El desafío de enseñar en cuarentena con salarios de hambre

Maestros que utilizan las paredes de sus casas como cartelera, que envían tareas por Facebook, WhatsApp, que llaman a los representantes por teléfono y coordinan estrategias pedagógicas para que sus hijos sigan aprendiendo. Maestras que gastan su saldo, su dinero, su tiempo. Docentes que no ganan ni para comprar un kilo de queso al mes.

El panorama sombrío de la pandemia por coronavirus también ataca a la educación de miles de niños, niñas y adolescentes en el país. Pero los profesores de Fe y Alegría están sacando su capa de superhéroes para aliviar la pena de los más vulnerables.

“En Oriente estamos atendiendo al 75% de la matrícula”, dice el director del programa Escuela en la región, Yolmer Meza.

“Al 34% le estamos llegando a través de la radio”, asegura.

Al inicio de este año escolar y hasta febrero de este 2020, 14 mil 344 estudiantes estaban inscritos en las escuelas de Fe y Alegría en los estados Sucre, Anzoátegui, Monagas y Nueva Esparta.

En medio de la cuarentena por la COVID-19, 9 mil 604 alumnos siguen su proceso de enseñanza.

“Ha sido un trabajo bastante duro”, dice el director Yolmer Meza. Los docentes trabajan en varias estrategias en simultáneo porque no todos los maestros y alumnos tienen Internet.

“A la hora de mandar las tareas se hacen varias clasificaciones; a algunos se les manda por correos, a otros por WhatsApp, o hay que redactarlas y pegarlas en las paredes de la escuela o de las casas para que los representantes las copien”, cuenta.

El director de esta región educativa habla rápido, su voz denota orgullo por el esfuerzo, pero también mucho pesar por las calamidades que viven los trabajadores que no reciben un salario digno.

Educación con hambre no dura

Un docente no gana más de 600 mil bolívares quincenales, una cifra que al día de hoy no supera los 3 dólares. Son dos centavos al día. ¿Quién puede vivir así?

Pese a ese escenario de miseria, los maestros lo están dando todo para garantizar el hecho educativo en medio de la pandemia.

“Los mismo docentes hacen las recargas (de celulares). Al mes pueden ser más de 200 mil bolívares”. La situación es insostenible, no pueden aguantar más ni ellos, ni sus hijos. Las familias de los maestros se apoyan en la solidaridad de los representantes.

“En esta pandemia se han valorado muchas cosas. Los representantes valoran más el esfuerzo de los docentes y los docentes valoran más el esfuerzo y el compromiso de los representantes. Eso creo que nos va generando una oportunidad para el próximo año escolar”, afirma el director Meza. Mirando el drama desde su cara más propositiva.

Pensar en el futuro parece cosa de locos, menos cuando ni los gobiernos saben cuándo acabará la tragedia de los contagios y los muertos por Coronavirus. Mucho menos si al terminar la jornada, abres la nevera y no hay casi nada para comer, como le ocurre a la mayoría de los trabajadores de la educación.

Pero así son en este movimiento de educación y comunicación popular. Nacieron del empeño de unos pocos, y 65 años después parecieran seguir con la misma determinación que sus fundadores. Porque “la educación de los pobres, no puede ser una pobre educación”, reza una de las frases célebres del padre José María Vélaz; uno de los Jesuitas que empeñó su esfuerzo para la creación de Fe y Alegría.

Educación con hambre no dura. Porque con el estómago vacío nadie aprende.

Salarios dignos, justos, según la ley, según lo pactado con el Estado

El profesor Yolmer Meza asegura que el reclamo por un salario digno es una necesidad. A pesar de todos los esfuerzos que se hacen diariamente, a pesar de la vocación de los maestros, es necesario que reciban una remuneración adecuada, tal y como se firmó en la contratación colectiva con el Ministerio de Educación en 2018. Acuerdos salariales que no se cumplen, de acuerdo a las demandas de los docentes.

Educación fortalecida para la vida

Aunque parezca una contradicción, Yolmer Meza insiste en que la pandemia es una oportunidad para estrechar la cooperación con los representantes y con organizaciones aliadas como la Red de Acción Social de la Iglesia, el Centro Gumilla, Huellas y las parroquias del oriente venezolano.

“La educación va a salir fortalecida”, asegura.

“Hoy más que nunca está vigente el compromiso de Fe y Alegría”, sentencia el director de las escuelas de los estados orientales. “La mejor manera de valorar el esfuerzo de los docentes, es recompensarlos con un salario justo que les permita mantener a sus familias”, insiste.

Las imágenes hablan más que mil palabras

En el estado Monagas hay cinco escuelas: siete en Anzoátegui, seis en Sucre y una en Nueva Esparta.

En total, son 19 centros educativos de Fe y Alegría en los que hoy sus maestros se multiplican para llevar las clases hasta el seno de cada familia. Trabajando con las uñas, con material de reciclaje, o con materiales provecho, como los llaman ahora. Son, sin duda, los héroes de un país que busca una luz de esperanza que les garantice futuro.

Estás fotografías, así lo revelan: