En el marco del duelo decretado por las autoridades nacionales tras el doble terremoto que sacudió a varias regiones de Venezuela, el movimiento educativo y comunicacional Fe y Alegría se encuentra desplegado en una labor de contingencia y acompañamiento integral en sus centros educativos.
En una entrevista concedida al programa De Primera Mano de Radio Fe y Alegría Noticias, el sacerdote jesuita José Gregorio Terán, director general de la institución, ofreció un balance preliminar sobre el impacto del evento en algunos centros educativos e informó las líneas de acción que guiarán a la organización en las próximas semanas.
“En general las afectaciones de infraestructura no son graves, gracias a Dios, pero sí ha habido afectación en las personas. Tenemos estudiantes que todavía no han aparecido, personal del que no sabemos nada y muchos familiares desaparecidos o que perdieron su vivienda. En este momento la prioridad es la persona, la persona, la persona”.
Terán explicó que las zonas con mayores afectaciones estructurales y comunitarias corresponden al eje Caracas-La Guaira, Miranda, Aragua y Carabobo. Si bien aclaró que de manera responsable aún no se pueden ofrecer datos definitivos debido a la naturaleza de la emergencia, las evaluaciones iniciales arrojan daños considerables en vigas y columnas en al menos ocho centros educativos del Distrito Capital y uno en Carabobo, además de fallas generalizadas en los servicios de agua y electricidad.
No obstante, el líder jesuita insistió de manera categórica que el foco de la institución no está en el cemento, sino en sus integrantes.
Organización y transparencia en medio de la zozobra
Para hacer frente a la crisis, Fe y Alegría ha estructurado comisiones especializadas en el terreno. Estas mesas de trabajo abarcan desde la atención a solicitudes de apoyo internacional y la formulación de proyectos, hasta un riguroso equipo administrativo encargado de velar por la transparencia de los recursos recibidos.
“Creemos que en este momento de zozobra es necesario mantener la transparencia en la rendición de cuentas”, afirmó el padre, señalando que la trazabilidad de los aportes es una prioridad ética para el movimiento.
Asimismo, destacó el despliegue de un equipo psicoemocional y espiritual para atender los niveles de angustia colectiva. “Estén o no tocados físicamente, sí estamos tocados emocionalmente. Hay miedo, hay temor, hay angustia”, diagnosticó el portavoz, indicando que se han establecido alianzas estratégicas con las obras de la Compañía de Jesús y el Centro Gumilla para robustecer este abordaje.
Cierre del año escolar sin estandarizaciones
Respecto al fin del ciclo escolar, suspendido temporalmente por las autoridades, el director general indicó que para la educación media técnica y general el ciclo se cerrará “de la mejor manera, sin celebraciones, pero sí con reflexiones, llamando al compromiso y a la calma”.
En el caso de primaria y preescolar, el movimiento centrará sus metodologías en lo psicoemocional, permitiendo que los niños procesen la crisis mediante la narración de sus historias en espacios seguros. Para las escuelas ubicadas en las zonas de mayor desastre, el padre descartó las soluciones globales y apostó por la contextualización.
“No pueden plantearse líneas estandarizadas. El país, aun cuando esté afectado psicológicamente todo, físicamente no es igual Barquisimeto al Junquito. Evaluamos las estrategias más adecuadas; si es virtual, qué bueno, y si es de ir a las casas a buscar a las familias, lo haremos”.
Un mensaje de esperanza: Dios acompaña desde los escombros
En sus palabras de cierre, el padre José Gregorio Terán dirigió un enérgico y emotivo mensaje a los docentes, colaboradores y a la sociedad civil venezolana, recordando que el propio personal de Fe y Alegría camina también “entre los golpeados”, al haber sido víctimas directas de la catástrofe.
Haciendo alusión al rescate de Fabiola, una niña cuyo rostro se ha convertido en el símbolo de la resiliencia tras el sismo, el sacerdote invitó a la ciudadanía a deponer el aislamiento y a reactivar el tejido social a través de la ayuda mutua.
“Desde nuestra fe decimos que Dios no manda terremotos; Dios acompaña desde los escombros a todos aquellos que están allí metiendo sus manos, buscando, trabajando. Es un momento donde el país tiene que volver a sentir que es un cuerpo humano, una sociedad unida. Aquí nos la jugamos”, concluyó.
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