La vida de la señora Del Valle Belisario se ha convertido en una batalla diaria.
Esta mujer valiente, diagnosticada con cáncer hace más de un año, no solo enfrenta el dolor físico, sino también el peso de costear sus tratamientos oncológicos en un país donde la salud pública apenas da abasto.
Sin seguro médico ni ayuda gubernamental, Del Valle ha tenido que echar mano de la creatividad y la solidaridad de su comunidad.
“Aquí no hay de otra, uno se las ingenia. Hicimos una rifa de un combo de limpieza, vendimos empanadas, vendiendo algunas cosas de la casa y hasta bingo en la casa. Todo sea por seguir luchando”, contó con una sonrisa.
Los vecinos se han volcado a ayudar. Cada número de rifa vendido, cada plato de comida compartido, es un paso más hacia su próxima quimioterapia.
“La gente se ha portado bien, gracias a Dios. Uno no tiene plata, pero sí tiene gente buena alrededor”, dijo Del Valle, mientras organiza con lágrimas en sus ojos y poniendo la fe en Dios los gastos de las medicinas con sus hijos.
Esta historia no es única. En toda Venezuela, cientos de familias hacen lo mismo: rifas, bingos, ventas de tortas, todo para poder pagar exámenes, medicinas y consultas.
Del Valle Belisario es ejemplo de coraje, de fe y de esa chispa venezolana que no se apaga ni en los momentos más duros. Es una muestra de cómo el pueblo se une cuando el servicio de salud es deficiente y las medicinas tienen un alto costo.
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