La reciente reforma a la Ley de Hidrocarburos en Venezuela ha encendido un debate profundo sobre el futuro económico del país. Tras años de una crisis marcada por la inflación, la hiperinflación y una recesión sin precedentes, el gobierno y ciertos sectores proyectan una mejoría basada en la apertura petrolera.
Sin embargo, para expertos como el economista y profesor de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Carlos Mendoza Potellá, el panorama es mucho más complejo y menos optimista de lo que sugieren las cifras oficiales.
Potellá explicó en el programa De Primera Mano de Radio Fe y Alegría Noticias, que el estatus actual de la industria petrolera es catastrófico, debido a la falta de inversión, la corrupción y las políticas de la administración Trump. Asimismo, criticó la imposición de una nueva ley que, a su juicio, implica una renuncia a la soberanía nacional.
“Bueno, el estatus es aplastantemente catastrófico. No estamos en el suelo, estamos en el foso. Estamos en el foso por todo un conjunto de circunstancias de mala administración, de corrupción, de planes exagerados y, ahora, aplastados por la incursión de Trump y la imposición de una ley donde se renuncia a la soberanía, donde se renuncia a nuestra condición de nación, donde se anula a Pdvsa y donde los nuevos concesionarios, porque se trata ya de concesiones nuevas, van a venir, van a invertir, van a extraer, van a sacar, van a vender y van a decidir cuánto nos pagan”, aseveró Potellá.
17.000 campos cerrados y abandonados
El economista petrolero hizo énfasis en que, a pesar de que la nueva ley es más flexible y ofrece oportunidades de negocio a los empresarios del sector, la realidad es distinta: según su criterio, existen 17.000 pozos cerrados y abandonados.
“Nosotros tenemos 17.000 pozos cerrados, abandonados; pero son yacimientos que producen cantidades muy pequeñas”, recalcó el especialista.
A pesar de la expectativa entre los empresarios petroleros que ven en el nuevo marco legal una oportunidad de negocio prometedora, la realidad física de los activos es alarmante. Con más de 17.000 pozos inactivos, cuya producción individual es mínima, la idea de una bonanza inmediata a través de inversiones extranjeras choca frontalmente con el deterioro estructural de la infraestructura nacional, según el entrevistado.
El “sueño de Trump” y el peso de la geopolítica
La influencia de Estados Unidos es innegable. El profesor mencionó el “sueño de Trump”, quien en su momento reunió a las petroleras más importantes del mundo en la Casa Blanca para discutir el futuro del crudo venezolano. No obstante, la respuesta de gigantes como ExxonMobil ha sido cautelosa, calificando a Venezuela como un país “no invertible” en las condiciones actuales.
Hoy, figuras como Marco Rubio y las políticas de Washington parecen marcar el ritmo de quién puede o no comprar crudo venezolano, limitando la autonomía de Pdvsa para buscar mercados alternativos como China o la India de forma independiente.
Promesas vs. Realidad: ¿8 millones de barriles en 10 años?
La historia de las metas incumplidas en la industria petrolera venezolana no es un fenómeno reciente; según Potellá, esta tendencia de proyecciones desmesuradas se originó en 1983.
En la actualidad, circulan estimaciones que aseguran que el país alcanzará una producción de 8 millones de barriles diarios en una década, cifras que el experto califica como “sueños” desconectados de la realidad operativa.
Dentro de este panorama, Chevron surge como la única excepción viable a corto plazo, con una capacidad de incrementar su producción en unos 100 mil barriles adicionales gracias a su posición estratégica en el campo Boscán, un activo clave con reservas estimadas en 40 mil millones de barriles.
Por otro lado, el especialista desmitificó el potencial inmediato de la Faja Petrolífera del Orinoco. Aunque se promociona como una fuente de recursos para 300 años, Potellá aclaró que su explotación requiere una inversión técnica y financiera masiva que difícilmente garantiza rentabilidad.
En un mercado global que ya vislumbra un techo en el consumo de combustibles fósiles, la infraestructura nacional enfrenta el reto de competir por capitales en un entorno de transición energética, donde las reservas probadas no se traducen automáticamente en riqueza si los costos de extracción superan los beneficios del mercado.
La economía venezolana podría experimentar un rebote, pero el profesor advirtió que no vendrá de metas irreales de producción. El consenso técnico sugiere que, con inversiones de más de 200 mil millones de dólares, Venezuela apenas podría aspirar a 2.7 millones de barriles en 8 años, lejos de los 8 millones prometidos.
La clave, concluyó Potellá, no es solo extraer petróleo, sino garantizar que ese recurso sirva para industrializar el país y fortalecer la agricultura, permitiendo que Venezuela, finalmente, deje de depender exclusivamente de su subsuelo.
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