El padre Alfredo Infante, S.J., provincial de los Jesuitas en Venezuela, afirmó que el país necesita una política de Estado de largo plazo para descentralizar el desarrollo, fortalecer las capacidades institucionales y construir una cultura sísmica que permita reducir el impacto de futuros terremotos.
Durante una entrevista en el programa Háblame Bajito de Radio Fe y Alegría Noticias, sostuvo que la concentración de mejores oportunidades en la región capital limita las posibilidades de reubicar a las familias afectadas por los terremotos del 24 de junio.
«Es hora de tener un acuerdo y de generar una política de Estado de largo aliento que vaya en esa dirección de descentralizar el país, recuperar y resurgir todas las áreas», expresó.
El sacerdote explicó que, mientras no existan condiciones de empleo, vivienda y servicios de calidad en otras regiones, muchas personas volverán a asentarse en zonas de alta vulnerabilidad.
«Si no hay las condiciones en donde ubiquen a las familias, nuevamente la gente va a volver a estos lugares donde lamentablemente están en un estado de alta vulnerabilidad», advirtió.
Construir cultura sísmica
El jesuita señaló que Venezuela debe aprender a convivir con su condición de territorio sísmico mediante políticas públicas, planificación urbana y una nueva relación con la naturaleza.
Indicó que el país debe avanzar hacia una arquitectura y una ingeniería adaptadas a esa realidad para disminuir el riesgo de que los fenómenos naturales se conviertan en tragedias humanitarias.
«Nosotros estamos en un territorio sísmico de alta vulnerabilidad, nosotros tenemos que relacionarnos con esa realidad y aprender a convivir con ella», insistió.
Asimismo, consideró que la respuesta a la emergencia evidenció las limitaciones institucionales para atender una contingencia de esta magnitud.
«Aunque hubiese mucha buena voluntad, no teníamos las capacidades institucionales para responder y rescatar las vidas que tendríamos que responder», lamentó.
Acompañamiento en el dolor
Infante también planteó que el Estado impulse una política pública para atender las consecuencias psicoemocionales que dejó la tragedia.
A su juicio, el acompañamiento a las personas afectadas debe asumirse como un tema de salud pública, ya que «todos estamos heridos» por las pérdidas humanas y materiales.
Hizo énfasis en la importancia de recuperar la verdad como parte de los procesos de reparación y llamó a que cada persona aporte desde sus capacidades, en lugar de quedarse atrapada por la culpa.
«La mejor palabra es el silencio oportuno»
Desde la perspectiva de la fe, el provincial de los Jesuitas dijo que es legítimo manifestar a Dios las dudas, el dolor y los reclamos que surgen tras una tragedia de esta magnitud, pues forman parte del proceso de duelo y sanación.
“El sufrimiento del inocente, el mal inexplicable que ocurre en este mundo, en el que padece mucha gente inocente, es un misterio que nos lleva a todos a preguntarnos dónde está Dios”, expresó.
Recomendó evitar frases que minimicen el sufrimiento de quienes perdieron a sus seres queridos. «La mejor palabra es el silencio oportuno y el abrazo oportuno (…) La mayor receta es la presencia, el apretón de mano, el abrazo sincero, el silencio y las lágrimas compartidas», añadió.
Además, Infante confió en que el país podrá recuperar la fuerza ética, espiritual y moral para reconstruirse.
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