Radicalización y “outsiders” en Colombia y Perú: ¿cómo se ve afectada la calidad democrática en la región?

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El comportamiento político en América Latina atraviesa una profunda reconfiguración marcada por la radicalización de las tendencias y el descontento ciudadano. Para Gustavo Soto, investigador de sistemas electorales y docente universitario, fenómenos como la aparición de figuras ajenas a la política tradicional y la división demográfica del voto, no son hechos aislados sino respuestas directas a demandas estructurales que los partidos tradicionales no han sabido canalizar.

Soto afirmó, en el programa De Primera Mano de Radio Fe y Alegría Noticias, que en el caso de Colombia, el diseño institucional derivado de la Constitución de 1991 introduce reglas particulares que alteran las dinámicas de campaña. Una de ellas es el peso del voto en blanco, el cual, de resultar ganador, obliga a repetir las elecciones con candidatos completamente nuevos.

Asimismo, señaló el fenómeno más transformador en el escenario reciente ha sido la irrupción de Abelardo de la Espriella como un outsider que desplazó por completo las opciones tradicionales del uribismo, logrando capitalizar el voto de centro-derecha para derrotar en primera vuelta al candidato de gobierno, Iván Cepeda.

De cara a una segunda vuelta, Soto aclara un error recurrente en el análisis político: la falsa creencia de que los votos de los candidatos derrotados se transfieren de forma automática a través de las alianzas.

En la práctica, estas coaliciones logran movilizar efectivamente solo entre un 50% y un 60% del electorado, lo que explica movimientos desesperados como el respaldo inmediato del expresidente Álvaro Uribe a De la Espriella en Barranquilla para intentar frenar la pérdida de más de un millón de votos que arrastra el Centro Democrático.

En este contexto cerrado, el desenlace depende tanto de la Teoría Espacial del Voto, según la cual el ciudadano apoya a quien mejor sintonice con sus tres temas prioritarios: economía; seguridad frente a la violencia histórica; y construcción de paz como de la movilización de un importante sector de “electores observadores” que se abstienen en primera vuelta, pero deciden acudir a las urnas en la definición final.

Por su parte, el escenario de Perú reflejó, de acuerdo al experto, una profunda polarización que se manifiesta a través de la demografía electoral, evidenciando una fractura muy clara entre el voto rural y el urbano. Mientras el progresismo de izquierda mantiene un predominio histórico en las zonas de montaña y caseríos.

Precisamente, Soto destacó el peso determinante del voto migrante en los sistemas modernos. Las leyes peruanas, previendo la alta polarización, contemplan un lapso de hasta 30 días para la proclamación oficial, un tiempo en el que cada sufragio emitido desde el exterior cuenta y puede decidir la presidencia, tal como ocurre en los procesos electorales de México con sus ciudadanos residentes en Estados Unidos, y como previsiblemente ocurrirá en el futuro de Venezuela.

Calidad democrática

Esta facilidad para oscilar de un extremo ideológico a otro responde a lo que históricamente se conoce como el “péndulo ideológico latinoamericano”, aunque en la actualidad la radicalización hacia la extrema izquierda o la extrema derecha ha alcanzado niveles críticos desde Estados Unidos hasta Argentina.

El profesor advirtió que, si bien los discursos radicales funcionan para capitalizar votos, terminan desgastando la calidad democrática porque los actores políticos dejan de discutir lo esencial: el bien común y las políticas públicas eficientes.

Citando al teórico Giovanni Sartori, Soto defiende que la democracia es una sola y su objetivo es garantizar el bienestar de los ciudadanos. “El gran peligro de obviar este principio es la normalización de nuevas formas de autoritarismo, donde mandatarios elegidos legítimamente por el voto popular terminan ejerciendo prácticas autocráticas en su gestión, lo que hace urgente el establecimiento de controles institucionales sólidos sobre los gobernantes”, señaló.

El impacto geopolítico y la relación con Venezuela

Finalmente, este tablero geopolítico impacta directamente en la dinámica interna de Venezuela.

Las elecciones de Colombia, cuya economía muestra una destacada solidez macroeconómica y posee una de las monedas más valoradas del hemisferio, reconfigurarán las relaciones binacionales y comerciales en un entorno global donde Estados Unidos, tras la reconfiguración de fuerzas de la era Trump frente a potencias como China, mantendrá su influencia estratégica sobre la región.

Para Soto, el reto de los futuros gobiernos electos será asumir compromisos reales para transformar problemas estructurales que persisten en todo el continente, como las deficiencias en los servicios públicos, la salud y la educación, entendiendo que un proceso electoral es una vía para dirimir tensiones políticas, pero la estabilidad real solo se alcanza cuando se prioriza al ciudadano común.

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