Nadie hizo nada por Shayla

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Foto: Archivo.

Nadie imaginó que 55 días después de cumplir 12 años, el pasado 18 de junio, el corazón de Shayla dejaría de latir. El diagnóstico lo brindó el equipo de funcionarios del Eje de Investigaciones de Homicidios Zulia: ella se quitó la vida. Pero, para algunos que la rodeaban, fue empujada a tomar esta decisión debido a los constantes maltratos.

Era una niña aplicada en sus estudios, a pesar de que a veces asistía a clases sin nada en el estómago. Había terminado de cursar sexto grado y debía alistarse para el bachillerato, mientras se dedicaba a cocinar, lavar, planchar y hasta vender plátanos, justo en la esquina de su casa, obligada por Giuseppe Luciano Herrera (52) y Henry de Jesús Herrera (61), su papá y tío.

Henry, además, abusaba sexualmente de ella con el conocimiento de su padre, según Douglas Rico, director del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas.

Suspiran por Shayla

Su mamá emigró a Colombia hace meses y nadie supo de ella hasta que apareció en el velorio, aunque fue de manera fugaz: al otro día ya estaba retornando hacia la frontera. Ella habría huido por maltratos del papá de Shayla, que la pequeña heredó, además de la explotación infantil que empezó a sufrir desde los 9 años.

Shayla asistió a los salones de clases en más de una ocasión con aruños, raspones y moretones, según las maestras del colegio donde estudió hasta quinto grado. Cuando se le preguntaba el motivo, se lo achacaba a juegos con sus amigos, aunque los trabajadores del colegio siempre sospecharon que podría ser violencia en el hogar porque en alguna oportunidad manifestó que su papá la trataba muy mal y que su mamá la había abandonado.

Hoy los docentes de la escuela suspiran, mientras piensan que pudieron hacer más por ella. En aquellos días la psicopedagoga se ausentaba muy seguido y no hubo quien atendiera a la pequeña en medio del infierno que vivía: según una de las vecinas, Shayla dijo que una vez el padre estaba borracho y el tío la empezó a tocar; en otra ocasión se quemó sus manos al retirar agua caliente de la cocina, mientras preparaba comida para ellos.

En el barrio Rafael Urdaneta, ubicado al oeste de Maracaibo, donde vivía, su muerte causó conmoción entre sus vecinos, quienes tenían conocimiento del maltrato que padecía aunque nadie hacía nada al respecto. La señora que vivía justo al lado se mudó tras su muerte pues su hijo quedó “traumado”.

“Los abusadores colocan a las víctimas en situación de subordinación para que tenga sentimientos de inferioridad”

Para Carmen Jordan, psicóloga de la ONG Aliadas en Cadenas, las niñas son quienes están más propensas a ser víctimas de maltrato o abuso sexual, pues desde “tiempos inmemorables se ha percibido al género femenino más vulnerable o un blanco fácil para los perpetradores, eso va más determinado por el ámbito cultural”.

Sobre el caso de Shayla, afirmó a Radio Fe y Alegría Noticias que “resulta extraño” que pareciera una niña alegre, según quienes la conocieron, “pero pudiera deberse a un juego psicológico y una manipulación muy bien realizada por parte del abusador”. Explicó que probablemente en esa niña haya ocurrido una normalización de la violencia, es decir: lo percibe como algo que forma parte de su rutina.

“Los abusadores suelen colocar a las víctimas en una situación de subordinación para que la víctima tenga sentimientos de inferioridad”, detalló.

Que no vuelvan los hermanos Herrera

El pasado día del niño Shayla estaba en una fiesta del barrio bailando con una sonrisa colgada en su rostro. Sus movimientos al ritmo de la música sorprendían a sus vecinos y conocidos, quienes no entendían cómo podía mantener esa actitud frente a los maltratos verbales y físicos de su padre y tío.

Sus amiguitas jugaban con ella en cualquier sitio menos en su casa: a los padres y madres de la comunidad no les gustaba que sus hijas se fueran a meter en esa casa, pues tanto el tío como el padre eran “alcohólicos de toda la vida”.

Ambos están detenidos desde la segunda semana de agosto y se encuentran a la orden de la Fiscalía Superior del Ministerio del estado Zulia: el padre acusado de inducción al suicidio y el tío también, además del delito de violación.

El Comisario Carlos García, Director de Cicpc en la región, dijo a Radio Fe y Alegría Noticias que la causa de la muerte según los estudios realizados “fue una asfixia mecánica por ahorcamiento, motivado por la situación que vivía la joven”.

Explicó que no hubo una correcta atención y protección de parte de sus representantes con respecto a su vida y entorno familiar.

Asimismo, el comisario García señaló que a través de las pesquisas determinaron que “el móvil del suicidio fue eventos previos que motivaron a la joven que ocurriera esa lamentable hecho”.

“Ya había un maltrato por parte del padre verbal y psicológico y el tío aprovecho esa circunstancia de protección y en vez de ejercer una función protectora por ser una niña, se valió de la niña y empezó a abusar sexualmente de la víctima”, detalló.

Una de sus hermanas recogía firmas en el barrio para liberarlos, lo que enardeció a la comunidad que no quiere que los hermanos Herrera vuelvan al barrio. Las madres tienen miedo de que les pueda pasar algo a sus hijas.

Tranquila como siempre

El último respiro de Shayla fue el 12 de agosto. Cerca del mediodía una de sus amiguitas la buscaba en su casa para jugar, pero se fue cuando su tío salió para decir que no estaba.

A las 3:00 de la tarde regresó y le repitieron lo mismo. Una hora después, vecinos vieron al tío de Shayla correr hasta una Peña Hípica, ubicada a cinco cuadras de la casa, para buscar a su hermano quien se encontraba haciendo apuestas. El apuro era para decirle que había encontrado a su sobrina muerta.

Dos días antes de morir, algunos vecinos la vieron en la calle. Su ropa estaba limpia. Nadie imaginaba que pasaba por su cabeza la idea de suicidarse, porque estaba “tranquila como siempre”.