La vulnerabilidad de los niños y niñas se agudiza drásticamente durante las emergencias humanitarias y los desastres naturales. En una reciente entrevista para De Primera Mano, programa de Radio Fe y Alegria Noticias, el pediatra y exdirector del Hospital de Niños J.M. de los Ríos, el Dr. Huniades Urbina, ofreció un crudo diagnóstico de la infraestructura pediátrica del país y compartió una guía de supervivencia emocional y física para los menores que hoy se encuentran en refugios temporales.
A pesar de que la Organización Panamericana de la Salud (OPS) emitió una alerta sanitaria y solicitó 24 millones de dólares para atender la emergencia hasta diciembre, el especialista denunció una “opacidad total” en el manejo de los recursos y la ausencia de un plan estatal técnico estructurado.
Antes de que ocurriera el desastre natural, la capacidad de atención médica infantil en Caracas ya enfrentaba un colapso silencioso. Urbina ilustró esta realidad con cifras alarmantes sobre el Hospital J.M. de los Ríos, el principal centro pediátrico de Venezuela:
Año 1987: El hospital contaba con 420 camas operativas.
Año 2012: Bajo la dirección del Dr. Urbina, tras diversas remodelaciones, la capacidad se ubicaba en 370 camas.
Antes de la catástrofe reciente: El centro apenas lograba manejar 60 camas.
“Eso es una medicatura. Entonces, nos agarra este desastre, esta catástrofe natural, con unos hospitales literalmente colapsados antes del evento”, advirtió el especialista.
Las cuatro fases del desastre y la realidad venezolana
Urbina explicó que la gestión de catástrofes se compone de cuatro etapas fundamentales: mitigación, preparación, impacto y recuperación. Sin embargo, enfatizó que en el país no se cumplieron las fases previas.
“En países preparados como Chile o Brasil, la fase de recuperación se estima en seis meses. En Venezuela, al no estar preparados ni antes, ni durante, ni después, esto puede prolongarse por años, tal como ocurrió en el deslave de Vargas en 1999”, advirtió.
Refugios improvisados: foco de enfermedades
La OPS ha centrado sus alertas en las condiciones de los albergues transitorios, especialmente en La Guaira. Urbina calificó la situación de estos espacios como “deplorables”. Según él, la infraestructura es precaria: muchos refugios consisten en carpas expuestas al sol y la lluvia sin suficientes baños de calidad.
Además, hay riesgos epidemiológicos por el hacinamiento y la falta de agua potable que ya están generando brotes de diarreas e infecciones respiratorias.
Asimismo, existe la amenaza de virus endémicos: con el inicio de las lluvias, se teme un repunte severo de Dengue, Chikungunya y Zika.
También se refirió a la baja cobertura vacunal, recordando que Venezuela arrastra coberturas de vacunación inferiores al 50% (cuando lo ideal es más del 95%), lo que pone en riesgo la reaparición masiva de enfermedades como el sarampión y la difteria en contextos de hacinamiento.
La respuesta de la sociedad civil y la UCV
Ante lo que describió como “inacción y opacidad del ministerio de la Salud”, el gremio médico, las sociedades científicas y la academia se han organizado de forma independiente.
La UCV activó ocho grupos de trabajo en sesión permanente y estableció el centro de acopio más grande de Caracas en la Plaza del Rectorado. “Nosotros, la sociedad civil, surtimos los hospitales en 48 horas, cosa que no había hecho el gobierno en los últimos 27 años”, afirmó Urbina, destacando también el apoyo de brigadas internacionales solidarias, como el Hospital de Campaña de la República Dominicana.
Guía de protección para niños en campamentos y refugios temporales
Ante el traslado de miles de familias a los llamados “campamentos transitorios”, Urbina enfatizó que la niñez es el eslabón más débil de la cadena y propuso cinco medidas urgentes para protegerlos:
No separar a las familias (La lección de 1999)
El primer error que debe evitarse es la separación de los menores de sus padres bajo la promesa de “ayuda”. Basado en la experiencia de la tragedia de Vargas en 1999, el médico recordó que el niño siempre debe permanecer junto a su madre, padre o un adulto responsable cercano.
Alerta máxima contra los “depredadores”
En situaciones de caos, lamentablemente surgen redes de explotación. Para los niños que han quedado huérfanos o sin acompañantes, Urbina instó a activar de inmediato los sistemas de protección de niños, niñas y adolescentes para su registro formal.
- El llamado a los padres: Mantener vigilancia absoluta y constante sobre sus hijos dentro de los albergues para evitar el tráfico de personas o abusos.
Crear “Zonas Amigables” con maestros sobrevivientes
La salud mental infantil requiere recuperar la rutina lo antes posible. El especialista propone identificar a docentes y recreadores sobrevivientes dentro de los mismos refugios para organizar actividades lúdicas y clases improvisadas. “Al ver que hacen actividades con otros niños, sienten tranquilidad y ven que la cosa va mejorando”, explicó.
Control estricto de agua y prevención de brotes
El hacinamiento en los albergues es el caldo de cultivo perfecto para epidemias. El Dr. Urbina recomienda:
- Garantizar el consumo exclusivo de agua potable.
- Acudir inmediatamente a las consultas médicas de emergencia desplegadas en las zonas para prevenir y contener brotes de dengue, chikungunya, zika, diarrea y neumonía.
Primeros auxilios psicológicos desde la empatía
Los niños no asimilan la pérdida de su escuela o de sus seres queridos de la misma forma que un adulto. El pediatra aconseja:
- Escuchar activamente: Permitir que hablen de lo sucedido a su propio ritmo.
- Intervenir con cuidado: Responder con empatía solo sobre lo que ellos vayan exteriorizando de forma progresiva.
- Derivación: Si el trauma persiste, buscar apoyo psicológico especializado.
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