La radio sigue siendo un poder en Venezuela

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Día mundial de la radio
Imagen referencial

Jacinto vive con su esposa y sus 7 hijos en un caserío de Valle de La Pascua, en el llanero estado Guárico. Tiene una parcela con 3 vacas que ordeña todos los días bien temprano. A las 4 de la madrugada sale con tres compañeros que nunca le abandonan. Guardián, el perro de toda su vida, el tobo para recoger la leche y un radio de pila, ese, el que cuelga en un palo mientras realiza su faena.

A las 4 y 30 ya se encuentra en el potrero. Es verdad que de vez en cuando recita una que otra tonada mientras ordeña, parecidas a las que entonaba el tío Simón y que ponían las emisoras del país. Pero para Jacinto lo más importante, junto a extraer el líquido blanco de sus vacas que venderá luego, es escuchar las noticias por la única radio del pueblo que las transmite aunque ya no escucha llamadas de los oyentes que opinaban sobre “algo”.

En Caracas, en el barrio Los Sin Techo, muy cerca del centro de la ciudad, está Lucía. A las 5 de la mañana se activa porque tiene que ir a trabajar en el mercado popular. Ella vende hortalizas. Prende a bajo volumen el radio de la cocina, para no despertar a sus 3 hijos, mientras prepara un guarapo que se parece a un café. No tiene mucho dinero para comprarse uno de marca. Lo que más le interesa a Lucía es conocer las noticias de economía, incluyendo el precio del dólar. A veces se decepciona de los pocos noticieros que consigue porque “informan todo lo que hace el Gobierno pero no lo que sufre uno, el pobre”.

En Venezuela es innegable que el mapa mediático ha sufrido un cerco monumental que ciertamente va achicando la incidencia de los medios de comunicación en la sociedad. Las acciones censuradoras del actual gobierno, a través de subterfugios legales y también de arbitrariedades que han conllevado al cierre de radios, suspensión de programas de opinión y hasta educativos, “a lo mero macho”, no solo han reducido a la más mínima expresión la labor de la radiodifusión sino que además, y es lo peor, han vulnerado el derecho del ciudadano a estar informado y a opinar.

El reconocido periodista venezolano Javier Barrios apunta que en Venezuela “en estos momentos existen varios modelos de radiodifusión. Hay un modelo privado de radios, AM y FM, que pertenecen a bancos, sectores comerciales o iniciativas privadas”.

La mayoría de estas radios, señala Barrios, están afiliadas a la Cámara Venezolana de la Radio. Pero advierte que muchas de estas emisoras han sido objeto de robos de equipos, antenas, transmisores “y esas inversiones y tecnologías han sido difíciles de reponer y renovar por sus altos costos y muchas quedaron apagadas”.

Menciona también las radios educativas y de corte social, como las pocas que sigue administrando la Iglesia católica y las de movimientos educativos como Fe y Alegría. Radios que en estos dos años de la pandemia han jugado un papel protagónico para las actividades académicas de los estudiantes de todos los niveles.

Precisa además que según la Cámara de Radio en la actualidad solo quedan al aire un poco más de 220 emisoras radiales. El mapa radiofónico se sigue restringiendo.

Solo en el 2021 la Comisión Nacional de Telecomunicaciones, mediante varios procedimientos administrativos, ordenó el cierre de al menos 7 emisoras regionales, lo que dejó a los ciudadanos de estados como Cojedes, Portuguesa y Barinas, por nombrar algunos, sin la oportunidad de contar de otros canales para informarse. La mayoría de estas estaciones clausuradas transmitían programas de noticias, de entrevistas y de opinión, calificados por el ente gubernamental como supuestamente atentatorios contra la institucionalidad del país y sus autoridades.

Estas políticas restrictivas del Estado venezolano contra los medios de comunicación, y específicamente contra las radios, definitivamente denotan que este tipo de mass media sigue siendo uno de los de mayor poder de incidencia hasta en los rincones más recónditos del país. Y este “poder” se torna peligroso para gobiernos de sello autoritario como el actual.

El Estado venezolano tiene su propio aparataje de radios “públicas” con Radio Nacional de Venezuela como la más emblemática, incluyendo estaciones pertenecientes a algunas gobernaciones y alcaldías. Pero su capacidad de difusión también es limitada.

La radio venezolana ha tenido que reconfigurarse para, como dicen algunos analistas, sobrevivir mientras pase la tempestad. Salvo algunas redes nacionales que aún quedan vigentes, como el circuito Unión Radio, FM Center y Radio Fe y Alegría Noticias, que siguen ofreciendo programaciones informativas y de opinión a lo largo y ancho del país, cada cual con sus particularidades, y que también han recibido advertencias gubernamentales, en las entidades las emisoras locales en general se han visto obligadas a solo colocar música, atenidas también a la retransmisión de alocuciones oficiales del mandatario nacional y de los gobernantes regionales, recurriendo, ilegalmente, a un articulado de la Ley de Responsabilidad Social en Radio, Televisión y Medios Electrónicos.

Pero, por lo pronto, Jacinto y Lucía tienen que conformase con ese tipo de radio, mientras esperan que el país cambie.

PD: Valentina y su esposo van en su carro por la autopista regional del centro, con sentido a Caracas. Escuchan la radio de “la autopista”. Se enteran que la vía está trancada por un tiroteo entre policías y bandas de delincuentes. Seguiremos informando.  

*Este artículo originalmente fue publicado en el portal digital del Observatorio Venezolano de Fake News a propósito de celebrarse este 13 de febrero el día mundial de la radio*