solo ese amigurumi. Y luego de que termino esa jornada, paso al siguiente. Cada pieza necesita dedicación”, expresó.
Otros de los desafíos que enfrenta Valentina con su emprendimiento son la dificultad para conseguir variedad de hilos y el poco valor que algunas personas le dan a su trabajo.
“Los nichos de regalos y de personas que compran cosas tejidas, la gente menosprecia el trabajo que lleva por detrás. Hay personas que creen que tejer es rápido, simple y no te agota y eso no es así. Entonces es educar a la gente de lo que implica un arte manual como lo es el tejido y el crochet”, dijo.

En estos dos años de su camino como emprendedora, Valentina ha tenido épocas donde ha tejido que tejer de madrugada y balancear los libros de psicología con las madejas de hilo, pero también ha cosechado logros tangibles.
Al respecto, ha tejido 20 amigurumis en apenas 10 días y ha creado piezas de hasta 40 centímetros lo que ella describe como “recuerdos y regalos eternos”.

“Hay un amigurumi que una vez tejí, que es el más grande que he tejido, midió 40 centímetros, me tardé un mes en hacerlo, es un pony precioso. Hasta el último día de la entrega yo estuve tejiendo lo. Significa mucho para mí porque es el recuerdo de la inexperiencia, yo busqué muchos tipos de materiales en el cual realizarlo y ahorita puedo detectar que utilicé el menos ideal pero que en ese momento era el que tenía a la mano y llevó mucho material. Casi no tuve ganancia de ese tejido, lo que más pude ganar fue aprendizaje”, comentó.
¿Cuáles son sus metas?
Al consultarle cuáles son sus metas con Kovve Crochet, Valentina fue tajante: llegar a todos los rincones de Venezuela con su arte.
“Es un poco idealista, pero no me parece imposible. Todo el mundo quiere inmortalizar algo, qué mejor que inmortalizar a una chica que se va a graduar y que tenga un amigurumi con el vestido que usó en su graduación. La posibilidad de la personalización en amigurumis, en ramos, en todo, es lo que puede hacer que este emprendimiento llegue más allá”, afirmó.
La joven emprendedora se graduó como psicóloga de la Universidad Arturo Michelena hace pocos días. Entre sus objetivos resalta fusionar sus dos mundos a través de la “arteterapia”, además de dar cursos de tejido para las personas que quieren crecer económicamente y ampliar los servicios que ofrece en Kovve Crochet que hasta ahora funciona como tienda online en Valencia.
“Para mí, tejer abre oportunidades (…) Hoy en día tejer es mi escape, para tejer necesitas mucha paciencia, pero me da tranquilidad tejer. Haciendo cosas me siento eficiente, productiva, además que crear todas las cosas que he creado en estos dos años me hace sentir muy orgullosa y no sólo del emprendimiento como tal, sino de mis manos, de la calidad del talento que puedo ver en lo que hago. Yo sé que puedo mejorar más y espero mejorar más, pero por ahora es lo que me han mantenido es todo este pensamiento me ha mantenido firme en continuar”, mencionó.

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