Los refuerzos pedagógicos son un lujo en Ciudad Guayana

En Ciudad Guayana se necesita, al menos, 6.5 salarios mínimos para poder costear un refuerzo pedagógico de un estudiante de educación inicial o primaria. 

Desde que inició la pandemia por la Covid-19 y se decretó cuarentena en Venezuela, en marzo del 2020, se han multiplicado los emprendimientos educativos que brindan un servicio de refuerzo pedagógico. Así lo afirman los docentes consultados, explican que en el círculo de colegas se comenta día a día que una maestra o maestro ha iniciado esta actividad. 

Algunos padres han retirado a sus hijos de los colegios privados y los han inscrito en instituciones públicas, para poder pagar la “escuelita”.

Es el caso de Simón y Luis González, estos hermanos tuvieron que migrar a una escuela de gobierno, ya que su madre afirma que es la única forma de costear las tareas dirigidas, a las que necesitó recurrir, viendo que sus hijos quedaron desasistidos en su anterior escuela. 

La maestra de educación inicial, Columba Morles, tiene 25 años enseñando en el Preescolar Centro Infantil C.V.G. Ella, junto a su hija, quien estudia educación integral, decidió brindar un servicio de refuerzo pedagógico, después de que inició la pandemia por Covid-19. 

Columba relata, que algunos vecinos y padres de sus alumnos del Centro Infantil le decían que necesitaban ayuda académica para sus hijos, ya que la mayoría de los niños se resisten a hacer las tareas en casa. Otros motivos por los que algunos padres llegan buscando la ayuda de Columba es porque dicen que no tienen el tiempo, tampoco la pedagogía, ni la paciencia para apoyar a sus hijos. 

¿Cuánto cuesta un refuerzo pedagógico?

En un sondeo realizado en la ciudad pudimos confirmar que un refuerzo pedagógico cuesta, en promedio, 20 dólares mensuales en Puerto Ordaz y entre 10 y 15 dólares en San Félix, cuando se trata de estudiantes de educación inicial y primaria. 

Con respecto a alumnos de bachillerato, se manejan las tutorías por materias. Una hora de tutoría, en asignaturas críticas, como física, química, matemáticas o inglés, puede costar entre 10 y 15 dólares la hora. 

Estos precios dejan a la gran mayoría de los estudiantes sin posibilidad de recibir apoyo académico, ya que el sueldo mínimo en Venezuela es de, poco más, de 3 dólares. Y el dinero que consigue mediante remesas o trabajos informales va directo a la compra de alimentos.

El Ministerio de Educación establece dentro de la labor de docentes y escuelas, atender pequeños grupos de alumnos bajo medidas de bioseguridad, durante las semanas flexibles y así brindarles un refuerzo pedagógico, pero esto no se cumple en todas las escuelas. 

El cumplimiento de los lineamientos dictados por el Ejecutivo Nacional, ha quedado a criterio de cada institución sea pública o privada. Por tal motivo, aquellos padres que tienen posibilidades económicas, han optado por pagar un reforzamiento académico. 

Una docente adscrita al Ministerio de Educación y además asesora de la Defensoría Educativa del Municipio Caroní, aseguró que no existe ninguna regulación que estipule la forma de trabajo, horarios ni costos de las tareas dirigidas. 

La docente, quien prefirió mantener su nombre en el anonimato, explicó que el Ministerio de Educación establece los mecanismos para el cumpliento de la planificación escolar, sin embargo, esto no asegura que los niños y jóvenes están aprendiendo. 

Ante la pregunta ¿Hubo año escolar?, los profesionales de la educación consultados por Radio Fe y Alegría respondieron que se cumplió la planificación del curso 2020-2021, pero que para iniciar el nuevo ciclo escolar será necesario reforzar, ampliamente, los contenidos del año que culmina.

¿Qué dicen los padres? 

Rossanny Matey es madre de dos niños, uno estudia segundo nivel de preescolar y la otra segundo grado de primaria. Ambos estudian en un colegio privado ubicado en el sector Los Alacranes de San Félix, su madre se queja, pues afirma que han estado totalmente desatendidos educativamente desde que inició la pandemia. 

Lo que Rossanny relata se repite en muchos hogares guayaneses. Su hija Samira está ascendiendo a tercer grado, pero ella siente que no ha aprendido lo suficiente pues su maestra los atiende, más o menos, dos semanas al mes. Asegura y que la niña se mantiene nivelada gracias a las actividades que le colocan en casa, aún así, acepta que eso no es suficiente, ya que ella no posee la pedagogía para enseñarle más y que además no tiene tiempo y debe trabajar y pagar el colegio. 

El caso de su hijo Samuel es más crítico todavía. La joven madre contó que desde que inició el periodo académico, el pequeño no ha recibido absolutamente ninguna atención de la maestra. Durante todo el ciclo escolar, la docente se ha declarado enferma y el colegio no ha asignado un reemplazo o una suplente. 

Foto: Alejandra Martínez | Cualquier mesa es buena para el que quiere estudiar estudiar.

Rossanny, se vio obligada a pagar un refuerzo pedagógico para el pequeño Samuel ya que además, el niño fue diagnosticado con crisis de ausencia, tiene problemas de atención y necesita un lugar adecuado para poder concentrarse y requiere atención de un profesional para cumplir con su proceso de aprendizaje. 

Samuel asiste a sus “tareas dirigidas” dos horas, tres días a la semana. Por este servicio sus padres, deben pagar 8 dólares mensuales, más 10 dólares que cuesta el colegio. Rossany asegura que le han regalado el dinero a la institución, porque en todo el año escolar su hijo no ha recibido clases, ni ningún tipo de atención. 

En total, son 28 dólares mensuales que deben pagar por la educación de sus dos hijos. El padre de los niños trabaja en C.V.G Venalum, la madre es Licenciada en Comunicación Social y aunque trabaja en un diario de la zona y realiza otras actividades con el fin de generar más ingresos, cada mes deben hacer malabares para cubrir los gastos. A pesar de los esfuerzos, Rosanny opina que son dos años escolares perdidos. 

En Ciudad Guayan estudia el puede no el que quiere

David Sarti, trabajador social de Ciudad Guayana, ha recorrido muchas de las comunidades populares de la zona, entre ellas, Cambalache. 

En conversación con Radio Fe y Alegría Noticias, Sarti narró que es prácticamente imposible que los estudiantes de estas comunidades tengan la capacidad económica para costear un refuerzo pedagógico, pues los pocos ingresos que hay en las familias son destinados, únicamente, a la alimentación.