“¡Agua!, ¡agua!… pide el pueblo guajiro. ¡Agua!, ¡agua! también es el grito del cují sombrío que está lejos del caudal del río. ¡Agua pide desde hace tiempo, el pueblo mío!, y su voz se la lleva el viento y se pierde en el vacío…”.
Este clamor poético refleja la grave situación que viven más de 60 comunidades wayuu en el municipio Guajira, del estado Zulia, que llevan dos meses sin suministro de agua potable por tubería en pleno siglo XXI.
La escasez afecta directamente a las familias desde el eje de Guana hasta Puerto Aleramo.
Larga caminata por el agua cruda
La falta del servicio obliga a los habitantes incluyendo jóvenes y niños a caminar cerca de diez kilómetros a los jagüeyes (reservorios de agua) y recoger algo de agua, principalmente para la limpieza y el aseo personal.
Esta situación conlleva graves riesgos sanitarios. Varios testimonios confirman que el consumo de agua no tratada ha provocado problemas de salud.
“Nuestros niños se enferman por tomar agua de los jagüeyes. Esta situación es insostenible. ¿Dónde están las autoridades de este municipio y el gobernador?”.
Las familias afectadas reportan casos de diarrea y vómito en los niños debido al consumo de agua no apta para el consumo humano.
Promesas incumplidas y costos elevados
El pasado 16 de octubre, la alcaldía del municipio Guajira informó, a través de una nota de prensa, sobre la reactivación de la Planta Potabilizadora de Agua El Brillante. Sin embargo, a 12 días de ese anuncio, el agua aún no ha llegado a las comunidades afectadas.
Ante la desesperación, quienes tienen la posibilidad optan por comprar agua salada en camiones cisternas. El costo de una pipa asciende a 6.000 pesos colombianos, una cifra que equivale aproximadamente a seis salarios mínimos en la región, un gasto insostenible para la mayoría de las familias.
Llamado a las autoridades
Las familias y líderes comunitarios del municipio Guajira hacen un llamado urgente al Gobernador del estado Zulia, Luis Caldera, para que ordene la inmediata solución del problema de la planta potabilizadora.
La comunidad reitera que la crisis de sed que están viviendo es crítica y pone en riesgo la vida de sus habitantes, especialmente de los niños.
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